miércoles, 2 de diciembre de 2015

Con el apagón ¿Qué cosa sucede?

Una de las características más emblemáticas del capitalismo de compadrazgo, tan común en México y tan frecuentemente confundido con el capitalismo de libre mercado, o capitalismo libertario, es que permite e incentiva el cochupo entre el gobierno y el empresario.  La empresa usa al gobierno, y el gobierno se deja usar a cambio de módicas y nada legales contribuciones.
Por ejemplo, una empresa de alimentos puede impulsar una iniciativa que obligue a las empresas a pasar una costosa certificación sanitaria para vender alimentos. Puede pretender que busca la salud de la población general, pero en realidad la ley cumple otro propósito: evitar que pequeños productores puedan hacerle competencia en mercados locales, porque no pueden costearse la certificación. Un soborno por aquí, un soborno por allá, el discurso apropiado del político en turno y voila, habemus ley.

Cuando el sector es especialmente grande o poderoso, este tipo de compadrazgos se vuelven cosa común; indispensables incluso.

Para nadie es un secreto que el sector de las telecomunicaciones en México es jugoso, muy jugoso. Guerras, figurativas y no tanto, se han librado por el control de las bandas de frecuencia telefónica, televisiva y radial.
Para que tenga una idea, querido lector, el 95% de los hogares en México cuenta con una televisión (muy por encima del 45% del teléfono fijo). Según la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales (Conaculta, 2010) el 90% de los entrevistados ve televisión; el 40% lo hace por más de dos horas al día y "Ver televisión" es la respuesta más socorrida a la pregunta: En su tiempo libre ¿cuáles son las actividades que prefiere hacer?

Con esas condiciones la competencia por la audiencia es férrea y como es una prerrogativa gubernamental el definir sobre cómo se utilizan estas bandas, no sorprende en absoluto la existencia de las llamadas tele-bancadas;  legisladores acomodados estratégicamente en sus curules por las mismas empresas en competencia. No sorprende encontrar capitalismo de compadrazgo.

Por eso, siempre que anuncian legislación nueva o reformas a la Ley de Telecomunicaciones, hay que tomarlas con cuidado; sobre todo si el discurso para promoverlas es cómo va a beneficiar a la población. El ejemplo más reciente es el apagón analógico.

Nos quieren vender la idea de que tendremos más canales, con servicios interactivos (menús, opciones de audio y subtítulos) y mejor calidad de imagen y todo esto sin costo para el usuario; la llamada "televisión abierta"
Pero aunque la señal sea gratis, la mayoría de las familias tendrá que desembolsar para conseguir un televisor digital, o por lo menos un adaptador. El productor de dichos aparatos es uno de los grandes ganadores de esta "modernización"

El gobierno federal tampoco ha salido perdiendo. Cierto, ha tenido que desembolsar 27 mil millones de pesos del dinero del contribuyente; pero la publicidad de entregar más de 9.7 millones de televisores digitales con el lema del sexenio "Mover a México" ¿Quién la quita?

La llamada "modernización" no moderniza la calidad del contenido, pero sí encarece la infraestructura necesaria para producir y transmitir televisión en México, poniendo más barreras de entrada a un negocio ya dominado por Televisa y TV Azteca, limitando la creación de empleos, chupando recursos que no se están invirtiendo en nada productivo.


Cuando el gobierno y la empresa se ponen de acuerdo en beneficio del consumidor, tiemble, va usted a ser asaltado.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

La tragedia de Paris

Lo que sucedió el viernes en Paris es un tragedia. No hay otra manera de expresarlo con el peso que la triste ocasión requiere. 136 fallecidos, 415 heridos, toda una nación que en unas horas entró en pánico y todavía hoy se siente vulnerable: ese es el saldo de una jornada de terror.

Tengo mis ideas, pero desconozco demasiado de política internacional y de la situación en oriente medio como para atreverme a hacer conjeturas, señalar porqués o dar una opinión con significado alrededor de los atentados. Pero puedo opinar de las reacciones.

A quienes se molestan por la difusión e importancia que se le da a la noticia, en contraste con los pequeños espacios que reciben otras tragedias no menos graves como la guerra en Syria, las muertes en Nigeria o el drama de una bomba estallando durante un funeral en Bagdad: Bájense de su ladrillo moralista. Hasta la difusión de los atentados en Paris, no vi a ninguno de ustedes intentando hacer conciencia del resto de las tragedias que hoy tan hipócritamente enarbolan.
De estar tan convencidos de que una dolorosa realidad no es menos importante que otra, no estarían intentando minimizar lo ocurrido en Francia, ni reprochar a quienes muestran su apoyo a la nación gala. Al contrario, lo verían como una oportunidad de crear conciencia.

A quienes, en el otro lado del espectro, se suman a infinidad de cadenas, suben imágenes bellamente diseñadas en redes sociales y hacen estériles muestras de apoyo cambiando sus imágenes de perfil les pido: revisen a conciencia sus intenciones. Está bien sentirse conmovido, en shock o con ganas de tomar acción. Pero en esta época de redes sociales en dónde la imagen que proyectamos lo es todo, la tentación de sumarnos a la marea de comentarios, o de mostrar cuánto nos duele es muy real; aunque no lo sintamos realmente.
Puede parecer inocuo, pero por ejemplo: después de los atentados ciudadanos parisinos empezaron a usar Twitter para localizar familiares u ofrecer apoyo y resguardo a quienes aún estaban en las calles con el mensaje #PorteOuverte (Puerta abierta). Los medios de comunicación y gente fuera de zona de conflicto comenzaron a darle difusión a la etiqueta y finalmente su efectividad se vio sumamente reducida, por esa necesidad obsesa de formar parte de todo en redes sociales.
No digo que esté mal, pero revisemos nuestras intenciones al enviar un mensaje de apoyo.

Y finalmente un recordar un viejo adagio que reza: Nunca hagas nada cuando estés enojado.  Violencia genera violencia. La reacción de François Hollande al bombardear posiciones del estado islámico en Siria y solicitar poderes especiales de su parlamento es entendible, pero en absoluto recomendable.
No hay justificación alguna para matar a otros. Devolver el golpe que tanto dolor causó a los parisinos no va a traer de vuelta a la vida a los 136 fallecidos y va a enraizar y profundizar el odio. Una nueva oleada de muerte a la población musulmana de los países involucrados en tierra fértil para las semillas de los extremistas y radicales religiosos.

En definitiva, prefiero rescatar el discurso del Dalai Lama del lunes:
"No podemos solucionar este problema con oraciones. Soy budista y creo en el poder de la oración. Pero los humanos hemos creado este problema y ahora le pedimos a Dios que lo resuelva. Es ilógico. Trabajemos por la paz y no esperemos ayuda de Dios, Buda o los gobiernos."


"Necesitamos una estrategia sistemática para albergar valores humanitarios, de armonía y comunidad. Si empezamos hoy, hay esperanza de que este siglo sea diferente del anterior. Está en el interés de todos"

miércoles, 4 de noviembre de 2015

#LeyFayad #LeyFallida

Ayer Omar Fayad, Senador del Partido Revolucionario Institucional, retiró formalmente su iniciativa de ley que hubiera dado forma y vida a la Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos Informáticos.
Realmente no había otra salida sensata. Su propuesta fue una metida de pata colosal con propuestas absurdas que dejaban en evidencia (por el contenido y la forma de redactar la ley) que el H. Senador y la Secretaría de Seguridad no tiene mucha idea de cómo funciona o qué es el Internet, la libertad de expresión, o una computadora, para acabar pronto.

"A todo aquel que dolosamente destruya, inutilice, dañe o realice cualquier acto que altere el funcionamiento de un sistema informático o alguno de sus componentes, se le impondrá una sanción de cinco a quince años de prisión y multa de hasta mil días de salario mínimo vigente."

Yo pregunto, desinstalar un programa ¿No altera el funcionamiento de un sistema informático? ¿Van a sancionarme con quince años de cárcel si se me pasa por la cabeza instalar una actualización que mejore el rendimiento de mi equipo?

El artículo 3, fracción V de la propuesta, define “código malicioso” como cualquier “programa o código de sistema informático creado específicamente para dañar, interrumpir o afectar un sistema informático, así como obtener información o realizar ciberespionaje”.
Es oficial, Windows ya no puede pedirme mi contraseña, pues su código está obteniendo información. Google debe ser el mayor criminal del planeta.
¿Y quienes se dedican a la seguridad informática? Como parte de su trabajo deben detectar vulnerabilidades y ciertamente usan herramientas que afectan a los sistemas con los que trabajan y recopilan su información para posterior análisis. ¿Acabamos de destruir toda una industria?

Luego la propuesta recorre caminos más tortuosos. Aparentemente, la “difusión de información con el objetivo de causar pánico y desestabilización de la paz pública” te convierte en un "terrorista informático". Ser calificado como tal te puede costar 28 años de prisión.
Obliga la pregunta ¿quién va a decidir qué información entra en la categoría? Mejor aún ¿quién puede decir cuál era mi intención u objetivo al compartir cierta información? ¿Es usar las redes sociales para invitar a una manifestación difundir información para desestabilizar la paz pública?

Para cuando llegamos a los artículos 22, 23 y 24, la propuesta ya ha establecido los "Delitos contra la Divulgación Indebida de Información de Carácter Personal". En corto, la ley exige obtener la autorización o consentimiento de los dueños de la información antes de publicarla o compartirla.
¿Será un delito para un periodista publicar un documento, fotografía o audio de cualquier persona sin su expreso consentimiento, aunque desempeñe un cargo público? ¿Y los que le dan "retweet"?

¿Y qué hay de plataformas como Mexicoleaks o Wikileaks? Ante semejantes restricciones se volverían bastiones de libertad ¿No es así? No se preocupe, la Ley ya pensó en eso. El artículo 25 impone hasta diez años de cárcel a “quien ofrezca o preste servicios destinados” a obtener o divulgar información privada a la que se refieren los artículos mencionados anteriormente, aún cuando sea de interés público. La tecnología que usan esos dos sitios sería catalogada de "Arma Informática"

Finalmente la ley da atribuciones a la Policía Federal para suspender sitios, páginas electrónicas y cualquier contenido que atenten contra la seguridad pública (y una vez más, es sorprendentemente vaga con respecto a qué significa eso)


¿Qué es la Ley Fayad, entonces? En su más sencilla expresión, es un atentado contra la libertad. Un intento por regular algo que, se ha demostrado una y otra vez, funciona bastante bien sin regulación. Es también evidencia de que nuestros legisladores no han entendido lo que es un delito o como combatirlo. Es un botón de muestra.

miércoles, 21 de octubre de 2015

¿De cuál fumaste?

Arturo Zaldívar, ministro de la Suprema Corte de Justicia, propuso legalizar el cultivo, transporte y consumo (ojo, no la comercialización) de mariguana con fines lúdicos o recreativos. En su próxima sesión del 28 de octubre, los ministros deberán empezar a discutir la propuesta; que tiene, como cualquier otro tema de importancia, tanto detractores como defensores.

Yo me considero uno de estos últimos.

La realidad, en términos económicos, es que existe una demanda del producto.  La prohibición hace que la producción y transporte del bien sea riesgoso y por lo tanto el productor necesita que cada intercambio exitoso justifique o cubra las pérdidas de los que no lo fueron. El riesgo, en otras palabras, se traduce en encarecimiento del producto final.
Ahora, una persona de estrato socieconómico alto puede permitirse las dosis y permanecer perfectamente funcional, laborando sin problemas. Pero una persona con menos suerte puede verse atrapado entre su adicción y el exagerado costo que debe de pagar por sostenerla y recurrir al asalto a mano armada, al raterismo o a otros medios (también ilegales, pero mucho más violentos) para conseguir esos recursos. ¿Lo peor? La calidad del producto final siempre está en entredicho y como la competencia es difícil, también lo es encontrar proveedores consistentes.
La prohibición enraíza el problema de la pobreza, engendra violencia y hace absurdamente rico a quien se vuelve eficiente en burlar la ley. ¡Lejos de reducirla, incentiva la criminalidad!

Por otro lado, sustancias igualmente adictivas y peligrosas no tienen las mismas restricciones. El tabaco y el alcohol han estado presentes legalmente en nuestras vidas con consecuencias igual o más funestas que las que tendría la mariguana. El número de accidentados en estado de ebriedad es inmenso y no quiero imaginar lo que se gasta en los hospitales del seguro en atender a personas con enfisemas pulmonares.
La Ley Seca de los años veintes en nuestro vecino del norte vio nacer a capos y mafias tristemente célebres y nunca consiguió erradicar el consumo. Si acaso, la producción e importación clandestina del etílico líquido se incrementó. Si ya aprendimos la lección con una sustancia nociva ¿Por qué insistir y cometer los mismos errores con otra?

Y finalmente, y este es quizá el argumento más importante, la mariguana no es más que haces con ella, un recurso. El cianuro es un veneno letal, pero al mismo tiempo se usa para procesar metales, endurecer acero y producir goma sintética. Es usado comercialmente por la industria farmacéutica para producir vendas quirúrgicas que promueven la cicatrización y reducen las cicatrices. Se producen alrededor del mundo 3.1 millones de toneladas perfectamente legales de cianuro de hidrógeno al año, 42% de la producción se usa para producir un intermediario del nylon.
La mariguana podría ayudar a contrarestar los efectos de las quimioterapias en los enfermos del cáncer, disminuye la presión ocular en pacientes con glaucoma y reduce el daño que la esclerosis múltiple inflige en el sistema nervioso central. Puede aliviar y ayudar a controlar espasmos musculares y es un buen remedio para las personas que sufren de insomnio.

Consumir o no mariguana debería ser una decisión personal no criminalizada. La legalización podría ayudar a desmitificarla como algo prohibido y ¿quién sabe?, quizá hasta favorecer una disminución en el consumo, luego de que deje de ser tabú. Además, ahorraría un montón de dinero al estado, tanto en policías, militares y operativos contra la droga que serán siempre insuficientes, como en el mantenimiento de una población carcelaria creciente por culpa de las absurdas normas que no prohíben su consumo, pero sí su comercialización. En ese respecto, me parece que la propuesta del juez Zaldívar se queda hasta corta.

¡Sí a la legalización de la mariguana!

miércoles, 7 de octubre de 2015

El problema de género, hacer igual lo que es distinto.

Estoy muy orgulloso y feliz de ser un hombre adulto, blanco (mestizo, pero dejémoslo en blanco en beneficio del argumento) y heterosexual. Eso, aparentemente, me pone en contra de un montón de gente con la que no he tenido desavenencia alguna; es más, con gente que ni siquiera tengo el gusto de conocer.

Pongamos el botón de muestra:
El fin de semana me tocó ver estallar una discusión en redes sociales. El origen: una serie de desplegados para la campaña #Don'tMancriminate (¿#NoMascudiscrimines?) en la que señalaban, con intención de levantar ámpula, algunas de las "injusticias" que el género masculino tiene que soportar. En su mayoría eran cuestiones bastante tontas: "¿Por qué tengo yo que preguntar para salir?" "¿Por qué tengo yo que pagar las cuentas?" "Yo no recibo tragos gratis" "Yo tengo que pagar por mi entrada" etc.

La reacción de grupos feministas y de algunos de sus miembros más radicales, fue notable por virulenta y veloz. Los calificativos "maricones" o "chillones" y sus derivados se mencionaron repetidas veces, acusando al género masculino (porque, recuerden, todos los hombres somos iguales) de victimizarse. Para estas chicas, la ironía es un concepto alienígena.

Los problemas que presentó el movimiento Don'tMancriminate en sus desplegados son pequeñeces. Yo no tengo problema en invitar un trago una chica que me interesa, tampoco tengo reparos en ser yo quien la invite a salir. Creo que, cuando me corresponda, me sentiré orgulloso y realizado trabajando por y para ella y para la familia que, en los términos que acordemos juntos, construiremos. Tampoco me parece injusto que un negocio tenga ofertas especiales para mujeres. (Me llama la atención, sin embargo, que las feministas no peleen este último punto. La intención de esos programas es atraer mujeres al local y hacer de ese el atractivo para los varones. Es una relación de uso como ninguna otra, y sin embargo nadie se queja del Miércoles de Damas)

Pero es cierto que el hombre también enfrenta desafíos de género. ¿Por qué las feministas no abordan la cuestión, por ejemplo, de que sólo los hombres están obligados a enlistarse en el Servicio Militar Nacional? ¿Por qué no hablar de que el 92% de los fallecidos por accidente de trabajo son varones? ¿De que seis de cada diez personas sin hogar son hombres? ¿De que el hombre no tiene ni voz ni voto en la decisión de conservar o abortar al hijo que él también trajo al mundo, o de que la custodia, en el 80% de los casos favorece a la mujer? ¿Por qué no discutir que el hombre tiene más posibilidades de recibir sentencias más largas por exactamente el mismo crimen? ¿que el 75% de las víctimas de homicidio son hombres? ¿De que un hombre jamás será escuchado seriamente si acusa que ha sido violado y no tiene la infraestructura de apoyo que tienen las mujeres si sufre violencia de parte de su pareja, o si son padres solteros?

Si no se abordan estos temas también, decir que el feminismo pugna por la igualdad y el bienestar de ambos sexos es como decir que el nazismo promueve la igualdad y el bienestar de todas las razas.  


Creo que, como en casi todos los grandes problemas del mundo, la igualdad de género se resuelve no desde los grandes movimientos sociales, sino desde los actos individuales de particulares valientes. Hombre y mujer son criaturas muy distintas y si a veces es difícil que dos personas, una pareja, se entiendan y se traten con el mismo respeto uno al otro, mientras más personas agreguemos a la ecuación mayor será la dificultad. Más aún si en lugar de dialogar nos dedicamos a gritarnos desde una plaza pública, aferrados a un megáfono en medio de una marcha. Celebremos nuestras diferencias. Hablemos nuestras diferencias. Disfrutemos nuestras diferencias.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

e-Activismo

Fue necesaria una fotografía (durísima, por cierto) para que el mundo se percatara de que existe un país llamado Siria y que está bañado en sangre. Tardamos más de cuatro años; el conflicto comenzó en marzo de 2011 y le ha costado la vida a más de doscientas mil personas.
Pero ya, finalmente estamos enterados. Podemos empezar, juntos, a plantear soluciones ¿No? Pues no.

Sucede un fenómeno curioso con este tipo de tragedias: todo mundo lo siente en el alma, pero nadie hace por encontrar remedios. Las muestras de apoyo abundan, el apoyo significativo es inexistente. El e-Activismo tranquiliza nuestro sentido de culpa. Compartimos la historia en redes sociales, firmamos una petición para que alguien más se encargue del tema y luego volvemos a nuestra rutina sintiendo que hemos hecho suficiente.

No recuerdo en dónde leí a una doctora de la Cruz Roja que relataba su experiencia con una voluntaria norteamericana en África. La chica pasaba el noventa por ciento del tiempo pegada al teléfono, comía apenas lo indispensable de la cocina local y sólo una o dos veces se animó a acercarse a los naturales del lugar (sólo los niños) para tomarse algunas fotos. Imágenes que seguramente, decía la doctora, terminaron en sus redes sociales para resaltar lo "buena" o "caritativa" que era la muchacha.

El trabajo asistencial es una tarea ardua que requiere preparación y vocación.
En el libro "Repensar la pobreza: Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global", Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo se dedican a destrozar diversos mitos sobre el asistencialismo. Pero para ello, han pasado mucho tiempo estudiando con detenimiento cada problema desde una perspectiva económica. Hablan de cómo el hambre y la desnutrición podría combatirse sólo con comer mejor, no necesariamente más; de cómo las colectas de alimentos son un caos logístico en el que se pierde más de la mitad de lo recolectado; de cómo se combatiría el paludismo con más efectividad (y menos costo) repartiendo mosquiteros, en lugar de medicamentos.
Pero nada de esto llega a una sociedad que se desentiende luego de dar el clic.

Volvamos a Siria. Volvamos a las trescientas cincuenta mil personas desplazadas de su país natal y con todo lo visto hasta ahora, reconsideremos nuestra respuesta ante la tragedia: pedir a los gobiernos del mundo que acepten a los refugiados.
En primera instancia no estamos ayudando nosotros, estamos pidiendo que otro, el gobierno, ayude (con dinero ajeno, además). El gobierno se vuelve, otra vez, el ente paternalista que carga nuestras responsabilidades (porque sentimos la obligación moral de ayudar ¿verdad?)
Por otro lado, tratamos al refugiado como mascota. Les arrancamos su dignidad mientras los vemos desde arriba, porque nos llena el corazón sentirnos sus salvadores. Pero estas personas, aunque desplazadas por la guerra, siguen siendo seres humanos capaces, con talentos y dignidad.
Y en tercer lugar, preguntémonos ¿Por qué una persona tiene que pedir permiso para correr por su vida? ¿Con qué derecho cualquier gobierno tiene que autorizar a nadie a tratar de reconstruir su vida en otro lado?

Le hemos dado demasiada importancia a los "líderes", al estado. Les hemos dado demasiado poder. Y el poder es precisamente el origen del conflicto en Siria. Bashar al-Asad, presidente del país árabe, comenzó el derramamiento de sangre por mantenerse en él, los diferentes grupos rebeldes luchan entre sí por saber quién lo obtendrá y el Estado Islámico entró al conflicto sólo por expandir el suyo.

Ahí sí, más que en cualquier otra ocasión, podemos decir #FueElEstado

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El día del presidente.

Si a mí me pidieran un argumento sólido contra el Estado como institución, irónicamente lo más probable es que señalara el Informe de Gobierno como ritual. "El día del presidente" se le llamaba.

Hoy Peña se dirigió a la nación en un evento fastuoso. Aunque ya no se paró en el senado a hablar durante horas, ni se transmitió su discurso en cadena nacional, como sucedía hace algunos años en un ejemplo claro de autoritarismo; todo el evento sigue siendo ejemplo del culto al gobernante en turno, tan clásico del estatismo.
Después de abrir reconociendo que Iguala, la fuga del Chapo o los señalamientos por conflicto de interés de la casa de su esposa "molestan" a los mexicanos (en lo que debe ser el eufemismo más grande jamás utilizado) procedió a pasar de página y encabezar el desfile de cifras alegres.

En esencia y como siempre, fue copia y calca de una fórmula que se utiliza para fabricar todos los discursos de todos los gobiernos: minimiza los problemas, esconde los errores, presenta las cifras de un modo que nos favorezcan, cuélgate de lo que puedas presentar como logro (aunque no hayamos tenido nada que ver en ello), haz promesas de un futuro promisorio para esperanzarlos y anuncia algo para que parezca que trabajamos. Aderézalo todo con algún tipo de sentimentalismo barato, para que crean que nos importa.

Ese tipo de eventos se cuidan mucho, sobre todo para las cámaras de televisión. Entre los invitados seguramente habrá mucho simplón, mucho palero. Acarreados, aunque vayan de traje y corbata. Su función es aplaudir. Aplaudir sin preguntar. Transmitir la idea de que cada palabra que sale de la boca del orador es oro puro. Debe serlo, toda esa gente trajeada está aplaudiendo. Ellos deben saber lo que está pasando.

Pero, si miramos más allá de la fanfarria y el aplauso, a mi el discurso del presidente me llena de dudas. Promete un Programa de Apoyo a Pequeños Productores "para democratizar y elevar la productividad de las pequeñas unidades de producción" La pregunta obliga ¿cómo se democratiza un medio de producción? ¿No es propiedad absoluta de su dueño? ¿No es él libre para hacer con su empresa / taller / negocio lo que le plazca?

Promete Bonos Bursátiles para Infraestructura Educativa, pero nos hace olvidarnos que a fin de cuentas, ofrecer Bonos es acrecentar deuda. Deuda por cincuenta mil millones de pesos que espera recaudar con la medida. Por supuesto tampoco menciona que la deuda pública de México es de 50.1% del PIB, cifra que según los expertos ya debe considerarse de riesgo.

Promete un Programa Nacional de Inglés para educación básica, pero no ha conseguido que su Reforma Educativa original se aplique en todo el país y ha quedado claro con Oaxaca y Guerrero que los maestros (aunque no todos) están lejos de ser el ejemplo que queremos para las nuevas generaciones y con trabajos dominan el español.

Propone la creación de la Secretaría de Cultura, pero durante estos últimos tres años el presupuesto para la Conaculta se ha ido reduciendo sistemáticamente y su rendición de cuentas se limita a decir que, hasta ahora, han aplicado el 71% del presupuesto pero no se sabe en qué.

Y lo que me parece más increíble: que el auditorio entero se vuelque en vítores y aplausos por el anuncio de que, el año que viene, no incrementarán los impuestos, después de que la reforma fiscal pasó por la trasquiladora a miles de pequeños contribuyentes y empresarios. Con qué poco nos contentamos. Parecemos animales asustados, temerosos de que el amo nos vuelva a castigar y al mismo tiempo esperanzados porque es quien pone la comida en el plato.


No me quejo de la ambición, no estoy en desacuerdo con tener altas miras. Pero me opongo a la incongruencia, a no tener los pies bien puestos sobre la tierra para caminar con firmeza y a evadir realidades. Y me quejo por supuesto, del Estado y los rituales que lo perpetúan. El próximo, por cierto, este 16 de septiembre que cae en miércoles, miércoles de blog.