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miércoles, 4 de abril de 2018

Ley negociable

A propósito del arranque de las campañas… Entre las promesas que Enrique Peña Nieto hizo antes de salir electo en 2012 se incluía el cambiar la tan criticada estrategia de Felipe Calderón respecto a la lucha contra el narcotráfico.
Ciertamente, hubo un cambio en la estrategia este sexenio, al menos mediáticamente hablando. Los diarios dejaron de llevar la cuenta diaria de los muertos, la nota roja relacionada con el narco desapareció de los principales noticiarios del país y en general se pretendió hacer como que el problema ya no existía.

La estrategia no funcionó, por supuesto. Pretender que no hay cocodrilo no evitará que te atrape si te acercas demasiado al río. El promedio anual de asesinatos dolosos en México por sexenio es mayor en el de Peña que en el de Calderón. 2017 fue el año más violento en la historia reciente de este país y Acapulco (por poner un ejemplo crudo) tiene el dudoso honor de ser la segunda ciudad más violenta del mundo calculando el número de homicidios por habitante. 

El estrategia de Peña también vio nacer diferentes movimientos que, convencidos de que el gobierno no estaba por la labor de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, tomaron el asunto en sus propias manos. Digan lo que quieran de Felipe Calderón y su estrategia (probablemente tendrán razón), pero bajo su mandato no hubo nada parecido a las autodefensas de Michoacán y Guerrero.
Peña reconoció en las autodefensas una fuerza paramilitar y un actor mediático que no le convenían a su administración e hizo lo posible por desarmarlas, al punto de arrestar a sus líderes. No le faltaba razón al decir que no era válido ni legal que un grupo hiciera justicia por su propia mano; pero tampoco hizo mucho por hacer valer el estado de derecho y que fuera el gobierno el que hiciera justicia.

Lo cual nos trae al último capítulo de este drama. Harto de la inacción, el obispo de la diócesis de Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza, subió a la sierra guerrerense a entrevistarse con un “alto capo de la droga” para gestionar la reinstalación de agua y luz en un poblado del municipio de Heliodoro Castillo. Aprovechando la oportunidad, el prelado dijo también que había negociado una especie de tregua para evitar que se siguiera asesinando a candidatos locales (desde septiembre del año pasado, han sido acribillados a balazos al menos 12 aspirantes a alcaldes en Guerrero).


El hecho podría parecer una raya más al tigre, pero si levanta cuestionamientos más bien importantes: ¿En qué país vivimos que un sacerdote tiene que negociar la liberación de servicios básicos de una población, porque el gobierno no puede hacerlo? ¿Cómo es que una nación en vías de desarrollo como México no puede garantizar el ejercicio libre de los derechos políticos de sus ciudadanos? ¿Hasta qué punto está contaminada la estructura gubernamental local si el crimen organizado puede matar impunemente candidatos que no le acomodan? En opinión del prelado los narcotraficantes están llenando el vacío que dejó el gobierno “ellos ya lo ocuparon, de hecho, ellos son los dueños de Guerrero”

Bien o mal, lo que el obispo Salvador Rangel está intentando hacer es en respuesta a una necesidad apremiante de su comunidad, necesidad que el gobierno no ha podido/querido atender. Por ello tiene gracia que tanto el Secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, como el gobernador de la entidad, el priista Héctor Astudillo, hayan criticado su intervención con el argumento de que “la ley no se negocia” 

Bueno, si no se negocia.. ¿¿Por qué no se aplica??

miércoles, 17 de enero de 2018

Sacar tajada de la tragedia

En México nos hemos (mal)acostumbrado a que la clase política nos trate con la punta del zapato. Tan es así, que hemos aprendido a anticipar el golpe, a adivinar desde lejos la siguiente trastada y a reconocer a la distancia las oportunidades de que el gobernante abuse de su gobernado. Éste increíble poder de premonición, sin embargo, parece venir con la maldición de que sin importar por cuánto nos adelantemos a los acontecimientos, jamás conseguimos alzar a tiempo un escudo que los desvíe, o apartarnos de la trayectoria de la acometida.

Después de los trágicos sismos del 7 y 19 de septiembre del año pasado, varias organizaciones civiles señalaron la posibilidad de que los recursos que se reunían con el apoyo solidario de todos los mexicanos, tuvieran un fin distinto al del apoyo a damnificados; esto es, que acabaran en los bolsillos del político en turno. Se nos llamó a estar atentos, a vigilar el destino de dichos donativos. Durante un tiempo (el inmediato posterior a la tragedia) lo hicimos bastante bien, denunciando a gobiernos locales que estaban reteniendo, entorpeciendo o redirigiendo la ayuda. Por desgracia, bajamos la guardia.

Esta semana, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) hizo pública una investigación realizada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Resulta que el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi, la encargada de distribuir la ayuda recabada) emitió más tarjetas de débito que damnificados tenía en el registro. Algunos nombres aparecen hasta en 34 plásticos, aunque al beneficiado en cuestión sólo le llegara una (a veces, ni eso). En total, quedan volando casi setenta millones de pesos y una maraña de irregularidades que comenzaron desde noviembre pasado, cuando sospechosamente clonaron cientos de tarjetas.



¿Es un error honesto? ¿Es un fraude vil? Difícil de decir, pero piensa mal y acertarás, reza por ahí un dicho. El titular de Bansefi es ni más ni menos que Virgilio Andrade Martinez, el mismo que “investigó” el conflicto de intereses del presidente, su esposa y su entonces secretario de hacienda Luis Videgaray por lo de la Casa Blanca, y resolvió exonerarlos a los tres. José Antonio Meade lo rescató y lo puso a la cabeza de Bansefi hace un año y bajo su cargo, la institución fue reprobada por el INAI en Transparencia (con una calificación de 28 puntos sobre 100). E igual que con la Casa Blanca, la responsabilidad de la entrega de miles de tarjetas para que los damnificados del sismo reinicien su patrimonio le fue dada por mandato presidencial directo. ¡Ah, por cierto! Éste personaje ha dicho frente a micrófono abierto: “La corrupción es un asunto cultural que forma parte de los seres humanos que siempre buscamos rentabilidad comercial y respondemos a otros incentivos” Con esta información ¿Usted que opina? ¿Hay o no hay mano negra en el asunto?

Aun suponiendo, sin conceder y sólo por lo que dure el argumento, que como señala Andrade la corrupción es inherente al ser humano; robar descaradamente a quien lo ha perdido todo de la noche a la mañana y se encuentra en una situación en extremo vulnerable requiere convertirse en una muy particular y execrable subespecie de sabandija. ¿Con qué cara puede nuestro presidente llenarse la boca amenazando con que a los criminales “ni perdón, ni olvido” cuando tiene a semejante aglomeración de timadores y descuideros en sus propias filas? ¿Qué ha pasado con la Fiscalía Anticorrupción y el combate a la impunidad, ambas promesas de su campaña?

Mexicanos, necesitamos sacudirnos la idea de que ésto es inevitable; liberarnos del yugo de la resignación, que es la mejor aliada de estos sinverguenzas y que con cada escándalo que queda impune se hace más y más profunda. México merece más. Todos merecemos más, porque lo que están haciendo en Chiapas y Oaxaca no tiene nombre.


jueves, 10 de agosto de 2017

Lo cortés no quita lo valiente

El Washington Post reprodujo y difundió esta semana transcipciones íntegras de las conversaciones telefónicas que Donald Trump sostuvo con los mandatarios de México y Australia a finales de enero de éste año. Dando comienzo así a una semana de tragedia para el presidente norteamericano.


Por supuesto que con el puro texto, no puedo sino imaginar el tono y cadencia que adoptó Trump en su charla con el presidente Peña; pero si a mi me lo preguntaran, yo diría que el multimillonario que ahora despacha en el Salón Oval estaba desesperado. Una opinión sin duda contrastante con lo que en su momento algunos medios nacionales pretendieron hacernos pensar (Dolia Estévez, por ejemplo, utilizó los calificativos “humillante” y “amenazante” para referirse a la actitud del estadounidense.)


Si, Trump arranca fuerte diciendo que pensaba seriamente imponer aranceles a todos los productos mexicanos; utiliza técnicas interesantes para menguar la autoridad de su interlocutor durante la conversación, como dirigirse a él por su primer nombre, “Enrique” (que aunque es cada vez más frecuente en la iniciativa privada, sigue siendo muy extraño escucharlo en charlas diplomáticas), e incluso interrumpe en un par de ocasiones al presidente Peña.  Pero nada de eso importa porque la amenaza de los aranceles.


Pero, al leer la conversación completa y ver cómo suelta datos al azar, falsos o fuera de contexto y sin relevancia: su campaña, el tamaño de sus mitines, su victoria electoral con el voto latino, el déficit intercambiario que tiene con México (y que todos los expertos señalan que no es algo malo para Estados Unidos per se), las fábricas que se han perdido por mudarse a México (y los ejemplos que puso son de producciones que se mudaron a otros estados, dentro del mismo Estados Unidos) Uno se da cuenta de que es, verdaderamente, el mismo bocafloja de poca sustancia que vimos en campaña.


Quizá la evidencia más reveladora de la efectividad de este “tremendo negociador” sea el tema del mentadísimo muro; tema que Peña intentó superar una y otra vez, ofreciendo dejar de hablar del tema en público y girar la atención a otras áreas en donde pudieran mostrar logros de la relación bilateral.

Trump: El hecho es que estamos los dos atorados políticamente, porque yo necesito que México pague por el muro. Lo necesito. He estado hablando de ello por un periodo de dos años.
Peña: Esto es lo que propongo, Sr. Presidente, dejemos de hablar del muro. He reconocido el derecho de todo gobierno a proteger sus fronteras como crea necesario y conveniente. Pero mi posición ha sido y seguirá siendo muy firme diciendo que México no puede pagar ese muro.
Trump: Pero no puedes decir eso a la prensa. La prensa tomará eso y yo no puedo vivir con eso. No puedo negociar en esas circunstancias.
Peña: Entiendo este punto tan crítico para usted y su país, Sr. Presidente. Busquemos maneras creativas de solventar el obstáculo. [...] Para México es algo que va más allá del tema económico porque es un asunto relacionado con la dignidad de México y con el orgullo nacional de mi país.
Traducción propia


No sé. ¿Le parece esto agachón, le parece que Peña no defendió los intereses nacionales? ¿Que se vió tibio? No soy ningún experto en diplomacia internacional, pero a mi me parece una muy razonable posición la del presidente. ¿O qué preferiría? ¿Franca oposición? ¿Aún viendo el ejemplo de Corea del Norte, que abiertamente se le opone y al que amenazan con “furia y fuego”?
Por una vez, creo que el presidente lo ha hecho bien y creo que esta será la manera correcta de lidiar con Trump mientras dure su mandato. Después de todo, bien dicen que lo cortés no quita lo valiente.


Si usted quiere leer toda la conversación, puede hacerlo en la siguiente liga:

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Del cinismo y la inacción

Calderón, la verdad sea dicha, quizá erró en su estrategia contra el narco. Quizá falló en proveer medidas alternativas de prevención del delito, de generar condiciones económicas que permitieran reducir la desocupación, y por lo tanto, que se tuviera que recurrir a la delincuencia para subsistir. Pero, como ya había mencionado en una entrada anterior (¡de marzo de 2015!) tuvo al menos la decencia de reconocer un problema, establecer acciones concretas y morirse con la suya a pesar de convertirse en blanco de críticas de parte de población y prensa.

La administración Peñista, más dependiente del juego de luces y espejos de prestidigitador barato, ha preferido ocultar las cosas, o tirar la bolita a los estados; pese a que las cifras siguen siendo alarmantes. Sirva Guerrero durante el pasado fin de semana, el llamado Buen Fin, como botón de ejemplo: 27 personas muertas en menos de 48 horas. ¿Y la postura oficial? Bien gracias.

Héctor Antonio Astudillo Flores, gobernador del estado, salió el día de hoy a decir que tenían “plenamente identificadas” a las células delictivas de los diferentes municipios. No quiso o no pudo explicar por qué si las tienen tan bien ubicadas, no han hecho nada por desarticularlas, ni pudieron evitar los homicidios. Los comentarios que sí hizo, sin embargo, fueron igualmente inoportunos:  

“esta jornada pico de violencia genera ruido indeseado para el estado [..] genera rebotes mediáticos”

“(El crimen organizado) tiene una gran capacidad para desaparecer durante 15 días o por un mes… y vuelve a investir(sic)”

“Estamos haciendo refuerzo donde existen este tipo de acontecimientos: los lugares con policías comunitarias o fracciones que, se supone, eran defensores, los fueron cooptados por el crimen organizado y ahora se dedican a sembrar el terror.”

“Es que una parte fundamental del problema es la amapola: en medida que exista y que Estados Unidos sea tan demandante, el asunto se tiene que ver con otra salida. Orientarlo hacia el tema médico”


Claramente lo que le dolía durante la conferencia de prensa no era la tragedia (que eso es lo que es), sino tener que estar ahí dando la cara y dando explicaciones a los medios. Lo único consistente de su discurso es el derrotismo y el repartir culpas.

Habla del crimen primero como si fuera un tema cíclico, imposible de predecir o de combatir por esa misma volatilidad; de lo sucedido como una anomalía en ese ciclo de “cada quince días” que sólo genera ruido. Aprovecha la ocasión para darle un repasón a uno de los dolores de cabeza más importantes para este gobierno: las autodefensas; que fueron incapaces de regular y que surgieron por su propia inoperancia. Y sobre el final, deja en claro que considera que el problema lo ha superado y pretende centrar el debate en si deben o no legalizarse los opiáceos y demás subproductos de la amapola.


Alguna vez me dijeron en la oficina donde trabajo: “Más vale que nos llamen la atención por lo que hacemos que por lo que dejamos de hacer”. Señor gobernador, señor presidente, a Calderón podremos criticarlo por lo que hizo, pero ustedes destacan por lo que están dejando de hacer. ¿Hasta cuando?

miércoles, 5 de octubre de 2016

El león cree que todos son de su condición

En México no escasean las frases políticas desafortunadas; esas que, de no ser porque exudan cinismo, levantan ámpula y generan coraje, podríamos considerarlas hasta divertidas. Desde Javier Duarte comparando el crimen en Veracruz con “el robo de un frutsi y unos gansitos”, hasta el “Ya me cansé” de Murillo Karam en la conferencia de prensa de un tema que todavía hoy es delicado; son tantas las veces que nuestras figuras públicas han dicho una burrada que una recopilación podría encuadernarse en un volúmen de considerable tamaño. Hasta hace unos años nuestro máximo exponente era el expresidente Vicente Fox, al que su manera coloquial de hablar le valió en buena parte llegar a la presidencia y luego se las cobró todas durante su sexenio. Sin embargo, hoy por hoy le hace fuerte competencia (y a veces pareciera que intencionalmente) nuestro actual presidente: Enrique Peña Nieto.


“Este tema que tanto lacera, el tema de la corrupción, está en todos los órdenes de la sociedad y en todos los ámbitos. No hay nadie que pueda aventar la primera piedra.” soltó el titular del poder ejecutivo, en el punto álgido de un discurso con motivo de la Semana Nacional de la Transparencia.


Hace dos semanas platicamos sobre el equipo de asesores de Peña. Yo no sé quién en ese grupo le escribirá los discursos o por qué le siguen permitiendo improvisar cuando se sabe de sobra que eso de pensar sobre la marcha al mandatario se le complica. El caso es que, en sus labios, la frase sonó desafiante “Ni se atrevan a criticar, la Casa Blanca, Grupo Higa, la casa de mi compadre Videgaray, la tesis, Oceanografía... porque ustedes están igual”. El niño agarrando a palos el avispero, por más que se le ha dicho que no lo haga.




Señor Presidente, en México habemos millones de personas que podríamos, con toda la autoridad moral, lanzar una andanada lapidaria contra su administración. Imagino que estar rodeado de corruptela le parece natural, pero por favor no crea que todos estamos cortados con la misma tijera.
Sepa que la mayoría de los actos de corrupción en el país, así como los de mayor alcance por las personalidades y las estratosféricas cifras involucradas, provienen de su administración y del aparato gubernamental que usted dirige. Para muestra, permítame recordarle como a principios de julio sorprendieron a Arturo Escobar, senador del Partido Verde en el aeropuerto internacional de Chiapas con una maleta y más de un millón de pesos en efectivo que nunca pudo explicar (y vaya que se hizo bolas en el intento).


Pero no sólo en la gran escala es su gobierno fuente de corrupción. La corrupción hormiga, promovida por burocracias inefectivas e ineficientes, esa que vuelve casi imposible levantar un negocio a la derecha en México, también depende de usted y de la legislación vigente. El policía mordelón, el coyote enfrente de las dependencias gubernamentales, el endeudamiento que luego misteriosamente desaparece en los estados, todo supura de un sólo sitio, señor Presidente.

La frase, si es que era absolutamente indispensable decirla, no debía ser en tono de reproche, sino de contrición.  Y, lejos de ello, usted nos regaló hipocresía. Presumió en su discurso la conformación de instituciones para combatir la corrupción, los esfuerzos del gobierno por abatirla, pero entre las áreas más castigadas por el recorte presupuestal está la Secretaría de la Función Pública (responsable de auditarlo) y expertos señalan que el presupuesto asignado al Sistema Nacional Anticorrupción es insuficiente para echarlo a andar. Le recomiendo que lo revise, señor Presidente. Sería terrible imaginar que semejante sistema, con una legislación de vanguardia en el mundo, según presumió en su discurso, perdiera la partida antes de empezar, por culpa precisamente del rival que vino a combatir.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La oportunidad de la impopularidad.

Imagine usted por un momento que ocupa los zapatos de Carlos Pérez Verdía Canales, Coordinador de Asesores de Enrique Peña Nieto. Su labor principal es proveer al presidente de consejo experto y bien intencionado, ya sea propio o de alguno de los veinticuatro colaboradores que integran su equipo de trabajo. Prepararle para cada aparición pública, darle la información relevante y mantenerlo sensible y en contacto con las necesidades y sentir de la población son también parte de sus funciones.

Ocupa el cargo desde el pasado 2 de mayo, es decir, hace apenas cuatro meses y medio; pero la inercia de mala imagen que arrastra su patrón es una aplanadora que sigue ganando velocidad semana a semana y a la que hay que ponerle freno con urgencia. Hoy por hoy, la persona que lo contrató para cuidar su imagen tiene una paupérrima aprobación del 23%.

No está fácil. Nada de lo que ha intentado parece funcionar y los ataques no cesan. Nadie pareció notar que The Guardian pidió disculpas por la investigación del departamento en Miami prestado a la primera dama. El nuevo formato del informe de gobierno, diseñado para mejorar la imagen del presidente entre los jóvenes, resultó en un bodrio infumable que lució preparado y rígido. Los recortes en sectores prioritarios en el presupuesto para 2017 significaron munición para sus enemigos políticos y causaron descontento.  Incluso el premio al Estadista del Año otorgado por la Foreign Policy Association ha sido objeto de masivo pitorreo.

Démosle también el beneficio de la duda y supongamos, (porque queremos creer lo mejor de usted y de los 203 mil pesos que mensualmente se embolsa) que no le está jugando una cruel broma a Don Enrique y realmente le interesa pulir su imagen. ¿Qué haría usted?

A mi parecer, situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Si la población en general lo identifica como un político corrupto, proteccionista y títere de viejos intereses partidistas y de la estructura del viejo PRI; dele un vuelco a la mesa. Vuélvase justo contra esa clase política con la que lo identifican.

Promueva iniciativas como la abolición del fuero, la eliminación de los diputados plurinominales, la reducción de salarios y beneficios de Diputados y Senadores y de sus enormes séquitos que “trabajan” con ellos. Desafíe a los sindicatos, encabece una cruzada por un gobierno más esbelto, menos burocrático y aplíquese en la implementación del Sistema Nacional Anticorrupción. De cada victoria, anuncie con bombo y platillo el ahorro que representa y deje a la población sentir ese beneficio eliminando impuestos, robusteciendo los servicios de salud y educación, o reduciendo obligaciones para los pequeños empresarios.

“¿¡Y de dónde voy a sacar el capital político!?” preguntará. “Reformas como esas jamás van a tener el visto bueno del Poder Legislativo” Yo le respondería: No pregunte, coaccione. Use la pésima percepción del público y la amenaza de 2018 como palanca para mover al mundo. El PRI y su incondicional aliado, el Verde, controlan justo la mitad de la Cámara de Diputados y el 48% de la Cámara de Senadores. Si se organizan, pueden.

Recuérdeles que la coalición viene de recibir un duro golpe de realidad en las elecciones intermedias, donde perdió estados que eran históricamente bastiones priistas; que la mala imagen del presidente les está afectando y que a todo el partido le conviene recomponerla.

Métales miedo y deles una solución. A casi dos años de distancia el PAN ya perfila a Margarita Zavala o a Ricardo Anaya como presidenciables. Andrés Manuel lleva todo el sexenio en campaña. Y mientras tanto el PRI no tiene a nadie con el carisma y la capacidad de arrastre como para ser su caballo negro de la contienda. Eso se puede resolver: Denle la Coordinación de Bancada a un PRIista medianamente joven y con encanto. Déjenlo salir en televisión, que acapare los reflectores explicando las iniciativas y sus beneficios, háganlo quedar como aliado del presidente, como la dupla héroe y artífice de tan positivos cambios y encarrílenlo para ir por la grande en 2018.

Si ganan, bien por ustedes. Si no ganan, por lo menos el descalabro no será tan crítico. En cualquiera de los dos casos, ayudarán a remover lastres que le han impedido a México crecer como debiera. La oportunidad está ahí, no creo que se repita en largo tiempo.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Ineptitud por todos lados.

Hay dos maneras de alcanzar la etiqueta de buen gobernante:
La primera (y la ideal), es serlo a la derecha. Así de simple. Sin varitas mágicas, anteponer el bienestar de la ciudadanía, trabajar con la mente en el mediano y largo plazo atacando de el orígen de los problemas y no solamente los síntomas, siendo eficiente en la implementación de programas y servicios, todo esto mientras mantienes absoluta transparencia de las cuentas públicas (y las privadas). Gobernantes como estos pueden contarse con los dedos de una mano.

La segunda vía consiste en ser un extraordinario prestidigitador; una persona con el carisma para arrastrar la atención, el aplomo para mentir convincentemente y la inteligencia y habilidad para manejar tras bambalinas el delicado equilibrio en el que está montado todo el espectáculo. Este es el mago callejero que te roba el reloj y la cartera mientras eliges una carta. Creerás que fue un espectáculo maravilloso hasta que llegues a casa.
La etiqueta de “Buen Gobernante” le durará según cuanto tiempo pueda mantener el engaño y de qué tan conveniente sea para su sucesor que la tenga. A Juárez todavía se la cuelgan. A Salinas le duró mucho menos el gusto.

Aunque la historia moderna de México grita, de forma irrefutable, que la mayoría de los políticos nacionales se decantan por la segunda opción; soy optimista con respecto al futuro. La libertad de expresión, las comunicaciones de la era digital y las redes sociales, han demostrado que es cada vez más difícil mantener el engaño. La gente está mejor informada y hay mejores y más herramientas para desmentir a quien pretende engañar. Con el tiempo, la segunda opción dejará de ser viable, primero en los puestos de más visibilidad y sujetos a más escrutinios (como la presidencia) y luego en puestos de más bajo perfil, a través de la fotografía o el video de la burócrata prepotente o el diputado local que se quedó dormido.

En lo que esa transformación sucede, sin embargo, nos tocará vivir una triste transición: la de la ineptitud. Políticos y gobernantes que, acostumbrados a ser medianamente hábiles en la segunda vía como para prosperar mientras no sean el centro de atención, de pronto se verán sorprendidos sujetos a un escrutinio público al que no saben cómo reaccionar. Es el caso, creo, de Enrique Peña Nieto.

Peña es un político de la segunda vía que está completamente fuera de su elemento, excedido por la situación que lo rodea. Llegó a la presidencia con aires de estadista, a poner en marcha reformas que creímos que jamás veríamos en México y a recoger elogios de organismos y personalidades internacionales. Pero a pesar de todo su esfuerzo, la inercia de sus reformas sólo le dió para dos años. A la hora de entregar resultados o poner en marcha los acuerdos el gobierno de Peña se vio torpe, lento, incapaz.

Su cuarto informe de gobierno fue una sinfonía de verdades a medias, cifras convenientemente maquilladas y  mentiras completas o declaraciones incomprobables dichas frente a un grupo de jóvenes a modo y poco preparados para cuestionarle (¿Cómo formulan preguntas puntuales sobre un Informe que no han leído?)
Si no me cree, o aún no lo ha hecho, lo invito a que se pasee un momento por el maravilloso trabajo que Animal Político realizó para desmenuzar, hacer accesible y verificar la validez de dicho informe.

Sin nada de su gestión que valga la pena, la administración de Peña está especialmente vulnerable a los golpes mediáticos, como los de su tesis, la casa blanca, el departamento “prestado” a su esposa, entre otros. El manejo de esas crisis también ha dejado mucho que desear.

Falta de voluntad y de carácter para tomar la opción de hacer las cosas bien. Insuficiente habilidad para capotear el temporal y al menos dar la idea de progreso mientras oculta sus transas. Y como puñalada final, cinismo suficiente como para decirnos que “Lo bueno no se cuenta”, como si el error del mago fuera culpa de la audiencia.
Ni estadista, ni prestidigitador.  Lo de Peña es ineptitud por todos lados.

miércoles, 24 de agosto de 2016

¿Y la verdad?

A pesar de lo que pudieran pensar, me entusiasma enormemente que Carmen Aristegui haya anunciado, con bombo, platillo, y más parafernalia de la que ameritaba el caso, los resultados de su más reciente investigación periodística. Significa, contrario a lo que lleva reclamando desde que se quedara sin su “Primera Emisión” en MVS (marzo de 2015), que no está imposibilitada o impedida para hacer periodismo y que sigue gozando de todos sus derechos de libertad de expresión y de un poder de convocatoria realmente envidiable.


Semejante contradicción (ejercer derechos que supuestamente le han sido arrebatados) pasa desapercibida por esa condición tan humana de ver lo que queremos ver, o lo que acomoda a nuestros paradigmas. Si hallamos un saliente en donde apoyar nuestros argumentos, lo tomamos a toda prisa sin revisar con anterioridad si es lo suficientemente sólido para sostenernos.


Como cualquier otro comunicador (el término periodista me lo reservo) Carmen conoce a fondo a su audiencia y sabe darles lo que buscan. La mayoría es gente que la sigue desde que abandonó el programa “Hoy por hoy”, de W Radio, acusando presiones de las grandes cadenas de noticias contra su línea editorial “crítica”. Es gente que, por una razón u otra, se siente identificada como víctima y toma cualquier oportunidad que le ofrecen para indignarse. Gente que sistemáticamente adopta lo que le conviene y lo convierte en verdad absoluta. Gente que ha arropado a Carmen como campeona de la verdad y enemiga del gobierno represor.


Carmen, de manera brillante, alimenta esa imagen soltando ocasionalmente jugosas premisas que sugieren, presuponen, invitan a imaginar malos manejos, corrupción, o cualquier otro pretexto para rasgarse las vestiduras, a sabiendas de que su séquito de indignados permanentes tomarán esa fracción de verdad y la volverán escándalo; dejándola a ella, de nuevo, en el pedestal de las heroínas, de las valientes, de las subversivas. Lo hizo con el supuesto alcoholismo de Felipe Calderón y lo hace ahora.


El problema es que eso que hace Carmen difícilmente puede llamarse periodismo. Si la investigación sobre la tesis de Peña se hubiera llevado a cabo con un mínimo de rigor periodístico, el equipo habría tenido que investigar en la Universidad Panamericana qué fue lo que pasó con esa tesis. ¿Por qué se aprobó así? ¿Quién la aprobó? ¿Qué circunstancias rodearon el exámen profesional de Peña? ¿Hubo algún donativo/prebenda que coincidiera en fechas con la titulación del presidente? ¿Quiénes fueron, si los hubo, los académicos implicados? ¿No hubiera sido bueno señalar puntualmente a los culpables que a toda la institución y sus miles de egresados?


¿Y de parte de presidencia? Lo publicado por el vocero del ejecutivo, la forma en la que solicitaron sus comentarios; sin soltar información y a contrarreloj, a quemarropa, es para dar vergüenza. Es actuar con malicia para que el comentario, cualquiera que este sea, quede incompleto o pueda fácilmente sacarse de contexto.


No, en lugar de hacer honor a su profesión y buscar la verdad hasta las últimas consecuencias, en lugar de mostrar coherencia y ofrecer el derecho de réplica, Carmen arma la historia que a ella le conviene que se sepa. Esa que dá lugar a especulación, esa que hace más daño por lo que calla que por lo que dice.  Y ese es el lamentable estándar que tiene el periodismo en el país.


Si aún le parecen necesarias más pruebas de que el oficio de Carmen es la especulación, y no el periodismo, póngase a pensar en cuánto más contundente habría resultado la investigación de haber resultado completa, cuánto más dañina para el titular del ejecutivo. Una investigación que señalara culpables, expusiera el mecanismo que se usó para burlar (si es que se burló) el riguroso proceso de titulación de la Universidad Panamericana, que definiera cómo, quienes, cuando y a cambio de que, una investigación incontestable, que verdaderamente metiera en aprietos a la presidencia y no le permitiera escudarse detrás del flojo “error de estilo” o “fallo de impresión” con el que ahora se escudan.


En su lugar, Carmen nos presenta una hipótesis, la idea de que pudiera haber algo corrupto ahí, pero no la certeza. Una suposición que muchos, la caterva de seguidores que arrastra, ya dan como un hecho. Carmen sabe que no necesita más. Vuelve a ser el centro de atención, vuelve a ser noticia, vuelve a ser David luchando contra Goliat.

¿Y la verdad? Bien gracias

miércoles, 10 de febrero de 2016

Expediente Secreto Peña

El expediente secreto de la boda Peña Nieto-Rivera; así lo llama la página de Aristegui Noticias y la revista Proceso. Así intentan venderlo y hacerlo noticia, con la etiqueta: #BodaEPNRivera, con un banner  que cubre todo lo ancho del portal de la periodista, con espacios extensos en CNN.

El reportaje explica que el proceso mediante el cual la popular actriz Angélica Rivera anuló su primer matrimonio con José Alberto Castro estuvo plagado de irregularidades, falsedades y simulación. Que la Arquidiócesis Primada de México, encabezada por el cardenal Norberto Rivera, montó una maquinación que le arrebató las potestades de su ministerio sacerdotal a José Luis Salinas Aranda (DEP), que desempeñaba actividades pastorales en Televisa. Que el Tribunal de la Rota Romana, de El Vaticano, calificó todo el proceso como un "craso simulacro de justicia" Y finalmente, que todo este berenjenal de corruptelas hizo posible la boda de Enrique Peña Nieto, sellando la "inocultable construcción de una candidatura presidencial impulsada desde la televisión"

Revisé la barra de direcciones del navegador. Por un momento creí que ya no estaba leyendo a los medios de comunicación "más vanguardistas" y "de izquierda" del país, sino que estaba leyendo a Paty Chapoy, en la página principal de Ventaneando. ¿Pues no que Televisa te idiotiza?
Que divertido que los que se quejaban de la candidatura fabricada a golpes de televisor, saquen el culebrón y discutan en un noticiero "serio" a nivel nacional si la boda religiosa del "Güero" Castro con la Gaviota fue o no válida, quedó o no anulada.
Que irónico que a columnistas que no reconocen la validez del sacramento religioso como matrimonio, o que pugnen por la separación Iglesia – Estado, les parezca tan importante que el ciudadano presidente esté propiamente casado por la Iglesia, siguiendo con pulcritud el derecho canónico.

No estoy diciendo que la nota no sea interesante, simplemente que se le está sacando de proporción para que alcance dimensiones como las del escándalo de la casa blanca, por ejemplo. Proporciones que no tiene ni de lejos. ¿Quién arma ahora cortinas de humo? ¿No decían los chairos que había que concentrarnos en el peso, en los 43, en el barril del petróleo?
Ciertamente la celebración del 26 de noviembre de 2010, en la Catedral de Toluca fue un escenario ideal para impulsar la popularidad y la imagen del entonces gobernador y muy posible candidato a la presidencia. Pero eso fue dos años antes de las elecciones y fue sólo una fracción de toda la estrategia mercadológica que se desplegó a su alrededor. No puede ni debe tratarse como el punto definitorio de la campaña.

En cuanto a la alta jerarquía de la Iglesia mexicana, ellos diferencian claramente dos procesos: el de nulidad (sobre el cual, dicen, los tribunales de la Santa Sede no se han pronunciado), y el que le costó su ministerio al padre Salinas, por haber actuado como sacerdote sin licencia. Sin embargo, es curiosa la redacción del documento que lo sentencia "por irregularidades cometidas al intervenir en el matrimonio de los Sres. José Alberto Castro Alva y Angélica Rivera Hurtado"

Creo que el Cardenal equivoca el camino. Su proceder deja una mancha en su investidura y sobre todo en la Iglesia como institución, pues se dejó utilizar para beneficio político de un tercero. Por fortuna él no es la Iglesia, ni representa a todos los creyentes. Nos toca a las bases reconstruir.