miércoles, 29 de enero de 2020

Un mínimo de empatía

Después de tres días de caminata desde Cuernavaca, Morelos, la Marcha por la Paz, la Verdad y la Justicia tuvo el domingo su última etapa. Encabezada por Javier Sicilia y Adrián Le Barón, la comitiva avanzó sobre Paseo de la Reforma desde la Estela de Luz y la entrada del Bosque de Chapultepec hasta desembocar en la plancha del Zócalo en donde, sin embargo, ya había gente esperándolos.

De alguna forma, el dolor por el fallecimiento de un hijo (Sicilia), o por perder a cuatro nietos calcinados (LeBarón), o el dolor de los cientos de mexicanos que los acompañaban y que de algún han modo sido tocados por la violencia y la inseguridad imperantes en el país, se volvieron blanco de ataques verbales. “Que se vayan a Estados Unidos”, “Fuera LeBarón”, e incluso “Es un honor, estar con Obrador”, eran las consignas. 

Al parecer en México la política nos ha robado esa capacidad tan nuestra de hermanarnos en las desgracias. Atrás quedaron las escenas conmovedoras luego de los terremotos de 2017, en donde cerrábamos filas y hombro con hombro nos poníamos a trabajar para rescatar gente o, cuando se confirmaba lo peor, ofrecíamos un hombro, un abrazo y toda nuestra empatía.
No, a pesar de que el monstruo del narcotráfico es un enemigo mucho más mortífero que cualquier sismo (500 vs 34,000 muertos); un adversario mucho más grande, generalizado y que nos ha afectado por mucho más tiempo, no podemos conjurar ese mismo espíritu de compasión, porque en esta desgracia va de por medio la tajada política. Porque esta tragedia tiene culpables claros y nos resulta más importante proteger a nuestro político favorito de salir embarrado que ponernos en los zapatos de una víctima; a pesar de que existan cientos.

Y no. Mi crítica y mi reclamo no van únicamente hacia los defensores de López que ayer se apersonaron en el zócalo. Son sólo el ejemplo más reciente (y más crudo) del desinterés por el otro y sus circunstancias. Del otro lado del espectro político también hay ejemplos en donde se sacrifican principios tan elementales como la empatía y la civilidad, no necesariamente en temas de seguridad. ¿Qué hay del justo reclamo por condiciones laborales dignas y equitativas? ¿Por el reconocimiento a otras expresiones de cariño y personalidad?

Si no podemos partir de una base de ver al otro como persona, entender sus tragedias y sus circunstancias y ver cómo nos ayudamos entre todos, estamos fregados, mexicanos. Si pretendemos resolver los problemas de los de abajo preocupándonos únicamente de quién queda arriba, mal vamos. Y si no podemos ponernos de acuerdo para exigir que se resuelva un mal tan extendido y que deja a tantos tan profundamente heridos como la violencia, abandonemos toda esperanza.

Oye, pero es que Sicilia y LeBarón también son políticos; me dirán algunos ¡No, caramba! No. A Sicilia se le podrán criticar muchas cosas, pero la motivación de su lucha ha sido siempre transparente y lleva en ella desde 2011: Le mataron a un hijo. Y desde el principio pidió la renuncia de García Luna (Secretario de Seguridad). El hoy presidente López en su momento incluso “se sumó a su exigencia”.
Pero antier lunes, ya desde el poder, AMLO sentencia que la marcha que Sicilia encabezó era de “conservadores hipócritas que no cuestionaron a García Luna”. ¿Quién es el político? Pregunto

¡Tantita coherencia! ¡Un mínimo de empatía, en aras de un México mejor! No es tan difícil ¿O sí?


miércoles, 22 de enero de 2020

Seguridad vs. Libertad

Según un informe de México Evalúa presentado en la segunda mitad de 2019, el 94% de los delitos denunciados en México quedan impunes y se denuncian apenas siete de cada cien. El dato no es nuevo, es una estadística terrorífica que venimos arrastrando de sexenios anteriores. 

Eso significa, sin embargo, que la administración entrante tenía dos ventajas: 1) En materia de impartición de justicia, era difícil hacerlo peor que como se había venido haciendo y 2) Habiendo tanta área de oportunidad probablemente podrían presumir una mejora haciendo más bien poco. Son ventajas importantes e incluso de alcances electoreros. La seguridad pasó a ocupar el primer sitio en la mente de los mexicanos como el principal problema del país (38% de los encuestados así lo señalaron, 23% cree que es la corrupción y un tímido 14% que es la economía. La encuesta es de julio de 2019, y la realizó México Elige)

Y sin embargo, la presente administración dilapida esas oportunidades, e insiste en hacerlo incluso peor que sus antecesores.

Un informe realizado por especialistas de cinco organizaciones civiles y del instituto de investigaciones Jurídicas de la UNAM titulado “¿1 año de justicia y autonomía de la Fiscalía General de la República (FGR)?” advierte una serie de fallas en el primer año de la gestión del fiscal Gertz Manero. Desde omisiones y falta de transparencia, hasta acciones contrarias a las disposiciones incluidas en la Ley Orgánica de la FGR.

Podría asumirse que se trata de un cañón suelto en medio del barco de la 4T, yéndose por su lado y desestabilizando el barco. Pero no, aparentemente forma parte de la estrategia. Gertz Manero contó con el apoyo del equipo jurídico del presidente para ir al Senado a presentar nueve iniciativas de ley en materia de seguridad y justicia que, francamente, deberían dejarnos a todos tiesos.

Entre los cambios que plantean está dotar al Ministerio Público de la capacidad de ordenar detenciones en casos urgentes (ya no tendrían que presentar el caso a un juez y esperar la orden de aprehensión), ampliar la posibilidad de arraigo (detener sin pruebas) a todos los delitos por un periodo máximo de 40 días, e incluso presumir la responsabilidad de una persona en un delito si no se somete a peritajes (una “revisión” sin la orden correspondiente) de la autoridad. (¿Se acuerdan de aquel documental títulado “Presunto Culpable”? Pues va pa’trás todo lo conseguido por los activistas en materia de presunción de inocencia).
Por último, las reformas pretenden que las violaciones graves a derechos humanos no invaliden las pruebas obtenidas. Es decir: evidencia obtenida mediante tortura o intimidación, testimonios falsos, fabricación de evidencia; todo será válido. Todo será legal

Bajita la mano, como se dice en la calle, se trata de las bases de un estado policiaco. Un estado con la capacidad legal de detener bajo cualquier pretexto a una persona, asumir que es culpable de “algo” y retenerlo durante cuarenta días en lo que “prepara el expediente” (que ahora puede incluir evidencia fabricada o una confesión extraída mediante tortura). Todo esto sin que un juez haya siquiera visto el caso.

Después del año más violento en México desde el fin de la Revolución, pudiera parecer razonable ofrecerle más poderes a la Fiscalía para ponerle un alto al crímen organizado. Pero esa es una falsa disyuntiva. Una que ha demostrado ser catastrófica en muchos otros países: Sacrificar libertad buscando seguridad es el camino a un estado totalitario. Mucho ojo.

"Quien sacrifica libertad por seguridad no merecen tener ninguna de las dos"
- Benjamin Franklin.


miércoles, 15 de enero de 2020

Deuda y Pactos Fáusticos

El lunes, de boca del embajador de China en México, Zhu Qingqiao, nos enteramos que la potencia asiática, a través del Banco de China y del Banco Industrial y Comercial de China (ICBC por sus siglas en inglés), había otorgado al país crédito por el equivalente a 600 millones de dólares para la construcción de la refinería en Dos Bocas, Tabasco. El mero anuncio debería estar provocando cierta incomodidad y cejas enarcadas, dado que el presidente juró y perjuró durante la campaña que no endeudaría al país. Pero las consecuencias políticas que pudiera tener a largo plazo que el acreedor sea China es la que debería estar disparando alarmas.

China ya se ha ofrecido antes a ser socio en la revitalización del sector energético de un país. El caso concreto es Venezuela (las comparaciones son odiosas, pero en esta administración insisten en seguir el librito). Hugo Chávez, en un intento de separarse de la influencia de Estados Unidos y volver a su país una potencia regional, aceptó participación de capital Chino en empresas mixtas con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Venezuela, sin embargo, no tenía dinero, así que el modelo de colaboración consistía en pagar con petróleo crudo por la prestación de servicios.

Así, durante años, Venezuela ha estado entregando prácticamente toda su producción de petróleo a China (y Rusia, que también consiguió participación) a precios risibles. Mal por Venezuela, pero eso ¿cómo nos toca?

Resulta que desde hace algunos años, se viene fraguando una coyuntura interesante. De acuerdo con los datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la producción de crudo de Venezuela se ha desplomado hasta un mínimo histórico de 734.000 barriles diarios. Revertir esa situación requiere una inversión fuerte, pero el gobierno chino se la está pensando. La situación política de Venezuela de un tiempo acá se ha vuelto muy inestable. Invertir fuerte no tiene sentido si existe el riesgo de perder esa inversión. 

Por otro lado China no puede quedarse de brazos cruzados. Las importaciones de petróleo de China en 2019 crecieron un 9,5% respecto al año previo, marcando un récord por decimoséptimo año consecutivo. Importó 506 millones de toneladas de crudo, según datos de la Administración General de Aduanas; el equivalente a 10,12 millones de barriles por día. La demanda existe y crece año con año. ¿De dónde va a sacar los barriles a precios de ganga, si Venezuela ya no los produce?

Exacto. Por eso hace su movida en México.

Así que, ¿todo ese rollo de la soberanía energética? Un taquito de lengua de nuestro señor presidente. ¿El escándalo matraquero de que la Reforma Energética entregaba el petróleo a intereses extranjeros? No entiendo por qué no está sonando justo ahora a tambor batiente. ¿La promesa de no endeudar al país? Bien, gracias.

Todo apunta a qué la refinería termine operada por mano de obra y tecnologías chinas. Al menos así pasa en Venezuela. Hay una enorme diferencia, sin embargo. Venezuela no tiene más de tres mil kilómetros de frontera inmediata con Estados Unidos. Ignorar a ese jugador y sus intereses, sobre todo ahora con el T-MEC aprobado, no es una buena idea.

Habrá que ver si realmente estudiaron el tema y qué reacción hay desde Washington.


miércoles, 8 de enero de 2020

¿Pretenden que aplaudamos?

Hola de nuevo a mis cuatro fieles lectores, gracias por estar de vuelta. Espero hayan tenido unas muy felices fiestas y que su 2020 sea próspero y estimulante. Hay mucho que hacer en muchos frentes.

Empezamos un año movidito. El primero de enero entró en operación el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), que no es otra cosa sino la aplicación, ahora en el Sector Salud, de la filosofía de gestión del presidente: “Si algo es imperfecto o puede mejorarse, mejor desecharlo por completo para construir algo completamente inservible e implementado con las patas” (Referirse, de ser necesario, a las estancias infantiles y a otros tantos ejemplos de programas que ahora se entregan “directamente a los beneficiarios”)

En este caso la víctima fue el Seguro Popular, fundado en el 2003 y que vino a cambiar la manera en que se abordaba la problemática de Salud Pública. Era una política pública descentralizada basada en coordinación intergubernamental, combinando el financiamiento federal y la provisión descentralizada de los servicios en los sistemas de salud de cada entidad de federativa. Cambió además la lógica del financiamiento. En lugar de asignar recursos a discreción para garantizar la oferta en función a la infraestructura médico-hospitalaria instalada, financia la demanda mediante un padrón de asegurados. 

Esta nueva mecánica de operación tuvo varios efectos palpables y demostrables. En primera instancia, garantizó cierto equilibrio en la distribución del recurso entre las regiones y promovió un gasto más equitativo entre los asegurados y los no asegurados En 1994 el 80% del presupuesto se destinaba a la población con seguridad social. Para 2013, ese número se había reducido a 55.7%.
En segundo lugar, protegió las finanzas de los mexicanos. Según datos de la OECD, el nivel de gasto por motivos de salud en México se redujo de 52.9 por ciento en 2004 a 49 por ciento en 2011. Finalmente, la iniciativa hizo más atractiva la utilización de servicios de salud, sobre todo entre la población más pobre. En consecuencia, indicadores como la tasa de la mortalidad infantil experimentaron reducciones significativas.

Tenía sus problemas, es cierto. La afiliación era un proceso que tenía que llevarse a cabo de manera cuidadosa y sistemática, por el incentivo económico que representaba para los estados. También es cierto que el nivel de la atención dependía mucho del estado en que te atendieras. La provisión de los servicios quedaba en manos estatales, que pueden llegar a tener capacidades de atención muy dispares de acuerdo a sus instalaciones y eso complicaba garantizar un estándar de servicio o mejorarlo. Y seguramente hay más casos de corrupción a nivel estatal de los que en su momento nos enteramos (Eruviel Ávila “perdió” 900 millones de pesos destinados a este servicio en 2016)

El punto es, el sistema implementado funcionaba. Perfectible y todo, significó una revolución en la manera en que cobijábamos a más de la mitad de los mexicanos. Si un auto presenta desperfectos, lo revisas, lo afinas, lo ajustas; no lo descartas y empiezas a usar una confiable carreta

Porque ese es otro problema. Descartamos nuestro destartalado bocho en favor de ¿Qué? Me encantaría poder decirle cómo va a funcionar el INSABI, pero (como ya es costumbre en esta administración) se está poniendo en marcha sin reglas de operación claras y en medio de una confusión general catastrófica. Ni siquiera puedo decirle qué enfermedades quedan cubiertas y cuáles no, o a qué precios, aunque el río de rumores lleva sonando desde el primer día de este 2020. 
Apenas ayer la Secretaría de Salud emitió un comunicado en donde especifica que sólo cubrirá atención de primer y segundo nivel y eso significa que una larga lista de padecimientos que antes sí quedaban cubiertos, de pronto ya no lo están: Malformaciones congénitas cardíacas, espina bífida, estenosis uretral, cánceres y linfomas, infartos, SIDA…

Yo pregunto ¿Pretenden que aplaudamos cuando nos quitaron la tercera parte de la cobija?


miércoles, 18 de diciembre de 2019

No bajar los brazos...

Diciembre es un mes especial. Es el último mes del año y, por las fiestas, es especialmente propicio para hacer un alto en el camino, mirar hacia atrás y hacer balance del año que termina. Así que, antes de levantar las manos del teclado, dar por terminado el año e irnos de vacaciones, lo invito a reflexionar sobre lo que ha pasado este año en México y cuál puede ser nuestra labor de aquí en adelante.

Creo que, desde la victoria del presidente López en las elecciones de junio del año pasado, todos teníamos ciertas expectativas para este 2019. Algunas eran optimistas, otras no tanto. Dígame ¿Se cumplieron sus expectativas? ¿Para mejor? ¿Para peor? Yo le confieso que no esperaba estar defendiendo la separación de la Iglesia y el Estado en pleno siglo XXI, pero así ha sido de políticamente turbulento nuestro México este 2019 y es lo que nos ha tocado hacer.

Celebro la turbulencia, sin embargo. He visto que ha sembrado inquietud en muchos círculos sociales, que ha despertado (al menos en parte) a cierto sector de la población de su letargo. He visto que ha nutrido el debate y la discusión. Y he visto que una pregunta se crece en las conversaciones de sobremesa: ¿Qué hacemos? Pregunta en tiempo presente y en primera persona del plural. ¡Bien! Si va en serio ya tenemos la mitad de la batalla ganada.

Ahora, antes de que perdamos el entusiasmo, y se me frustre por no encontrarle respuesta sencilla a la problemática, permítame señalarle algunas indicaciones generales. Después de todo, en la situación en que usted se encuentra ahora, me encontraba yo hace cinco años.

Primero: Deje de pensar que la solución es quitar a López del poder para poner a otro desde “la oposición”.
Puede parecer que el presidente y su grupo son el origen del problema, por todo lo que ocurrió este año, pero puedo asegurarle que no es así. El titular del ejecutivo es resultado de cómo la sociedad mexicana entiende su realidad y se mueve en ella, reflejo de dicha sociedad. Y la verdad es que los mexicanos promedio no sabemos para qué funciona el Estado, ni con qué se come un marco institucional medianamente funcional y entendemos la ley como un montón de buenos deseos (Héctor Aguilar Camín usa la palabra “aspiracional” para describir nuestra legislación: Sabemos que no se va a cumplir así, lo damos por sentado, pero “algún día” igual y se nos hace.)
Si López desapareciera mañana, seguiríamos buscando el siguiente gran caudillo, el siguiente gran estadista que “nos saque” adelante. 

Segundo: Entendamos que la “oposición” desde donde esperamos la solución no existe. En Mexico no hay partidos, hay clase política con diferentes colorcitos para pretender que no son lo mismo. En lo que va del año hay varios nombramientos y reformas que no se hubieran podido dar sin la colaboración, por acción u omisión, de la "oposición"
Si surgiera un líder carismático desde las filas de Acción Nacional, México Libre o similares, nomás nos estaríamos peleando por el colorcito del pin en la solapa, pero perpetuando exactamente el mismo patrón. Le doy un ejemplo: Hace unos días me compartieron una columna del Excelsior titulada “Un López Obrador a la inversa” Casi me da algo. La elección de palabras significa que la oposición ni siquiera puede articular lo que quiere y definirse sin usar como marco de referencia al chancro. Que lo único que quiere es un caudillo de otro color. SU caudillo.

Tercero: Toca asumir la que solución no llegará rápido, ni habrá fórmula mágica en 2021, ni 2024, ni siquiera en 2030. Lo que nos ocurre hoy es resultado de lo que hicimos y dejamos de hacer los pasados treinta o cuarenta años. Y tomará más o menos ese tiempo, poniéndonos a chambear en serio, construir algo que más o menos nos permita salir de este juego de caudillos de colores. La carrera será de resistencia. Quizás a nuestra generación le toque ver sus primeros frutos y a la de nuestros hijos y sobrinos les toque disfrutarlos.

Cuarto: ¿Qué hacemos?: Escoger nuestras batallas, y pegarle. Encuentre una causa en la que crea, algo que de verdad le importe y quiera cambiar y vaya sobre ello. Uno Opina es la batalla que yo escogí: la de la formación de Ciudadanía (así, con mayúsculas) gente políticamente activa, informada y de criterio que vea su participación (y responsabilidad) más allá de cruzar boletas cada tres o seis años. Bien, mal, con poco o mucho alcance; llevamos ya cinco años trabajando con ese propósito.

Escoja su batalla: Presione a su legislador, asegúrese de que haga su chamba. Comprométase en lo local, insístale a la delegación de ese bache que no han tapado, de las farolas fundidas de su calle, ese negocio sin licencias que opera dentro de su zona residencial. Mejor aún, reúnase con otros de interés similar y vean cómo pueden impulsar una legislación que simplifique trámites, que transparente el trabajo de los funcionarios. Llene al IFAI de solicitudes de información y la Secretaría de la Función Pública de denuncias. No tiene que hacerlo todo, ni hacerse responsable de todo. Escoja una causa, escoja su batalla y a partir de ahí es cuestión de insistir, de no bajar los brazos y de aguantar los rounds peleando de manera inteligente hasta que vayamos cambiando, un poquito a la vez.

Lo invito a que nos tomemos estas dos semanas de descanso y reflexión. Usted para decidir en qué arena quiere plantarle cara a nuestra realidad, un servidor para tomar aire, replantear estrategia y recuperar fuerzas; porque cuando vuelva a sonar la campana el próximo año, más vale que nos encuentre de pie y al pie del cañón. Van a ser varios rounds

¡Un fuerte abrazo y mis mejores deseos para estas fiestas decembrinas!


Addendum:
Esta columna se va de vacaciones, regresamos el miércoles 8 de diciembre con el ánimo renovado y los brazos bien en alto.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

La detención que debería cimbrar a México

El lunes detuvieron en Estados Unidos a Genaro García Luna, quien fuera titular de la Secretaría de Seguridad Pública durante el sexenio de Felipe Calderón. Y sin embargo, los dos debates que acapararon la palestra pública eran un libro robado en Argentina y la pintura de un caudillo muerto hace cien años. Urge agarrar la onda y replantearse las prioridades, mexicanos. Las consecuencias de este arresto podrían, dependiendo de cómo se lleve el proceso, ser un abridero de cloacas y destape de las estrechas relaciones que tiene el narcotrafico con el gobierno en todos sus niveles; o podrían acabar en nada, en más tapadera y uso político. Pero si así de fácil nos distraen cuando dan la noticia bomba (la detención) ¿Qué esperanzas hay de que le demos seguimiento puntual al resto del proceso y a las investigaciones resultantes?

Pero no se preocupe, querido lector. Si me promete que a partir de aquí le echa un ojo al asunto y me ayuda a exigir que se haga justicia sobre el detenido, caiga quien caiga, le platico cómo ha avanzado el tema hasta aquí ¿Va? ¡Va!


García Luna fue acusado por la misma corte de Nueva York que sentenció a Joaquín “El Chapo” Guzmán a cadena perpetua, por lo que podemos inferir que algo saben sobre seguro y que tienen las tablas para tratar un tema de alto perfil. Se le acusa de colaborar con el Cartel de Sinaloa, beneficiándolo y permitiéndole operar impune, a cambio de millonarios sobornos. 

Las sospechas comenzaron precisamente durante el juicio contra El Chapo. Uno de los socios de Guzmán declaró en febrero de 2018 que su corporación había hecho pagos millonarios a García Luna al menos en dos ocasiones: Para asegurar que “El Mayo” Zambada no fuera detenido y para acomodar como jefe de policía en Culiacán a una persona del cartel. A partir de ahí, arrancaron las diligencias en Estados Unidos, que está en una cruzada por investigar la corrupción en México y sus nexos con el narcotráfico, que inunda sus calles de droga. Si lanzaron la orden de aprehensión, es porque ya tienen con qué enjuiciarlo, quiero suponer. 

¿Y aquí en México? Pues aquí la Secretaría de la Función Pública integró al menos 20 expedientes para investigar a García Luna durante su paso por la gestión federal. Nada se concretó y lo dejaron marcharse tan campante. Pero curiosamente, ahora que se hizo pública la detención, resulta que muy diligentemente la Fiscalía General de la República “está integrado carpeta de investigación [...] por probable comisión de delitos...” y “También está incorporando las investigaciones y pruebas diligenciadas por autoridades de EUA, [...] se solicitará [...] la orden de aprehensión con fines de extradición en contra de esta persona.”

Yo no sé usted que opine, pero a mi me huele raro. La justicia norteamericana a menos de dos años del pitazo original entregó un caso armado para llevar a Genaro a juicio. La justicia mexicana no pudo hacerlo en siete. ¿Y ahora quiere pedir la extradición? ¿No será que lo quieren salvar de algo?
Le doy otro dato: hoy en conferencia matutina el presidente habló de todo menos de la detención. Habló de Miguel Hidalgo, de excomuniones y oligarcas, pero aguantó sin soltar prenda cincuenta minutos de preguntas sobre García Luna. Que no sabe. Que lo están investigando. Que informará mañana. Incluso a pregunta expresa sobre si juzgaría a Calderón (y seamos honestos, políticamente le convendría muchísimo hacer leña del árbol caído) la respuesta es evasiva. “Hay que esperar la investigación” y “No es mi fuerte la venganza”
Le digo, la detención toca fibras sensibles en el gobierno federal, de cualquier color. Porque sería ingenuo pensar que estas “relaciones” con el crimen organizado, tan productivas y lucrativas, se acaban también al final con el sexenio.

Si la investigación se lleva hasta las últimas consecuencias, haya o no Genaro incurrido en actos de corrupción, se van a cimbrar las estructuras mismas sobre las que está asentada nuestra gobernabilidad. ¿Es triste que la administración trumpista tenga que venir a hacerle la chamba a un gobierno que prometió cero corrupción y cero impunidad? Si, tristísimo, pero precisamente por eso no podemos permitir que Genaro sea juzgado en México.

Insisto, sí se queda en EEUU aquello será bellísimo, el sistema va a crujir hasta los cimientos. Sí lo traen de regreso la cloaca solo seguirá tapada y se usará, como siempre, a conveniencia.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

La oposición que aún no tenemos.

Asístí a la protesta pública de este domingo primero de diciembre, en Guadalajara. No había asistido a ninguna demostración del estilo desde la #MarchaDelSilencio del pasado mayo; curiosamente, convocada por las mismas agrupaciones de la sociedad civil.
Ahora, como entonces, salí a la calle en respuesta a un sentimiento de deber cívico, a un sentimiento de que la coyuntura del país requiere de una participación más activa de parte de todos sus ciudadanos. Salí también para encontrarme con otros que pudieran tener la misma idea y para tomarle el pulso a esto que pretende pararse en el templete nacional como “oposición”

La verdad es que volví a casa preocupado. 

La presente administración tiene muchísimos puntos flacos y está dejando descubiertos tantos frentes que prácticamente en cualquier área de responsabilidad de su gobierno pueden hacérsele críticas válidas. Y esto es un arma de doble filo. Por un lado, genera más inconformidad conforme pasa el tiempo. Esto fue notorio en la cantidad de asistentes a la manifestación y el hartazgo generalizado entre los mismos. Hay más interés en hacer “algo”. 
Sin embargo, del otro lado de la moneda, significa también que los intereses y objetivos de los manifestantes son cada vez más diversos. Una narrativa formal, desde los organizadores, que cohesione esos intereses y concentre los esfuerzos se hace más necesaria. Los organizadores intentaron definir esa narrativa alrededor de la situación de seguridad, pero se quedaron cortísimos. 

El manifiesto que compartieron y para el que solicitaron firmas habla lo mismo del desmantelamiento y coptación de instituciones (INE, CRE, SCJN, CNDH), los cochupos e ilegalidades a través de los que se está llevando a cabo dicho desmantelamiento, el retiro de recursos a viejos programas sociales de comprobada efectividad y el uso clientelar y opaco de los nuevos programas. Un poco más adelante se habla de los ataques a la libertad de expresión y a la prensa durante las mañaneras, así como la polarización resultante. Y se termina con cinco “demandas”, esas sí, relacionadas con el tema de la seguridad apenas tangencialmente mencionadas en el manifiesto. 
A eso añádale las iniciativas que cada manifestante llevaba. Ví pancartas contra el presupuesto 2020, solicitando ayuda para encontrar a un desaparecido, en apoyo a la familia LeBarón y hasta un “A mis hijos los educo yo” perdido por ahí. 

Creo que mi punto quedó perfectamente ejemplificado en un momento de la movilización, en donde desde el templete, se gritó: "¿Venimos a pedir qué?", evidentemente esperando respuesta de los manifestantes y que la única respuesta fuera confusión generalizada.
Son muchos temas, lo entiendo, pero para que la presión haga mella necesitas concentrarla en un punto, de preferencia el más débil o el más incontestable (seguridad era un buen ejemplo, el 1ero de Diciembre fue el día más violento del año con 127 homicidios registrados) y así forzar una respuesta desde el poder.

Otra cosa que hizo falta y que me hubiera gustado ver de parte de los organizadores, es el rechazo absoluto a la intervención de las figuras públicas emblemáticas de los partidos. Su intervención, aunque pretendía sumar, dinamitó la credibilidad de una protesta “ciudadana”. Y para demostrarlo basta ver los titulares. Forbes encabezó su nota “PAN, PRD y LeBarón lideran marcha y piden renuncia de AMLO” (y esa petición ni siquiera estaba en el manifiesto). Animal Político tuiteo: “Grupos y partidos opositores se reunen en el Ángel de la Independencia para protestar en contra del gobierno”
Les comieron el mandado a los organizadores. Se minimizó la participación ciudadana, que fue muy real y dieron pie a que el mismo presidente desestimara el reclamo legítimo con una declaración absurda: Que los que habían protestado eran los partidos conservadores, no los ciudadanos.

Así que sí, volví a casa preocupado. Nos falta muchísimo para tener una oposición ciudadana organizada. Habrá que trabajar mucho y pensar aún más. Quizá las marchas no sean la opción más efectiva. No se le gana al enemigo en el campo de batalla que el elige, y es evidente que el presidente domina la plaza pública y las narrativas pre y post manifestación. Empecemos a cuestionarnos si una oposición legal e institucional no nos resulta más efectiva. ¿Cómo y por dónde, mexicanos? Esa es la cuestión