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miércoles, 4 de abril de 2018

Ley negociable

A propósito del arranque de las campañas… Entre las promesas que Enrique Peña Nieto hizo antes de salir electo en 2012 se incluía el cambiar la tan criticada estrategia de Felipe Calderón respecto a la lucha contra el narcotráfico.
Ciertamente, hubo un cambio en la estrategia este sexenio, al menos mediáticamente hablando. Los diarios dejaron de llevar la cuenta diaria de los muertos, la nota roja relacionada con el narco desapareció de los principales noticiarios del país y en general se pretendió hacer como que el problema ya no existía.

La estrategia no funcionó, por supuesto. Pretender que no hay cocodrilo no evitará que te atrape si te acercas demasiado al río. El promedio anual de asesinatos dolosos en México por sexenio es mayor en el de Peña que en el de Calderón. 2017 fue el año más violento en la historia reciente de este país y Acapulco (por poner un ejemplo crudo) tiene el dudoso honor de ser la segunda ciudad más violenta del mundo calculando el número de homicidios por habitante. 

El estrategia de Peña también vio nacer diferentes movimientos que, convencidos de que el gobierno no estaba por la labor de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, tomaron el asunto en sus propias manos. Digan lo que quieran de Felipe Calderón y su estrategia (probablemente tendrán razón), pero bajo su mandato no hubo nada parecido a las autodefensas de Michoacán y Guerrero.
Peña reconoció en las autodefensas una fuerza paramilitar y un actor mediático que no le convenían a su administración e hizo lo posible por desarmarlas, al punto de arrestar a sus líderes. No le faltaba razón al decir que no era válido ni legal que un grupo hiciera justicia por su propia mano; pero tampoco hizo mucho por hacer valer el estado de derecho y que fuera el gobierno el que hiciera justicia.

Lo cual nos trae al último capítulo de este drama. Harto de la inacción, el obispo de la diócesis de Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza, subió a la sierra guerrerense a entrevistarse con un “alto capo de la droga” para gestionar la reinstalación de agua y luz en un poblado del municipio de Heliodoro Castillo. Aprovechando la oportunidad, el prelado dijo también que había negociado una especie de tregua para evitar que se siguiera asesinando a candidatos locales (desde septiembre del año pasado, han sido acribillados a balazos al menos 12 aspirantes a alcaldes en Guerrero).


El hecho podría parecer una raya más al tigre, pero si levanta cuestionamientos más bien importantes: ¿En qué país vivimos que un sacerdote tiene que negociar la liberación de servicios básicos de una población, porque el gobierno no puede hacerlo? ¿Cómo es que una nación en vías de desarrollo como México no puede garantizar el ejercicio libre de los derechos políticos de sus ciudadanos? ¿Hasta qué punto está contaminada la estructura gubernamental local si el crimen organizado puede matar impunemente candidatos que no le acomodan? En opinión del prelado los narcotraficantes están llenando el vacío que dejó el gobierno “ellos ya lo ocuparon, de hecho, ellos son los dueños de Guerrero”

Bien o mal, lo que el obispo Salvador Rangel está intentando hacer es en respuesta a una necesidad apremiante de su comunidad, necesidad que el gobierno no ha podido/querido atender. Por ello tiene gracia que tanto el Secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, como el gobernador de la entidad, el priista Héctor Astudillo, hayan criticado su intervención con el argumento de que “la ley no se negocia” 

Bueno, si no se negocia.. ¿¿Por qué no se aplica??

miércoles, 3 de febrero de 2016

Una visita controversial

Pues viene el Papa a México. A partir del viernes 12 de febrero tendremos  con nosotros en tierra mexicana al sucesor de San Pedro: argentino, carismático y declarado fanático pambolero.

Su sencillez (hasta donde cabe en un jefe de estado), alegría y la claridad de su mensaje han conseguido ganarse a los fieles. Y sus reformas al interior de la Iglesia han sido, cuando menos, interesantes. El establecimiento del Consejo de Cardenales (uno de los primeros órganos consultivos del vaticano), la lucha activa contra sacerdotes pederastas, la protección a víctimas de abusos y la creación de organismos de control y supervisión en materia financiera (todo en los primeros meses de su pontificado) demuestran su diligencia y rectitud. La apertura a tocar temas candentes en el Sínodo sobre la Familia, con visiones tan reformistas hoy como en su momento lo fueron las del Concilio Vaticano II en 1963, nos hablan de una persona con ganas de transformar profundamente a la Iglesia.

Por ser la persona que es, por lo que ha demostrado a lo largo de sus escasos años de pontificado y por su discurso duro contra la pobreza y la desigualdad social, uno pensaría que incluso la población no católica y los "progres" querrían al menos acercarse a escucharlo. Pero tal parece que no es el caso.

Desde que se anunció su venida  y cada vez más conforme se acerca la fecha, han circulado imágenes en redes sociales e información en contra de la visita de la máxima autoridad católica. Los argumentos varían desde la crítica por el despilfarro gubernamental, hasta el reclamo airado al pueblo de México que se deja "idiotizar" por la religión cuando al país se lo está "llevando el tren".

Honestamente no entiendo estos argumentos.

El Papa no cobra por visitar ningún país. Es cierto que se realizan colectas para cubrir los gastos de su visita, pero estas donaciones las hacen empresarios o los mismos fieles de manera voluntaria. Los boletos para asistir a los eventos son gratuitos (aunque siempre existen los revendedores) y finalmente cómo gasten su dinero estos donantes o los fieles que quieran verlo no es de incumbencia para los críticos recalcitrantes.
Donde sí le pone el gobierno es en la infraestructura de la visita, que finalmente se queda en el país para beneficio de sus habitantes. La repavimentación de calles, la limpieza de banquetas e instalación de luminarias son actividades que seguirán beneficiando a la población mucho después de que el Sumo Pontífice se haya ido. También contribuye a garantizar la seguridad del Papa, como con cualquier otro jefe de estado. Pero, comparando esa inversión con los millones de pesos de derrama económica en comercios, hoteles y negocios locales que dejará a las poblaciones que visite, su venida se paga sola.

Y a los que dicen que viene a "idiotizar" al país. ¿Notaron ya el itinerario? ¿No les parece atípico? El Papa visita San Cristóbal de las Casas, Morelia y Ciudad Juárez; todos son puntos calientes por la pobreza, la discriminación indígena, la delincuencia o el tema migratorio. La visita del Papa no será una visita agradable o cómoda para políticos y gobernantes, ese no es su estilo. Creo que su discurso, aunque siempre educado, será agudo
Este es el Papa que dijo: «Es deber de los cristianos involucrarse en política, aunque esta fuese demasiado sucia».  En ese sentido, creo que su mensaje bien puede ser de mucha ayuda a México, un tirón de orejas que necesitamos con urgencia.

Finalmente, creo que es una visita que interesa principalmente a los católicos. Argumentos van y vienen, pero estaría bien que la rama más radical del país decidiera practicar un poquito la libertad de ideología que exige y nos dejara a los creyentes disfrutar de tener cerca a quien consideramos un hombre sabio y ejemplar.