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miércoles, 12 de enero de 2022

Banamex a la venta

Citigroup anunció ayer martes que abandona (vende) su negocio de banca de consumo y empresarial en México. Este incluye la marca Banamex, la Afore, casa de bolsa y su negocio minorista (la operación de sucursales, tarjetas, negocio de nómina, cartera inmobiliaria, aseguradora, créditos).

El director corporativo de Desarrollo Institucional, Estudios Económicos y Comunicación de Citibanamex, Alberto Gómez Alcalá asegura que no habrá afectaciones ni a los usuarios, ni a los colaboradores del banco en México y que la transacción obedece a una alineación global con una nueva estrategia que pretende simplificar las operaciones de Citigroup, no a un cambio en la perspectiva de crecimiento o de condiciones para operar en México. Esto puede llevar algo de razón. Junto con México, Citi anunció su salida de otros 13 mercados en Europa y Asia. Pero llama grandemente la atención que buscando “enfocarse en negocios más rentables”, Citigroup abandone su mercado de consumo internacional más grande y que le ha generado aproximadamente 3,500 millones de dólares en ingresos en los primeros nueve meses de 2021 (nos enteraremos del último trimestre el viernes).

Algo vio, o dejó de ver, Citigroup en México. Y aunque es altamente probable que ya tengan a un comprador alineado, o no se animarían a hacer un anuncio de este calado; la decisión pega en la confianza del país, y lo sumerge en incertidumbre sobre todo por los antecedentes que lleva.

  1. El cuatro de marzo pasado, la CEO de Citigroup, Jane Fraser advertía que México debía consolidar un ambiente de negocios que genere una mayor estabilidad, confianza y colaboración. ¿Será que, a juicio de la Sra. Fraser, no lo conseguimos?
  2. El diez de agosto la misma Sra. Fraser visitó nuestro país y se reunió con el presidente López Obrador. Quizá el panorama que le planteó el titular del ejecutivo en esa reunión terminaron de convencerla de que lo mejor era cortar por lo sano.
  3. Finalmente, la inversión fija bruta en México ha estado en franca caída desde julio de 2018 y la pandemia aceleró ese descalabro a niveles sin precedentes. Ahora se pone a la venta toda la operación de la tercera institución financiera más grande del país, con un total estimado de activos de un billón 433 mil 851 millones de pesos; de acuerdo con CONDUSEF. ¿Quién tiene la lana para invertirle a esos activos? De ese selectísimo grupo ¿Quién tiene el interés?

Aunque la venta de Banamex termine siendo realmente un ajuste estratégico de una empresa y nada que tenga que ver con nuestro país y sus condiciones; todo aquello que genere incertidumbre en nuestro sistema bancario y financiero es mala señal y ralentiza una recuperación que ha sido ya de por sí excesivamente lenta.

Súmele además que la comunicación de Citigroup ha sido en un lenguaje muy técnico, muy profesional, pero muy poco digerible para el grueso de la población y sin una clara línea hacia adelante y tenemos en nuestras manos una potencial hélice descendente nada halagüeña.

¿Qué sigue? La realidad es que, no lo sé. Hay interés de parte del banco brasileño Itau, o el banco canadiense Bank of Nova Scotia y como le comento, es casi seguro que ya tengan a alguno apalabrado. Santander y BBVA Bancomer podrían tener interés, pero necesitarían el visto bueno de la Comisión de Competencia Económica. Ayer en la noche Ricardo Salinas Pliego anunció que había pedido a su equipo analizar la posibilidad de comprar Banamex. Habrá que esperar y ver cómo continúa y se desenvuelve el drama, con todas sus implicaciones.



miércoles, 24 de enero de 2018

Tasa de Interés ¿de quién?

Me enteré por El Universal que diputados perredistas planeaban proponer una ley que limitara la máxima tasa de interés con la que pueden ofrecer cualquier tipo de crédito las diferentes instituciones financieras en México. Propondrían fijarla en 35%. La medida, alegan, es para proteger al cliente que termina pagando en comisiones hasta el doble de la deuda contratada.

Dejando de lado las intenciones de Arturo Santana, diputado a quien la nota periodística cita como autor intelectual (es un decir) de la propuesta, la solución presentada demuestra un entendimiento equivocado (casi nulo) del funcionamiento del mercado financiero, así como una debatible perspectiva de la economía y una nada saludable actitud de metomentodo.

Algunos conceptos básicos, en beneficio del diputado Santana y sus compañeros:
Una nación crece en la medida en la que puede generar riqueza. Su capacidad para generar riqueza está limitada por su capital, los medios que ésta nación ha acumulado y que puede invertir en producir (Puede tratarse de una patente de tecnología especializada, maquinaria, conocimientos, recursos naturales, etc.) La manera de acumular capital es a través del ahorro, que es abstenerse de consumir en el presente lo ganado por la venta de bienes o servicios.
Ahora, ojo, ahorrar no significa únicamente no gastar, o atesorar, o guardar para consumir más adelante, sino abstenerse de consumir para invertir; gastar para producir. Eso es ahorro, adquirir bienes de capital, poner un negocio, pagar salarios a trabajadores o prestar fondos para que otros compren.
El ahorro es esencial, porque naturalmente hay bienes que no pueden comprarse con el salario devengado en un día (una casa, un automóvil). Para adquirir ese bien uno puede usar sus propios ahorros, o adquirir los de otro mediante un préstamo.

Ahí es donde entra el sistema financiero.  Las instituciones financieras, en su mayor parte, funcionan como puente entre los ahorros de uno y las necesidades de otro. Y como cualquier otro mercado, está sujeto a leyes de oferta y demanda. ¡Y esto es positivo!
Si hay mucha incertidumbre sobre el futuro por una economía flaca, la gente privilegiará el ahorro. El banco, para poder mover ese dinero y obtener una utilidad, reducirá las tasas de interés, incentivando que la gente pida prestado para proyectos de inversión que a su vez reactiven la economía. Por otro lado, si en una economía boyante no hay ahorro, el banco podrá (buscando incrementar su ganancias) disparar la tasa y ofrecerla al mejor postor. Solo unos cuantos podrán acceder a los créditos, pero eso evitará que la economía quede desbocada y se produzca una falsa burbuja financiera (bancos prestando dinero que no tienen)

Ahora, lo que acabo de describir es un mercado libre, completamente desregularizado. Menos dinero, mayor tasa, más dinero menor tasa. Fijar arbitrariamente la tasa de interés por decreto como propone el diputado Santana es falsificar bonanza, crear auge consumiendo e invirtiendo con un dinero que no se tiene. No es novedad. Está basado en las ideas de John Maynard Keynes  que desprecian el ahorro bajo el argumento de que “Un dólar ahorrado es uno que no circula en la economía” (que es un sinsentido tremendo porque no toma en cuenta que los bancos toman el ahorro y lo reintroducen en la economía en proyectos de inversión.) O que, “Entre más ahorro de la gente repercutirá en menores ventas, y, en consecuencia, menos utilidades para los negocios” (sin considerar que es el crecimiento y no el consumo, el que genera capital y el que debería ser prioridad)

Manufacturar prosperidad y crecimiento sólo conduce a burbujas financieras, a ciclos de crecimiento acelerado que luego se vienen abajo en crisis económicas monumentales; en lugar de apelar al libre mercado y a su crecimiento más modesto, pero más constante, sustentable.

Ahora bien, aunque estoy en contra de la regulación de las tasas de interés, estoy de acuerdo con el diputado en que hay bancos abusivos. Si es el caso, regulemos la forma, no el fondo. Hagamos una legislación que obligue a estandarizar la forma en la que se venden los créditos para que la tasa, los montos a pagar y todas las condiciones sean absolutamente transparentes, sin limitar el producto que pueden ofrecer los bancos y confiemos en que el mexicano promedio sabrá reconocer, a través de la maravilla del libre mercado y su propio interés, a la institución financiera que mejor le convenga.