miércoles, 31 de marzo de 2021

Para reflexionar y enmendar


Victoria Esperanza Salazar, salvadoreña de 36 años y quien residía en México como refugiada, fue asesinada por policías de Tulum, Quintana Roo. En el video que se hizo viral el pasado 27 de marzo se la ve boca abajo, esposada y con la rodilla de una mujer policía en el cuello. La posterior necropsia concluyó que la causa de muerte fue “una fractura en la parte superior de la columna vertebral producida por la ruptura de la primera y segunda vértebra”

Evidencia que posteriormente salió a la luz, como el video de seguridad del OXXO en donde fue arrestada, no demuestra que Victoria Esperanza haya cometido algún delito, o que su actitud y disposición fuera en absoluto violenta, peligrosa o impredecible. Aún así, la justificación de los oficiales fue que estaba “alterando el orden” ¿Por qué exactamente, fue arrestada, sometida y asesinada?

Por varias razones, quizá la principal de ellas el que no tenemos, desde hace años, cuerpos policiales confiables, bien entrenados y capacitados en casi ningún nivel de la estructura de seguridad pública. No digamos ya en temas de protocolos de actuación en situaciones de crisis y respeto a los derechos humanos, sino en los procesos más elementales de su trabajo diario. Una encuesta realizada a las corporaciones estatales en 2019 por la organización Causa en Común reveló que el 65% de los policías no contaban con capacitación respecto a las audiencias que se realizan ante un juez, el 52% aseguró que no se le instruyó para dar primeros auxilios y el 45% no recibió un aprendizaje para recibir denuncias, 29% no recibió ningún curso de perspectiva de género y el 19% apuntó que no tuvo adiestramiento en el uso de la fuerza y sobre la detención de una persona.

Los estados y las corporaciones policiacas buscan cuerpos, cifras que poder presumir, pero una vez que reúnen los números, no se preocupan por darles el seguimiento ni armar verdaderamente un equipo que tenga las herramientas para que haga cumplir la ley y proteja al ciudadano. No hay un plan de carrera ni una progresión nacional dentro del cuerpo. Por no mencionar las carencias materiales y presupuestales a las que deben hacer frente. En resumen las corporaciones policiacas están abandonadas a su suerte.

Otra de las razones, aunque duela reconocerlo, puede haber sido la discriminación y racismo sistémico intrínseco del país, vulgarmente conocido como “colorímetro”. La Encuesta Nacional sobre Discriminación (2017) hizo público que el 20.2% de la población de 18 años y más, declaró haber sufrido discriminación de algún tipo durante el último año, el 56% de estos, señaló que fue por su apariencia y tono de piel. La encuesta también ofrece reveladores datos sobre lo que los mexicanos consideramos “comportamiento aceptable” para los nacidos en el extranjero. La idea de que el maltrato y posterior asesinato de Victoria Esperanza haya sido motivado por ser mujer, salvadoreña o por su tono de piel no puede ni debe descartarse a la ligera.

Finalmente, porque no hay consecuencias para los culpables. No es la primera vez que se ha reportado abuso policial por parte de ese estado. En noviembre elementos de la Policía municipal de Benito Juárez, (también en Quintana Roo), realizaron disparos para dispersar una manifestación en el palacio municipal para exigir el esclarecimiento del feminicidio de Bianca Alexis. En Febrero la policía de Tulum, detuvo a una pareja homosexual (y extranjera) bajo la premisa de que “no podían besarse en público porque había niños presentes” (no hay nada en el código penal al respecto que justifique el levantón)

Hace poco menos de un año comenzaban las protestas masivas de Black Lives Matter por el asesinato de George Floyd. A pesar de transformarse en un hito importantísimo del 2020 y de nuestra cercanía con los Estados Unidos, los eventos invitaron poco a la reflexión de este lado del Rio Bravo. Quizá abrir los ojos a las tragedias y al abuso que ocurre con frecuencia en nuestro territorio finalmente nos empuje a la reflexión y, más importante, a la acción.



miércoles, 17 de marzo de 2021

Hacia una nueva política


Cada semana hay una etiqueta (Hashtag) nueva en redes sociales. Una pequeña viñeta producto de algún hecho (o más frecuente y frustrantemente, de algún dicho) que algún miembro de la presente administración (con frecuencia, el mismo presidente) tuvo la “ocurrencia” de soltar y que enciende las redes de gente indignada. Peor aún, hay quien cree que esta indignación y cólera expresados en la atmósfera digital le hace mella o le mueve el piso al poder. Nada más lejano a la realidad.

Sepa usted que todo es por diseño, que así está planeado y que hay razones para que a dichos personajes “se les escape” la declaración inoportuna, increíble, controversial o incendiaria. La mañanera misma funciona como proveedor diario de estos “deslices”. Se trata de marcar la agenda y lo hemos repetido en este espacio en incontables ocasiones: Cuando ellos pueden decidir en qué se va a concentrar o de qué va a hablar usted en Redes Sociales, ya ganaron.
Porque dejado llevar por la rabia, usted:
  1. No está hablando de lo que quiere, ni se está concentrando en lo que le interesa o en los temas que a usted le parecen importantes,
  2. Permite que la presente administración y su partido sigan acumulando titulares (positivos o negativos, da igual) consiguiendo que las alternativas políticas se pierdan y desdibujen en el ostracismo mediático veces incluso antes de establecerse. La alternativa morenista se presenta así como un bloque para el que no hay ni existe alternativa viable.
  3. Cambia la atención, el foco y el objetivo de su rabia cada 24 a 48 horas, evitando que se articule y construya una respuesta real y contundente a las muchas necesidades de este país y a las muchas atrocidades cometidas por el gobierno en turno.
Si en lugar de dedicarle tanto entusiasmo y tiempo a viralizar la etiqueta del día, se lo diéramos con constancia a algo que quisiéramos ver en nuestras comunidades (arreglar un parque, mejorar la iluminación de la colonia, conseguir recursos para el mobiliario de la escuela), a la mejor alcanzaríamos a construir algo que directamente represente un beneficio para el ciudadano de a pie y con algo de suerte hasta ponemos a trabajar a nuestros “representantes”.

También nos daríamos una mejor idea de con quiénes, de entre estas personas que buscan nuestro voto cada tres / seis años, sí se puede trabajar y en qué condiciones, y estaríamos mejor informados para tachar la boleta en tiempos de elecciones.

Incluso quizá, después de comprobar su valía y disposición a hacer su trabajo en la comunidad como le corresponde, hombro con hombro, hasta podríamos impulsar a estas personas de cara a sus partidos, para que aparezcan en las boletas los candidatos que SÍ queremos y que sabemos que SÍ funcionan. En lugar de quejarnos amargamente por la pedacera, el cartucho quemado y los impresentables que aparecen en esa hoja de papel cada que hay elecciones.

De otro modo, mexicanos, la política nos seguirá siendo ajena e inescrutable. Al político le seguirá bastando aliento y saliva y tendrán que seguirse gastando millonadas en campañas que comunican poco o nada. De seguir como vamos, seguiremos teniendo los mismos resultados, donde la compra del voto es “de facto” válida y viable, la ley es mera sugerencia y el mayor perjudicado es el y la mexicana de a pie como usted y yo .

 




miércoles, 10 de marzo de 2021

"Empatía" inútil


El lunes volvimos a ver escenas de violencia, volvimos a ver monumentos vandalizados y la indignación alcanzar punto de ebullición. No creo que haga falta derramar más tinta para explicar por qué está justificado (y quizá es necesario) ese grito desesperado de parte de las mujeres de este país. La postura de este espacio al respecto quedó clara desde en una entrada publicada el miércoles, 27 de noviembre de 2019 bajo el título de “Feminicidios”.

El apunte de esta semana más bien pretende ir un poquito más allá. Pretende reconocer que vino y se fue otro ocho de marzo “histórico”, como macabro Día de la Marmota, sin que las cosas cambien para el sector de la población que está exigiendo justicia. En algunos puntos, vamos incluso peor (el número de mujeres desaparecidas en lo que va del sexenio de López casi duplica al registrado en el mismo periodo del sexenio de Peña, por poner un ejemplo). Y pretende señalar también que nada cambiará si nos quedamos en esa postura “buenaondita” de “quémenlo todo” y “nosotros nos callamos para que ustedes hablen”

Una sociedad prospera en la diversidad, se nutre de ella. Es la interacción y cruce de las perspectivas de diferentes circunstancias y con diferentes habilidades la que nos permite hacer sinergia para cubrir las precariedades y paliar las dificultades de distintos grupos sociales, e individuos. Trabajar juntos, con empatía y civilidad, nos hace fuertes.
Si ante una situación crítica de uno de los grupos, lo mejor que podemos hacer es suscribir y validar la expresión de furia, frustración y enojo sin esforzarnos por lograr soluciones reales a esa expresión, estamos ahí nomás por el postureo y para vernos bonitos. Y se nota.

Leía por ahí el ejemplo: Imagine a una persona atrapada en la oscuridad de un pozo, gritando desesperada por poder salir. Usted, desde afuera del pozo y en condiciones de ayudar, se acerca. Pero al llegar al pozo en lugar de arrojarle una cuerda, o facilitarle una escalera, se avienta al fondo del pozo, igualando su circunstancia con la de ella, por ser "empático". ¿No le parece un completo desperdicio y un uso muy pobre de sus facultades? ¿No sería mejor aprovechar que a usted no le nubla el dolor y la rabia para conseguir facilitarle las cosas a la víctima?

Cito textual las palabras de este tuitero:
Circunstancias diferentes permiten abordajes diferentes. Para eso formamos comunidades: para alternarnos. Para subsidiarnos. Para apoyarnos. Para orientarnos. Para CONTENERNOS Y ACOMPAÑARNOS.
¿Qué estamos haciendo, pues? ¿Además de arrojarnos inútilmente como “aliades” quedabien? ¿Qué hemos propuesto o cómo hemos transformado nuestras comunidades más íntimas (familia y amistades) y no tanto (lugares de trabajo, municipios)? Hay harto que hacer en muchísimos ejes distintos. Van algunas ideas:

  1. Promover la auténtica prevención del delito con educación, recreación y ambientes familiares y comunitarios que alejen de conductas contra la mujer.
  2. Implementación de tecnología para que las mujeres puedan andar seguras por la calle. Espacios vigilados, bien iluminados. Acceso y capacitación en herramientas disuasorias: gas pimienta, porras colapsables; además del marco legal para utilizarlas. No tendrían que ser necesarias, y eventualmente cuando el cambio social completo se de, no lo serán. Pero facilitarían la transición.
  3. Fiscalías de primer mundo, servidores públicos suficientes y adecuadamente capacitados, con mecanismos de control de confianza y consecuencias ejemplares para quien abuse de su posición. Es encolerizante que haya chicas que van a denunciar abuso y terminen abusadas en las mismas comisarías.
  4. Cultura de la Denuncia: Para dimensionar la tragedia, para que las mujeres tengan la certeza de que se les tomará en serio y serán protegidas de represalias, para que se abran expedientes contra todos y cada uno de los infractores.
  5. Castigar en las urnas la presencia en la boleta de violadores, abusadores y traficantes de personas, como está ocurriendo en Guerrero y en otras partes del país.
No sé, son ideas. Seguro a usted se le ocurren más y mejores. Se trata de empezar a hacer, de tomar responsabilidad ciudadana y no de quedarnos con los brazos cruzados o limitarnos al irresponsable “Si amiga, tú quémalo todo”


miércoles, 3 de marzo de 2021

AMLO - BIDEN, el primer encuentro


Andrés Manuel López Obrador tuvo el lunes su primera reunión (virtual) con su nuevo homólogo estadounidense, Joe Biden. Para México esta era una primera reunión “de aproximación”, frente a un nuevo liderazgo en el país vecino que se antoja bien distinto al de Donald Trump, con quien se había alcanzado cierto tipo de entendimiento intercambiando favores.

Por lo que he leído de la reunión, ese modus-operandi se acabó. La cancillería y el gobierno mexicanos intentaron poner una buena cara y pintar las cosas de la mejor manera con calificativos positivos y frases hechas. Tatiana Clouthier, por ejemplo, se aventó la puntada de decir que fue una reunión “muy bonita”, lo que sea que eso signifique para el país. Pero para enterarnos de anuncios concretos, acuerdos alcanzados o vías de trabajo compartidas, el silencio fue más contundente y elocuente que cualquier declaración.

De los pendientes que llevaba López Obrador a la reunión, en ninguno se avanzó. Sugería, por ejemplo, que Estados Unidos enviara en calidad de préstamo algunas vacunas a México. Punto muerto. La portavoz del presidente Biden, Jen Psaki, fue categórica en la rueda de prensa “No, el presidente (Biden) ha dejado claro que está centrado en garantizar que las vacunas sean accesibles para todos los estadounidenses. Ese es nuestro foco».
Y está en absolutamente todo su derecho, el país vecino no tiene por qué estar rescatando a la administración lopezobradorista del problema de desabasto en que se metió por su propia incompetencia y no hacer los pedidos del inmunizante en tiempo. Pero la claridad y contundencia de Biden contrasta con la actitud más permisiva y negociadora de Trump.

El comunicado de prensa conjunto posterior a la reunión hace mención del acuerdo para «afrontar las causas de raíz de la migración regional, mejorar la gestión de la migración y desarrollar vías legales para la migración», pero ahí no se toca la idea de López Obrador de revivir el Programa Bracero, lanzado durante la Segunda Guerra Mundial y que permitía a trabajadores mexicanos migrar a Estados Unidos de forma legal, para compensar el déficit de mano de obra estadounidense. Es claro que nuestro vecino está enfocando las baterías en regularizar a los 11 millones de indocumentados que ya viven en Estados Unidos, antes de hacerse con nuevos migrantes. (Como nota al margen, con la friolera de 41 mil 283 millones de dólares enviados a México desde Estados Unidos, las remesas rompieron un récord anual en 2020)

Luego está el tema más contencioso: el energético, de respeto al nuevo tratado de libre comercio y de combate al cambio climático, que forman parte de la agenda de Biden y en donde ambos mandatarios están en posiciones antagónicas y en donde la Contrareforma Energética que prioriza las energías sucias en México juega un papel importante. A botepronto, el comunicado conjunto es vago y habrá que ver cómo se desarrolla en el futuro. Ya hay una minera canadiense solicitando arbitraje internacional contra nuestro país en los términos del tratado y si la reforma tiene éxito serán muchas más.

Finalmente, el tema de la seguridad, que aparentemente no se tocó, pero que está ahí como herida abierta luego del abuso de confianza del gobierno mexicano de liberar a un sospechoso (Cienfuegos) y exponer la carpeta de investigación que la DEA había compartido con las agencias de seguridad mexicanas. No estamos “peleados”, pero evidentemente cualquier iniciativa de cooperación anda sumergida en la hielera al punto en que ni se menciona en el comunicado conjunto.

Así las cosas pues, con el primer encuentro con el nuevo mandatario de los Estados Unidos. La relación se antoja difícil y tortuosa en los primeros meses, más allá de las palabras bonitas y los elogios intrascendentes.