miércoles, 18 de diciembre de 2019

No bajar los brazos...

Diciembre es un mes especial. Es el último mes del año y, por las fiestas, es especialmente propicio para hacer un alto en el camino, mirar hacia atrás y hacer balance del año que termina. Así que, antes de levantar las manos del teclado, dar por terminado el año e irnos de vacaciones, lo invito a reflexionar sobre lo que ha pasado este año en México y cuál puede ser nuestra labor de aquí en adelante.

Creo que, desde la victoria del presidente López en las elecciones de junio del año pasado, todos teníamos ciertas expectativas para este 2019. Algunas eran optimistas, otras no tanto. Dígame ¿Se cumplieron sus expectativas? ¿Para mejor? ¿Para peor? Yo le confieso que no esperaba estar defendiendo la separación de la Iglesia y el Estado en pleno siglo XXI, pero así ha sido de políticamente turbulento nuestro México este 2019 y es lo que nos ha tocado hacer.

Celebro la turbulencia, sin embargo. He visto que ha sembrado inquietud en muchos círculos sociales, que ha despertado (al menos en parte) a cierto sector de la población de su letargo. He visto que ha nutrido el debate y la discusión. Y he visto que una pregunta se crece en las conversaciones de sobremesa: ¿Qué hacemos? Pregunta en tiempo presente y en primera persona del plural. ¡Bien! Si va en serio ya tenemos la mitad de la batalla ganada.

Ahora, antes de que perdamos el entusiasmo, y se me frustre por no encontrarle respuesta sencilla a la problemática, permítame señalarle algunas indicaciones generales. Después de todo, en la situación en que usted se encuentra ahora, me encontraba yo hace cinco años.

Primero: Deje de pensar que la solución es quitar a López del poder para poner a otro desde “la oposición”.
Puede parecer que el presidente y su grupo son el origen del problema, por todo lo que ocurrió este año, pero puedo asegurarle que no es así. El titular del ejecutivo es resultado de cómo la sociedad mexicana entiende su realidad y se mueve en ella, reflejo de dicha sociedad. Y la verdad es que los mexicanos promedio no sabemos para qué funciona el Estado, ni con qué se come un marco institucional medianamente funcional y entendemos la ley como un montón de buenos deseos (Héctor Aguilar Camín usa la palabra “aspiracional” para describir nuestra legislación: Sabemos que no se va a cumplir así, lo damos por sentado, pero “algún día” igual y se nos hace.)
Si López desapareciera mañana, seguiríamos buscando el siguiente gran caudillo, el siguiente gran estadista que “nos saque” adelante. 

Segundo: Entendamos que la “oposición” desde donde esperamos la solución no existe. En Mexico no hay partidos, hay clase política con diferentes colorcitos para pretender que no son lo mismo. En lo que va del año hay varios nombramientos y reformas que no se hubieran podido dar sin la colaboración, por acción u omisión, de la "oposición"
Si surgiera un líder carismático desde las filas de Acción Nacional, México Libre o similares, nomás nos estaríamos peleando por el colorcito del pin en la solapa, pero perpetuando exactamente el mismo patrón. Le doy un ejemplo: Hace unos días me compartieron una columna del Excelsior titulada “Un López Obrador a la inversa” Casi me da algo. La elección de palabras significa que la oposición ni siquiera puede articular lo que quiere y definirse sin usar como marco de referencia al chancro. Que lo único que quiere es un caudillo de otro color. SU caudillo.

Tercero: Toca asumir la que solución no llegará rápido, ni habrá fórmula mágica en 2021, ni 2024, ni siquiera en 2030. Lo que nos ocurre hoy es resultado de lo que hicimos y dejamos de hacer los pasados treinta o cuarenta años. Y tomará más o menos ese tiempo, poniéndonos a chambear en serio, construir algo que más o menos nos permita salir de este juego de caudillos de colores. La carrera será de resistencia. Quizás a nuestra generación le toque ver sus primeros frutos y a la de nuestros hijos y sobrinos les toque disfrutarlos.

Cuarto: ¿Qué hacemos?: Escoger nuestras batallas, y pegarle. Encuentre una causa en la que crea, algo que de verdad le importe y quiera cambiar y vaya sobre ello. Uno Opina es la batalla que yo escogí: la de la formación de Ciudadanía (así, con mayúsculas) gente políticamente activa, informada y de criterio que vea su participación (y responsabilidad) más allá de cruzar boletas cada tres o seis años. Bien, mal, con poco o mucho alcance; llevamos ya cinco años trabajando con ese propósito.

Escoja su batalla: Presione a su legislador, asegúrese de que haga su chamba. Comprométase en lo local, insístale a la delegación de ese bache que no han tapado, de las farolas fundidas de su calle, ese negocio sin licencias que opera dentro de su zona residencial. Mejor aún, reúnase con otros de interés similar y vean cómo pueden impulsar una legislación que simplifique trámites, que transparente el trabajo de los funcionarios. Llene al IFAI de solicitudes de información y la Secretaría de la Función Pública de denuncias. No tiene que hacerlo todo, ni hacerse responsable de todo. Escoja una causa, escoja su batalla y a partir de ahí es cuestión de insistir, de no bajar los brazos y de aguantar los rounds peleando de manera inteligente hasta que vayamos cambiando, un poquito a la vez.

Lo invito a que nos tomemos estas dos semanas de descanso y reflexión. Usted para decidir en qué arena quiere plantarle cara a nuestra realidad, un servidor para tomar aire, replantear estrategia y recuperar fuerzas; porque cuando vuelva a sonar la campana el próximo año, más vale que nos encuentre de pie y al pie del cañón. Van a ser varios rounds

¡Un fuerte abrazo y mis mejores deseos para estas fiestas decembrinas!


Addendum:
Esta columna se va de vacaciones, regresamos el miércoles 8 de diciembre con el ánimo renovado y los brazos bien en alto.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

La detención que debería cimbrar a México

El lunes detuvieron en Estados Unidos a Genaro García Luna, quien fuera titular de la Secretaría de Seguridad Pública durante el sexenio de Felipe Calderón. Y sin embargo, los dos debates que acapararon la palestra pública eran un libro robado en Argentina y la pintura de un caudillo muerto hace cien años. Urge agarrar la onda y replantearse las prioridades, mexicanos. Las consecuencias de este arresto podrían, dependiendo de cómo se lleve el proceso, ser un abridero de cloacas y destape de las estrechas relaciones que tiene el narcotrafico con el gobierno en todos sus niveles; o podrían acabar en nada, en más tapadera y uso político. Pero si así de fácil nos distraen cuando dan la noticia bomba (la detención) ¿Qué esperanzas hay de que le demos seguimiento puntual al resto del proceso y a las investigaciones resultantes?

Pero no se preocupe, querido lector. Si me promete que a partir de aquí le echa un ojo al asunto y me ayuda a exigir que se haga justicia sobre el detenido, caiga quien caiga, le platico cómo ha avanzado el tema hasta aquí ¿Va? ¡Va!


García Luna fue acusado por la misma corte de Nueva York que sentenció a Joaquín “El Chapo” Guzmán a cadena perpetua, por lo que podemos inferir que algo saben sobre seguro y que tienen las tablas para tratar un tema de alto perfil. Se le acusa de colaborar con el Cartel de Sinaloa, beneficiándolo y permitiéndole operar impune, a cambio de millonarios sobornos. 

Las sospechas comenzaron precisamente durante el juicio contra El Chapo. Uno de los socios de Guzmán declaró en febrero de 2018 que su corporación había hecho pagos millonarios a García Luna al menos en dos ocasiones: Para asegurar que “El Mayo” Zambada no fuera detenido y para acomodar como jefe de policía en Culiacán a una persona del cartel. A partir de ahí, arrancaron las diligencias en Estados Unidos, que está en una cruzada por investigar la corrupción en México y sus nexos con el narcotráfico, que inunda sus calles de droga. Si lanzaron la orden de aprehensión, es porque ya tienen con qué enjuiciarlo, quiero suponer. 

¿Y aquí en México? Pues aquí la Secretaría de la Función Pública integró al menos 20 expedientes para investigar a García Luna durante su paso por la gestión federal. Nada se concretó y lo dejaron marcharse tan campante. Pero curiosamente, ahora que se hizo pública la detención, resulta que muy diligentemente la Fiscalía General de la República “está integrado carpeta de investigación [...] por probable comisión de delitos...” y “También está incorporando las investigaciones y pruebas diligenciadas por autoridades de EUA, [...] se solicitará [...] la orden de aprehensión con fines de extradición en contra de esta persona.”

Yo no sé usted que opine, pero a mi me huele raro. La justicia norteamericana a menos de dos años del pitazo original entregó un caso armado para llevar a Genaro a juicio. La justicia mexicana no pudo hacerlo en siete. ¿Y ahora quiere pedir la extradición? ¿No será que lo quieren salvar de algo?
Le doy otro dato: hoy en conferencia matutina el presidente habló de todo menos de la detención. Habló de Miguel Hidalgo, de excomuniones y oligarcas, pero aguantó sin soltar prenda cincuenta minutos de preguntas sobre García Luna. Que no sabe. Que lo están investigando. Que informará mañana. Incluso a pregunta expresa sobre si juzgaría a Calderón (y seamos honestos, políticamente le convendría muchísimo hacer leña del árbol caído) la respuesta es evasiva. “Hay que esperar la investigación” y “No es mi fuerte la venganza”
Le digo, la detención toca fibras sensibles en el gobierno federal, de cualquier color. Porque sería ingenuo pensar que estas “relaciones” con el crimen organizado, tan productivas y lucrativas, se acaban también al final con el sexenio.

Si la investigación se lleva hasta las últimas consecuencias, haya o no Genaro incurrido en actos de corrupción, se van a cimbrar las estructuras mismas sobre las que está asentada nuestra gobernabilidad. ¿Es triste que la administración trumpista tenga que venir a hacerle la chamba a un gobierno que prometió cero corrupción y cero impunidad? Si, tristísimo, pero precisamente por eso no podemos permitir que Genaro sea juzgado en México.

Insisto, sí se queda en EEUU aquello será bellísimo, el sistema va a crujir hasta los cimientos. Sí lo traen de regreso la cloaca solo seguirá tapada y se usará, como siempre, a conveniencia.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

La oposición que aún no tenemos.

Asístí a la protesta pública de este domingo primero de diciembre, en Guadalajara. No había asistido a ninguna demostración del estilo desde la #MarchaDelSilencio del pasado mayo; curiosamente, convocada por las mismas agrupaciones de la sociedad civil.
Ahora, como entonces, salí a la calle en respuesta a un sentimiento de deber cívico, a un sentimiento de que la coyuntura del país requiere de una participación más activa de parte de todos sus ciudadanos. Salí también para encontrarme con otros que pudieran tener la misma idea y para tomarle el pulso a esto que pretende pararse en el templete nacional como “oposición”

La verdad es que volví a casa preocupado. 

La presente administración tiene muchísimos puntos flacos y está dejando descubiertos tantos frentes que prácticamente en cualquier área de responsabilidad de su gobierno pueden hacérsele críticas válidas. Y esto es un arma de doble filo. Por un lado, genera más inconformidad conforme pasa el tiempo. Esto fue notorio en la cantidad de asistentes a la manifestación y el hartazgo generalizado entre los mismos. Hay más interés en hacer “algo”. 
Sin embargo, del otro lado de la moneda, significa también que los intereses y objetivos de los manifestantes son cada vez más diversos. Una narrativa formal, desde los organizadores, que cohesione esos intereses y concentre los esfuerzos se hace más necesaria. Los organizadores intentaron definir esa narrativa alrededor de la situación de seguridad, pero se quedaron cortísimos. 

El manifiesto que compartieron y para el que solicitaron firmas habla lo mismo del desmantelamiento y coptación de instituciones (INE, CRE, SCJN, CNDH), los cochupos e ilegalidades a través de los que se está llevando a cabo dicho desmantelamiento, el retiro de recursos a viejos programas sociales de comprobada efectividad y el uso clientelar y opaco de los nuevos programas. Un poco más adelante se habla de los ataques a la libertad de expresión y a la prensa durante las mañaneras, así como la polarización resultante. Y se termina con cinco “demandas”, esas sí, relacionadas con el tema de la seguridad apenas tangencialmente mencionadas en el manifiesto. 
A eso añádale las iniciativas que cada manifestante llevaba. Ví pancartas contra el presupuesto 2020, solicitando ayuda para encontrar a un desaparecido, en apoyo a la familia LeBarón y hasta un “A mis hijos los educo yo” perdido por ahí. 

Creo que mi punto quedó perfectamente ejemplificado en un momento de la movilización, en donde desde el templete, se gritó: "¿Venimos a pedir qué?", evidentemente esperando respuesta de los manifestantes y que la única respuesta fuera confusión generalizada.
Son muchos temas, lo entiendo, pero para que la presión haga mella necesitas concentrarla en un punto, de preferencia el más débil o el más incontestable (seguridad era un buen ejemplo, el 1ero de Diciembre fue el día más violento del año con 127 homicidios registrados) y así forzar una respuesta desde el poder.

Otra cosa que hizo falta y que me hubiera gustado ver de parte de los organizadores, es el rechazo absoluto a la intervención de las figuras públicas emblemáticas de los partidos. Su intervención, aunque pretendía sumar, dinamitó la credibilidad de una protesta “ciudadana”. Y para demostrarlo basta ver los titulares. Forbes encabezó su nota “PAN, PRD y LeBarón lideran marcha y piden renuncia de AMLO” (y esa petición ni siquiera estaba en el manifiesto). Animal Político tuiteo: “Grupos y partidos opositores se reunen en el Ángel de la Independencia para protestar en contra del gobierno”
Les comieron el mandado a los organizadores. Se minimizó la participación ciudadana, que fue muy real y dieron pie a que el mismo presidente desestimara el reclamo legítimo con una declaración absurda: Que los que habían protestado eran los partidos conservadores, no los ciudadanos.

Así que sí, volví a casa preocupado. Nos falta muchísimo para tener una oposición ciudadana organizada. Habrá que trabajar mucho y pensar aún más. Quizá las marchas no sean la opción más efectiva. No se le gana al enemigo en el campo de batalla que el elige, y es evidente que el presidente domina la plaza pública y las narrativas pre y post manifestación. Empecemos a cuestionarnos si una oposición legal e institucional no nos resulta más efectiva. ¿Cómo y por dónde, mexicanos? Esa es la cuestión