miércoles, 31 de enero de 2018

Secretaría de Levantones Públicos

Creo que no soy el único mexicano que, cuando se cruza con algún elemento de las fuerzas de seguridad de nuestro país, se siente más vulnerable, expuesto y nervioso que si se encontrara sólo en barrio bravo. Casi preferiríamos que no estuvieran ahí. Ya sea experimentada de primera mano o de oídas, todos tenemos una historia de frustración y coraje con algún policía prepotentes, algún agente de tránsito mordelón, o con el grupito de policías organizando retenes y revisiones aleatorias para intimidad, sembrar evidencia y extorsionar a la ciudadanía para que se caiga con la lana. No confiamos en nuestras corporaciones policiacas y probablemente no nos falta razón. Ésta semana se habló mucho del caso de Marco Antonio Sánchez Flores, el muchacho de 17 años al que cuatro policías de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina detuvieron cerca de la estación del Metrobus El Rosario. Los agentes nunca explicaron por que estaban deteniendo a Marco Antonio, tampoco lo entregaron en el Ministerio Público 40, como habría cabido esperar, ni dieron aviso a sus padres, como correspondía por tratarse de la detención de un menor de edad. Nadie supo qué pasó con Marco Antonio. Esto fue el pasado martes 23 Sus padres tocaron puertas de cuanta autoridad se les ocurrió pudiera ayudarles a esclarecer su paradero y circunstancias. Finalmente, el Centro de Atención de Personas Extraviadas y Ausentes, emitió un a ficha que comenzó a difundirse en redes sociales y la historia consiguió tracción. Recibieron apoyo y difusión incluso de la UNAM (Marco Antonio estudia en la prepa 8). La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, así como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México, señalaron necesario investigar la desaparición de Marco Antonio como una desaparición forzada y la bolita creció.


Finalmente, el domingo 28 por la noche Hiriam Almeida, el titular de la SSP de la Ciudad de México, anunció que Marco Antonio fue liberado del ministerio público de Tlanepantla. Minimizando el hecho al declarar que “se establecerían, en su caso, las sanciones correspondientes” a los presuntos responsables por el “no seguimiento de algunos protocolos”. Marco no sería encontrado sino hasta una hora después en el Estado de México, golpeado, cojeando, sin zapatos. Al momento de escribir estas líneas, hoy martes por la noche, Marco permanece en el Hospital Psiquiátrico Infantil, Dr. Juan N. Navarro. Aún no está en condiciones de declarar. No reconoce a sus familiares, ni recuerda su nombre. Presenta, según el parte médico, un cuadro de “delirio mixto” que incluye un discruso desorganizado, una disposición “irritable” y “fluctuaciones de un estado de alerta” y “descontrol conductual” (reportan que intentó agredir a una persona). El caso de Marco Antonio es indignante y aunque pasará un tiempo antes de que sepamos la verdad con todos sus sórdidos detalles, es indispensable insistir en que se indague hasta las últimas consecuencias y se castigue a los responsables. México no puede resolver ninguno de sus muchos problemas, si no solidifica primero sus instituciones y las limpia frente a la opinión pública. No es admisible que, lejos de cumplir su función más básica de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, el Estado Mexicano permita que sus instituciones de seguridad sean las primeras en vulnerar la paz.

miércoles, 24 de enero de 2018

Tasa de Interés ¿de quién?

Me enteré por El Universal que diputados perredistas planeaban proponer una ley que limitara la máxima tasa de interés con la que pueden ofrecer cualquier tipo de crédito las diferentes instituciones financieras en México. Propondrían fijarla en 35%. La medida, alegan, es para proteger al cliente que termina pagando en comisiones hasta el doble de la deuda contratada.

Dejando de lado las intenciones de Arturo Santana, diputado a quien la nota periodística cita como autor intelectual (es un decir) de la propuesta, la solución presentada demuestra un entendimiento equivocado (casi nulo) del funcionamiento del mercado financiero, así como una debatible perspectiva de la economía y una nada saludable actitud de metomentodo.

Algunos conceptos básicos, en beneficio del diputado Santana y sus compañeros:
Una nación crece en la medida en la que puede generar riqueza. Su capacidad para generar riqueza está limitada por su capital, los medios que ésta nación ha acumulado y que puede invertir en producir (Puede tratarse de una patente de tecnología especializada, maquinaria, conocimientos, recursos naturales, etc.) La manera de acumular capital es a través del ahorro, que es abstenerse de consumir en el presente lo ganado por la venta de bienes o servicios.
Ahora, ojo, ahorrar no significa únicamente no gastar, o atesorar, o guardar para consumir más adelante, sino abstenerse de consumir para invertir; gastar para producir. Eso es ahorro, adquirir bienes de capital, poner un negocio, pagar salarios a trabajadores o prestar fondos para que otros compren.
El ahorro es esencial, porque naturalmente hay bienes que no pueden comprarse con el salario devengado en un día (una casa, un automóvil). Para adquirir ese bien uno puede usar sus propios ahorros, o adquirir los de otro mediante un préstamo.

Ahí es donde entra el sistema financiero.  Las instituciones financieras, en su mayor parte, funcionan como puente entre los ahorros de uno y las necesidades de otro. Y como cualquier otro mercado, está sujeto a leyes de oferta y demanda. ¡Y esto es positivo!
Si hay mucha incertidumbre sobre el futuro por una economía flaca, la gente privilegiará el ahorro. El banco, para poder mover ese dinero y obtener una utilidad, reducirá las tasas de interés, incentivando que la gente pida prestado para proyectos de inversión que a su vez reactiven la economía. Por otro lado, si en una economía boyante no hay ahorro, el banco podrá (buscando incrementar su ganancias) disparar la tasa y ofrecerla al mejor postor. Solo unos cuantos podrán acceder a los créditos, pero eso evitará que la economía quede desbocada y se produzca una falsa burbuja financiera (bancos prestando dinero que no tienen)

Ahora, lo que acabo de describir es un mercado libre, completamente desregularizado. Menos dinero, mayor tasa, más dinero menor tasa. Fijar arbitrariamente la tasa de interés por decreto como propone el diputado Santana es falsificar bonanza, crear auge consumiendo e invirtiendo con un dinero que no se tiene. No es novedad. Está basado en las ideas de John Maynard Keynes  que desprecian el ahorro bajo el argumento de que “Un dólar ahorrado es uno que no circula en la economía” (que es un sinsentido tremendo porque no toma en cuenta que los bancos toman el ahorro y lo reintroducen en la economía en proyectos de inversión.) O que, “Entre más ahorro de la gente repercutirá en menores ventas, y, en consecuencia, menos utilidades para los negocios” (sin considerar que es el crecimiento y no el consumo, el que genera capital y el que debería ser prioridad)

Manufacturar prosperidad y crecimiento sólo conduce a burbujas financieras, a ciclos de crecimiento acelerado que luego se vienen abajo en crisis económicas monumentales; en lugar de apelar al libre mercado y a su crecimiento más modesto, pero más constante, sustentable.

Ahora bien, aunque estoy en contra de la regulación de las tasas de interés, estoy de acuerdo con el diputado en que hay bancos abusivos. Si es el caso, regulemos la forma, no el fondo. Hagamos una legislación que obligue a estandarizar la forma en la que se venden los créditos para que la tasa, los montos a pagar y todas las condiciones sean absolutamente transparentes, sin limitar el producto que pueden ofrecer los bancos y confiemos en que el mexicano promedio sabrá reconocer, a través de la maravilla del libre mercado y su propio interés, a la institución financiera que mejor le convenga.


miércoles, 17 de enero de 2018

Sacar tajada de la tragedia

En México nos hemos (mal)acostumbrado a que la clase política nos trate con la punta del zapato. Tan es así, que hemos aprendido a anticipar el golpe, a adivinar desde lejos la siguiente trastada y a reconocer a la distancia las oportunidades de que el gobernante abuse de su gobernado. Éste increíble poder de premonición, sin embargo, parece venir con la maldición de que sin importar por cuánto nos adelantemos a los acontecimientos, jamás conseguimos alzar a tiempo un escudo que los desvíe, o apartarnos de la trayectoria de la acometida.

Después de los trágicos sismos del 7 y 19 de septiembre del año pasado, varias organizaciones civiles señalaron la posibilidad de que los recursos que se reunían con el apoyo solidario de todos los mexicanos, tuvieran un fin distinto al del apoyo a damnificados; esto es, que acabaran en los bolsillos del político en turno. Se nos llamó a estar atentos, a vigilar el destino de dichos donativos. Durante un tiempo (el inmediato posterior a la tragedia) lo hicimos bastante bien, denunciando a gobiernos locales que estaban reteniendo, entorpeciendo o redirigiendo la ayuda. Por desgracia, bajamos la guardia.

Esta semana, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) hizo pública una investigación realizada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Resulta que el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi, la encargada de distribuir la ayuda recabada) emitió más tarjetas de débito que damnificados tenía en el registro. Algunos nombres aparecen hasta en 34 plásticos, aunque al beneficiado en cuestión sólo le llegara una (a veces, ni eso). En total, quedan volando casi setenta millones de pesos y una maraña de irregularidades que comenzaron desde noviembre pasado, cuando sospechosamente clonaron cientos de tarjetas.



¿Es un error honesto? ¿Es un fraude vil? Difícil de decir, pero piensa mal y acertarás, reza por ahí un dicho. El titular de Bansefi es ni más ni menos que Virgilio Andrade Martinez, el mismo que “investigó” el conflicto de intereses del presidente, su esposa y su entonces secretario de hacienda Luis Videgaray por lo de la Casa Blanca, y resolvió exonerarlos a los tres. José Antonio Meade lo rescató y lo puso a la cabeza de Bansefi hace un año y bajo su cargo, la institución fue reprobada por el INAI en Transparencia (con una calificación de 28 puntos sobre 100). E igual que con la Casa Blanca, la responsabilidad de la entrega de miles de tarjetas para que los damnificados del sismo reinicien su patrimonio le fue dada por mandato presidencial directo. ¡Ah, por cierto! Éste personaje ha dicho frente a micrófono abierto: “La corrupción es un asunto cultural que forma parte de los seres humanos que siempre buscamos rentabilidad comercial y respondemos a otros incentivos” Con esta información ¿Usted que opina? ¿Hay o no hay mano negra en el asunto?

Aun suponiendo, sin conceder y sólo por lo que dure el argumento, que como señala Andrade la corrupción es inherente al ser humano; robar descaradamente a quien lo ha perdido todo de la noche a la mañana y se encuentra en una situación en extremo vulnerable requiere convertirse en una muy particular y execrable subespecie de sabandija. ¿Con qué cara puede nuestro presidente llenarse la boca amenazando con que a los criminales “ni perdón, ni olvido” cuando tiene a semejante aglomeración de timadores y descuideros en sus propias filas? ¿Qué ha pasado con la Fiscalía Anticorrupción y el combate a la impunidad, ambas promesas de su campaña?

Mexicanos, necesitamos sacudirnos la idea de que ésto es inevitable; liberarnos del yugo de la resignación, que es la mejor aliada de estos sinverguenzas y que con cada escándalo que queda impune se hace más y más profunda. México merece más. Todos merecemos más, porque lo que están haciendo en Chiapas y Oaxaca no tiene nombre.


miércoles, 10 de enero de 2018

Escuchar: Ingrediente esencial de la democracia

He estado leyendo novelas de Star Wars últimamente.
Quizá no sea la historia más compleja y apasionante jamás contada, o que tenga los personajes mejor construidos y más entrañables; pero ciertamente en medio de las batallas interestelares, las espadas láser y los encantadores robots que se comunican con pitidos, se cuela una temática que resuena con facilidad en nuestro mundo moderno: el conflicto entre la libertad y la esclavitud, la autodeterminación y el servilismo, la democracia (la República) y la dictadura (el Imperio).

Justo el último libro que leí toca el tema con particular cariño. La Rebelión ha triunfado, se ha instalado una Nueva República en la Galaxia y aún con menos de un año de formada ya está dando signos de no tener clara su identidad y de cómo responder a los desafíos de gobierno. En una de las escenas le preguntan a la Canciller, la cabeza del nuevo gobierno: ¿Le preocupa que la Nueva República falle? ¿Sobrevivirá la República? La respuesta es curiosa, por decir lo menos.
“Esto es democracia” contesta el personaje “Es extraña, desordenada. [...] Si, es un poco caótica. Ciertamente haremos algunas cosas mal. ¿Al Imperio? No les importaba la democracia. [...] Querían tener tanta razón que cualquiera que insinuara equivocarse o hacer las cosas de otra manera era calificado como enemigo. [...] Destruyeron otras voces para que sólo quedaran las suyas. Eso no somos nosotros. No siempre lo haremos bien, nunca lo tendremos perfecto, pero escucharemos.”

El pequeño discurso me hizo ponerme a pensar en las preocupantes similitudes entre el panorama político nacional actual y este Imperio que describe el libro, con su manía de acallar voces, en lugar de encontrar consensos. Botón de ejemplo: las actitudes autocráticas de Ricardo Anaya, de Andrés Manuel, la metodología del tapado del PRI, la guerra sucia que busca desacreditar al candidato no argumentar, no escuchar. A su manera, cada uno impulsa que prevalezca su idea, su candidatura, sobre la de los demás a cualquier costo a veces aplastando otras ideas dentro de su mismo partido o grupo político. La falta de este diálogo puede verse claramente por el número de candidaturas independientes, impulsadas por inconformes y silenciados.



El ejemplo lo podemos extender no sólo a las campañas internas para elegir al candidato, sino al ejercicio electoral completo. ¿Cuándo fue la última elección en donde verdaderamente hubo manera de comparar y contrastar diagnósticos de lo que le duele al país, propuestas de solución y planes de acción para ponerlas en marcha? En los últimos años, la victoria va normalmente, no a quien escucha y atiende, sino a quien puede hacer un despliegue más efectivo de recursos, de propaganda. No estamos defendiendo ideas, no estamos promoviendo diálogo, no estamos escuchando y al juzgar por las decisiones del TEPJF, empezar a hacerlo ni siquiera está en la agenda.

El Tribunal recientemente avaló el uso de tarjetas y monederos electrónicos como propaganda electoral. Esto, pese a casos polémicos como el Monexgate o el uso de las tarjetas Salario Rosa durante las elecciones para la gubernatura del Edomex. Básicamente, está autorizando que se regale dinero (que, no olvidar, sale del presupuesto federal) al electorado y como la activación de tarjetas y plásticos podría estar sujeta a la victoria del candidato que las reparte, para fines prácticos permite la coacción al voto.

El mensaje es claro: las ideas pasan a segundo plano, lo importante es maximizar el alcance de las dádivas.

La problemática es social y sistemática, no únicamente de nuestra estructura política. ¿Cuándo fue la última vez que pudo tener una discusión política en México sin que alguien le acusara, ya sea de chairo o de comparsa chayotero del régimen?
Hay que reconocer que nuestra capacidad de dialogar también está por los suelos. Años de inculcarnos a no hablar de política, de religión y otros temas espinosos en reuniones sociales por miedo a encender los ánimos de amistades y conocidos nos han dejado con una incapacidad crónica para abordar esos temas; sin la flexibilidad para entender un punto de vista sin dejarnos convencer por él.

¿Por dónde empezamos entonces a resolver el dilema? Haciendo un esfuerzo por escuchar, por exponernos a nosotros y a nuestras ideas al escrutinio de otros y atender a sus comentarios. Ya luego, utilizando nuestro criterio veremos si vale la pena modificar nuestras ideas y nuestra conducta según lo que escuchamos. Lo esencial, sin embargo, es que no cerremos las orejas. En palabras de la Canciller del Senado Galáctico:
“No siempre lo haremos bien, nunca lo tendremos perfecto, pero escucharemos. Hemos abierto nuestros oídos a las incontables voces que claman a través de la galaxia y siempre escucharemos. Así es como la democracia sobrevive. Así es como prospera.



martes, 2 de enero de 2018

Unir, no dividir.

La situación política de España con la Cataluña independentista, aunque ha venido cocinándose desde (por lo menos) junio de 2010, se convirtió en un drama de mucha tensión los últimos seis meses de 2017. Y a pesar de que el gobierno de Mariano Rajoy haya intentado pasar página convocando a elecciones el pasado 21 de diciembre en Cataluña, los resultados indican que el tema va para largo, y que podemos seguir esperando inestabilidad política en la región.

El bloque independentista mantuvo la mayoría absoluta, por un margen extremadamente ajustado. Seguramente no quitará el dedo del renglón, aunque le cueste más trabajo sacar adelante su agenda (requerirá del apoyo de pequeños partidos de extrema-izquierda antisistema con la que será difícil alcanzar acuerdos).
Los independentistas tienen, además, otro problema. En un curioso giro de los acontecimientos, la llama del espíritu secesionista parece habérseles salido de las manos e iniciado un pequeño incendio en el corazón mismo de Cataluña: Barcelona.

Una agrupación llamada Plataforma per l'Autonomia de Barcelona ha tomado impulso a raíz de los resultados de la última elección. Solicitan al gobierno nacional convertir el territorio de Tabarnia (básicamente Barcelona y Tarragona) en una “nueva comunidad autónoma dentro de España e independiente de Cataluña”. Es decir, se trata de un movimiento de secesión del independentismo de parte de la zona más urbana, cosmopolita y económicamente activa de Cataluña.



Los argumentos que esgrime la Plataforma para independizarse de Cataluña, satíricamente o no, son esencialmente los mismos que la Generalitat está usando para independizarse de España, incluso hasta el punto de copiar el eslogan: “Barcelona is not Catalonia”
La ciudad de Barcelona aporta al gobierno de Cataluña 22.5 millones de euros pero solo recibe 18 millones en gastos e inversiones, lo que califican de “expolio” de parte de la Generalitat  Barcelona representa, además, al 73,8% de la población catalana, pero reparte sólo el 63% de los escaños en el Parlament. Está, por tanto, infrarrepresentada. Y como el apoyo al independentismo catalán es mucho más fuerte en las provincias rurales de Girona y Lleida (con 20% porcentuales más), esta falta de representación pesa. El parlamento catalán podría estar configurado de una forma muy, muy distinta.
Además, constituir una nueva comunidad autónoma exclusiva para una ciudad importante tiene precedente con Madrid, en los 70s. Esta nueva división sería completa y absolutamente legal… si logran convencer a los diputados.

A mí me resulta especialmente divertido e irónico porque, a pesar de ser argumentos y circunstancias que parecen copia y calca, mientras Cataluña pugna por su independencia, tacha esta plataforma y a sus miembros de utilizar “fronteras inventadas, nacionalismo étnico, populismo económico sostenido sobre agravios imaginarios”
¿No se muerden la lengua, pues?

No es mi intención discernir aquí qué es lo que debe hacerse con la situación específica de España-Cataluña-Tabarnia. Pero creo importante reflexionar acerca de la que, aparentemente, es ya una fiebre por la independencia que está ardiendo en Europa. Por poner algunos ejemplos: Cataluña y el País Vasco en España, Flandes en Bélgica, el Veneto italiano, Escocia en Reino Unido, Chechenia en Rusia y Kosovo en Serbia, son todos territorios que, en mayor o menor medida, tienen corrientes, promotores y apoyos independentistas.

Si nos tomamos la idea de la independencia en serio y la llevamos hasta las últimas consecuencias, ésta termina con el individuo; que es, según su misma etimología, indivisible. Puedo apoyar esa idea de independencia. Una en la cual (aunque suenen repetitivos los argumentos) no corro el riesgo de ser expoliado por el gobierno a través de impuestos que luego no veo reflejados en servicios públicos, mientras soy infrarrepresentado por un político con el que jamás he cruzada palabra y que no conoce mis necesidades reales.

Una “independencia” que no termine así, en el reconocimiento de la del individuo, es replicar, en menor escala, los problemas de cualquier Estado, sin importar quién lo gobierne o qué política siga. Es fraccionar el esfuerzo y los recursos para salir adelante como comunidad por la idea egoísta de: “a mí no me están dando tanto como lo que aporto”. Es multiplicar la oportunidad de que se produzcan conflictos diplomáticos (y bélicos) entre naciones y al interior de las mismas.
Salvo en regímenes represores, promover el independentismo por el independentismo mismo no es promover el bienestar, ni la justicia, ni la paz; es sacrificarse para darle a un grupo de políticos un juguete nuevo, brillante y sin ningún control central al que tengan que rendirle cuentas de cómo lo utilizan. Es promover aislacionismo y la mentira populista de que “ahora sí” vamos a poder progresar porque las condiciones cambiaron, cuando en realidad sólo cambiamos a un amo por otro y a nuestro terruño por una fracción del mismo.

Aboguemos mejor por una política de unión, no de división; de similitudes, no de diferencias. Iniciativas como la conformación de organismos internacionales parecidos a los de la Comunidad Económica Europea, por ejemplo, que unifiquen nuestros esfuerzos por salir adelante no sólo como individuos o naciones –grandes o pequeñas– sino como especie humana en primera instancia, y finalmente como planeta interconectado e interdependiente.