jueves, 30 de marzo de 2017

"¡Negro!" le dijo el grajo al cuervo.

Hay quienes lo llaman “el autobús de la libertad”, para otros es “el autobús del odio”. Vió la luz en España, hace algunos meses y su historia es la mar de interesante.
Comienza con una campaña que lanzó la Asociación de Familias de Menores Transexuales del País Vasco (Nombre comercial: Chrysallis) Consistía en 150 carteles repartidos por toda esa región de España en los cuales, junto con la frase “Hay niñas con pene y niños con vulva. Así de sencillo”, se representaba a un niño con atributos femeninos, y a una niña con atributos masculinos.
A manera de respuesta, Hazte Oír —una ONG española— decidió enviar su propio mensaje, rotulándolo en el costado de un autobús naranja que luego puso a circular en las principales ciudades de dicho país. “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”





Hasta aquí la historia parece muy sencilla: Un par de organizaciones, con ideologías opuestas, haciendo sano uso de su libertad de expresión para darlas a conocer. Podríamos sentarnos a debatir las virtudes y defectos de cada una, organizar conferencias o derramar ríos de tinta defendiendo una u otra postura y estaría bien. Después de todo, es a través del intercambio y confrontación de ideas que hemos avanzado como civilización.
Es lo que viene después lo que ha disparado este suceso relativamente local (el País Vasco representa únicamente el 1.5% de la superficie de España y da cabida sólo al 5% de su población) a las primeras planas de la sección de Internacionales.


Nadie alzó la voz contra los 150 carteles de Chrysallis, pero el único autobús de Hazte Oír fue motivo de una virulenta reacción. Partidos políticos como “Izquierda Unida” y “Podemos”, el colectivo LGBT en España y miles de personas en redes sociales, se han cansado de lanzar toda clase de peyorativos contra Hazte Oír. El fiscal superior de la Comunidad de Madrid, Jesús Caballero, ordenó se abriera una investigación contra la organización por existir  “un riesgo de [...] alteración de la paz pública y de creación de un sentimiento de inseguridad o temor entre las personas por razón de su identidad u orientación sexual, y concretamente entre los los menores que puedan verse afectados por el mensaje”. En Sevilla, el vehículo fue recibido con pedradas y huevazos. El Ayuntamiento de Barcelona anunció que si el vehículo entra a la ciudad, será multado al considerársele "una provocación".


¿Una provocación? ¿A qué, pregúntome yo, si el camión no hace sino señalar una obviedad biológica? El ser humano presenta 23 pares de cromosomas y su sexo biológico depende enteramente del último de ellos. Así que sí, los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Esta realidad está escrita en cada uno de las células del individuo y no cambia, ni desaparece con cirugía o tratamientos hormonales. Y es una realidad tan aplastante, que la misma persona transexual busca, mediante cirugía, adaptar su cuerpo a la realidad que quiere imitar o con la que se siente identificado.


Por supuesto nada de esto me exhime de mostrar con las personas transgénero el mismo respeto que merece cualquier otra persona; tampoco les quita derecho humano alguno, ni mucho menos implica negar su existencia, aunque así lo argumenten.


¿Quién es el fascista entonces? ¿Hazte Oír o la comunidad que está básicamente diciendo “No puedes pensar eso, no lo soporto y no te lo permito, porque no es el lenguaje incluyente que a mi me gustaría escuchar, la realidad donde me gustaría vivir”? ¿Por qué los derechos de una minoría (que, insisto, no están siendo violentados en modo alguno con la existencia del mentado autobús) resultan más importantes que la libertad de expresión de otro sector? ¿No son todas las libertades iguales, no tenemos todos los mismos derechos?

Existen, sí, personas y organizaciones que aún hoy fomentan la división; la discriminación no sólo hacia los transexuales, sino hacia las mujeres, las personas de distintas razas, ¿Con qué autoridad moral vamos a enfrentarlas si nuestro mecanismo de defensa es negar la realidad y apedrearles el autobús?


jueves, 23 de marzo de 2017

Que parezca que hacemos

En marzo de 2014 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo mediante el cual se creaba la Fiscalía Especial para el Combate a la Corrupción, una unidad administrativa dependiente de la PGR encargada de perseguir delitos ligados con este cáncer que, según estudios independientes de Transparencia Mexicana, le cuesta al país entre el 2 y el 8% de su PIB. La nueva Fiscalía, detallaba la publicación, entraría en vigor tan pronto como el Senado de la República designara a su titular.
Han pasado ya tres años y seguimos sin uno.


Por supuesto que la elección de la persona adecuada para ocupar el cargo resulta crítica en muchos aspectos. Se trata del liderazgo de un equipo que tendrá que tener autoridad moral y los pantalones bien puestos para ir contra los peces gordos de la política nacional que incurran en actos de corrupción; todo esto, mientras permanecen dependientes de la PGR, organismo que recibe órdenes del poder Ejecutivo. No es una circunstancia fácil, así que me parece muy adecuado que el Senado considere el nombramiento con toda la seriedad que se merece. Pero el proceso se ha llevado con todo menos con seriedad, por no decir que se ha alargado hasta el punto de resultar ridículo.

El Senado no lanzó la convocatoria sino hasta nueve meses después de promulgado el acuerdo, pero de inmediato se politizó. Se empezaron a considerar candidatos, pero “no existieron los acuerdos” para llevar a cabo la elección, que se pospuso (junto con la votación de las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción) para septiembre de 2015. Terminó el periodo de sesiones y nadie se había movido de su lugar, había voces que abogaban incluso por volver a plantearse si no era mejor un órgano colegiado para dirigir la fiscalía, en lugar de un único fiscal. (Con lo bien que estaba funcionando eso de las decisiones colegiadas en el Senado, figúrese usted)

Finalmente resolvieron reiniciar el proceso y volver a lanzar la convocatoria. Pero para noviembre del año pasado ya andaban dándole otra vez largas, señalando que elegir a principios de diciembre era “apresurado” y que necesitaban tiempo para conocer a fondo a todos los candidatos. El proceso ya rayaba en lo ridículo. Al final, dizque para evitar la politización, el Senado designó un Comité de Acompañamiento Ciudadano que evaluara a los candidatos.

Esta semana, dicho comité pasó sus recomendaciones. De 32 aspirantes, redujeron la decisión a 4 personas que consideran con un perfil idóneo. Fue menos complicado de lo que suena, porque hasta los candidatos habían dejado de tomárselo en serio: Hubo por lo menos dos personas (Braulio Robles Zúñiga y Angélica Palacios Zárate) que quedaron fuera del proceso por plagiar, hasta en puntos y comas, la redacción de los ensayos que les solicitaron.

Así que, ¿con cuatro candidatos podremos tener un Fiscal Anticorrupción pronto? No, no lo creo. Senadores independientes, del PRD y del Partido del Trabajo ya se inconformaron con las recomendaciones. Faltó, dicen, información sobre los criterios y evaluaciones que se aplicaron para elegir a estas últimas cuatro personas. Así que sí, el tema sigue y seguirá eternizándose. Probablemente ahora serán las elecciones el pretexto para entorpecerlo.

Siempre hay algo de falsa agitación, de fingido afán en la labor de un político. Su quehacer, pese a lo que nos quieren hacer creer, consiste únicamente en alimentar la burocracia, porque de ella depende. Llevan ya tres años haciendo como que hacen, pero presidencia ya se anotó el tanto y marcó el compromiso como “cumplido”. ¿Hasta cuándo vamos a dejar que nos den atole con el dedo?

jueves, 16 de marzo de 2017

El mexicano con el que me gustaría encontrarme en la calle.

El día de ayer, por invitación de uno de mis exprofesores de la licenciatura, asistí a lo que anunciaron como una “Sesión Grupal de Retroalimentación” en el Club de Industriales de Jalisco. Se trataba de opinar sobre la campaña en la cual, desde hace año y medio, ha estado trabajando la Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN). El objetivo del proyecto es revitalizar la confianza al interior del país, la imagen que tenemos de nosotros mismos como nación, de lo que aquí producimos y de las empresas nacionales que con gran esfuerzo llevan a cabo dicha producción



Fue una charla interesante, llena de ideas sobre cómo unir y animar a un México pesimista y por momentos hasta derrotista. Me duele quedarme con la impresión de que, a pesar de que el proyecto ha estado en el tintero por más de 18 meses, no fue sino hasta hace 4 —con la victoria republicana en el vecino del norte— que realmente se le metió acelerador. A los mexicanos nos urge un cambio de paradigma completo desde hace mucho tiempo, no sólo por la llegada de Trump al salón Oval.


Pienso que el de CONCAMIN es un esfuerzo loable, incluso si soy escéptico con respecto a sus alcances y su éxito. Ya he hablado antes de cómo no soy fan de la “unidad nacional” y el “bien común”, por los peligros que conlleva para las libertades individuales. Apelando al nacionalismo corremos el riesgo de que sea mal entendido, o aprovechado por caudillos que nos enseñen (en palabras del comediante Doug Stanhope) a temer y a odiar a personas que no conocemos  (para que el caudillo tenga el poder de “protegernos” de ellas) y a sentirnos orgullosos de éxitos en los que no tuvimos parte alguna (para que no nos duela nuestra miseria). No sólo eso, sino que una campaña que invite a sentirse orgulloso del México actual trabajará en contra de esa chispa de cambio que tanto nos urge.


Creo, y así lo expresé durante mi turno en la sesión, que la estrategia y nuestras baterías deberian estar enfocadas en algo diferente: en el cambio individual.
“Sé el mexicano con el que te gustaría encontrarte en la calle”, fue una de las propuestas. Porque tampoco va a servir que yo me emocione con un spot de televisión sobre mi país y salga con el pecho henchido de orgullo sólo para encontrarme, nomás al salir de mi casa, con el montón de basura que éste México y sus mexicanos tiran en la calle todos los días; con el conductor que no respeta los señalamientos y prefiere arriesgarse a que le rayen el coche que dejar pasar; o con el ciudadano que trae en la cabeza como mantra “el que no tranza no avanza”

Sé el mexicano con el que te gustaría encontrarte en la calle Porque entiendo que mucho de nuestro malinchismo es aspiracional. Nos gustaría ser primermundistas. Por eso nos desvivimos por comprar Abercrombie, o Lacoste, porque eso es lo que usan allá. Por eso una empresa mexicana, con un dueño oaxaqueño tiene que nombrar su franquicia Black Coffee, así, en inglés. Pero si copiamos en marcas y modas, también deberíamos copiar otras cosas: como la honestidad, la pulcritud, el respeto a los espacios públicos.


Sé el mexicano con el que te gustaría encontrarte en la calle". Porque si todos fueramos ese mexicano, ¡cuán distinto sería México!

jueves, 9 de marzo de 2017

Mejorando la casa

Agárrense de sus asientos, damas y caballeros. A pesar de que falta bastante más de un año para la eleccón federal, las piezas ya se están moviendo en el tablero, los presidenciables lucen el plumaje intentando convencer y lucir fuertes, los chapulines de siempre comienzan a saltar tratando de anticiparse y ver por dónde puede caer el mejor hueso y quienes actualmente ocupan gubernaturas, alcaldías y palacios municipales, empiezan a mover los hilos para acumular capital y arrancar con ventaja la carrera. (¿O qué? ¿Creían que las campañas se pagaban solas?)

Este año tenemos las elecciones “preliminares” en Coahuila, Nayarit, Veracruz y el Estado de México. Normalmente la casta política del país les presta particular atención, porque funcionan como radiografía de la escena nacional con miras a 2018 —el Estado de México es el más poblado del país, Veracruz es el tercero—. Abundarán las triquiñuelas y sacarán a relucir todas las artimañas. Para muestra un botón en Jalisco, estado que ni siquiera tiene elecciones programadas este año.

El día de hoy el periódico Mural señaló que el Reglamento de Construcción de Zapopan aprobado este año y que entró en vigor el 17 de febrero contempla que toda obra menor está obligada a obtener un permiso de parte de la Dirección de Obras Públicas del municipio. “Pudiendo tratarse de enjarres, pisos, pinturas, cristales, herrería, aluminio, carpintería, o instalaciones de cualquier tipo que sean realizadas al interior de un predio”  (No contempla instalaciones eléctricas ¡qué afortunado! ¡Puede usted cambiar ese foco fundido sin dar aviso a las autoridades!)

El interesado en arreglar por fin esa puerta del baño que quedó descuadrada desde que la montó, tiene ahora que elaborar una solicitud firmada por el propietario del inmueble, acreditar su propiedad y estar al corriente de su pago predial. Porque aquí en México eso de que alguien pueda sencillamente ponerse a trabajar sin tener que saltar algún obstáculo es absolutamente insólito, así sea en propiedad privada y a puerta cerrada.

Pero la regulación no acaba ahí. De hecho, la parte más maquiavélica aún está por venir. Según el reglamento, la Dirección de Inspección y Vigilancia estará al pendiente de las obras y cualquier desacato en “informar” oportunamente ameritaría apercibimiento, multa o la clausura de dicha obra. Y ahí es donde está el gancho. El reglamento entró en vigor el 17 de febrero. Apenas hoy, 8 de marzo, se le dió difusión al contenido de semejante despropósito legislativo. ¿A cuántos incautos habrán agarrado, o pensaban agarrar, para clavarles tremendas multotas por darle una manita de gato a la fachada de su casa, arreglar el machuelo de su banqueta, o reparar la puerta de la cochera que se estaba viniendo abajo?

Sacar dinero es la única expliación medianamente plausible para el engendro que propusieron, porque el municipio no gana absolutamente nada sabiendo que el vecino piensa pasar su domingo instalando un retrete nuevo. Al contrario es sólo más papeleo. Quizás estoy mal, quizás sí haya una explicación razonable (en cuyo caso, quisiera escucharla) Puede ser que quieran simplemente tomar nota de cada mejora que le haces a tu casita por si llegaran a aplicar aquello tan sonado del impuesto a la plusvalía… ¡Ups! ¡Mejor no doy ideas!

Hablando en serio. Esta legislación entorpece la labor libre de los ciudadanos que, cuidando lo suyo, dándole mantenimiento a sus hogares y embelleciéndolos, contribuyen a mantener el valor y la apariencia de toda la colonia. Trabajando así, respetando lo ajeno y cuidando lo propio, podríamos avanzar a pasos agigantados, a pesar de legislaciones tontas.

jueves, 2 de marzo de 2017

Perder lo más valioso

Esta semana, platiqué con una buena amiga sobre las evidentes diferencias que existen, en pleno siglo XXI, en el trato que reciben y oportunidades laborales que tienen las mujeres alrededor del mundo. El fenómeno, a pesar de los avances de los últimos tiempos, sigue vigente incluso ahí donde uno no lo esperaría (Por ejemplo en Hollywood, en el centro de California, el estado insignia de las políticas progresistas)

La conversación me dejó con la cabeza revuelta y hubo necesidad de rebotar el tema un par de veces con personas cuyo criterio y buen juicio de verdad respeto y admiro. Al final, estoy usando este espacio para forzarme a emitir una opinión clara y consistente al respecto. Una disculpa a mis tres lectores que esperaban algo distinto el día de hoy.

Es innegable que existe un doble estándar entre damas y varones. Si una mujer pierde los estribos por cualquier razón y en su enojo comienza a gritar y a gesticular, dirán que está loca. Si es el hombre quien lo hace, será sólo porque es “de carácter fuerte”. A la dama que tiene muchas parejas se la tacha de inmoral, al varón se le celebra su “éxito con las mujeres”. A las chicas que sufren de acoso se les recuerda que deberían tomárselo como un halago, al muchacho que rechaza atención no deseada, puede cuestionársele su hombría.   

Son pequeños botones de evidencia; síntomas, creo, de una sociedad que ha ido perdiendo uno de sus pilares indispensables para una convivencia sana: el respeto. Y no sólo el respeto por el otro, que es importante, también el respeto propio, que es vital. Porque si no nos respetamos a nosotros mismos ¿con qué derecho exigimos que alguien más nos lo tenga?

Por falta de respeto a nuestra dignidad humana, predomina en la sociedad una idea de la vida muy limitada, basada en la satisfacción personal como principio y fin de la existencia. Estar faltos de un centro, o de un propósito más elevado (del que innegablemente sómos capaces) que nuestra propia satisfacción, tiene mucho de animal, muy poco de humano y da lugar a terribles abusos.  Nos vuelve ciegos a nada que no sea nuestro propio placer cuando le gritamos a una muchacha por la calle, o fomentamos relaciones de uso, o empezamos a exigirles a otros que sean como a nosotros nos plazca que sean, o que actúen como a nosotros nos gustaría que actuaran.

Una persona, en cambio, que se reconoce y se respeta como ser humano, sí que tiene la capacidad de ver y reconocer en otros (del sexo que sea) la misma dignidad y es más capaz de entablar una relación saludable, de limitarse para dar cabida a los deseos y necesidades del otro y encontrar un equilibrio entre los ajenos y los propios. Es capaz de juzgar a una persona por sus méritos, no por falsos prejucios inspirados por su sexo. No va a exigirle a una mujer que vista de cierta manera si ella no lo desea, pero tampoco permitirá que una cualquiera le arrastre.
Creo que esa voluntad, esa autodeterminación y esa dignidad, más que cualquier otra cosa, es lo que hace a una persona atractiva, porque a todos dá su espacio, con todos es atento y al mismo tiempo es firme de propósito e intención.

Caballeros, damas, recuperemos eso, lo más valioso que tenemos y redescubramos que una sociedad en donde no se discrimine por sexo, pero tampoco por color de piel, o raza, o religión, no es tan complicado como parece.

“To have done no man a wrong…to walk and live, unseduced, within arm’s length of what is not your own, with nothing between your desire and its gratification but the invisible law of rectitude—this is to be a man.”
["No haber hecho ningún mal a un hombre ... andar y vivir, sin sustraerse, a corta distancia de lo que no es tuyo, sin nada entre tu deseo y su gratificación sino la ley invisible de la rectitud, esto es ser hombre".]
–Horace Mann