Mostrando las entradas con la etiqueta Narcotráfico. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Narcotráfico. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de marzo de 2022

Michoacán, el colmo del cinismo.

 Si escuchar la mañanera no fuera tan trágico y enfurecedor, sería hasta divertido.

El domingo sucede una desgracia en Michoacán. Un video casero muestra a un grupo de personas alineadas contra una casita, sometidas y con las manos en la cabeza. Otro grupo de personas, con armas largas, se organizan alrededor de dos furgonetas blancas, apuntando a los prisioneros. De pronto abren fuego. La escena se llena de humo y al espectador se le revuelve el estómago.


Al día siguiente, desde su púlpito en Palacio Nacional, el presidente cuestiona a los medios diciendo que le “llama la atención” que confirmaran el fusilamiento de 17 personas, sin que la fiscalía del estado haya confirmado la información.

“Las autoridades de Michoacán no tienen pruebas de que esto haya ocurrido […] Todavía no tenemos información. Se está haciendo la investigación, pero hasta hoy en la mañana en el informe que nos dieron no han encontrado cuerpos. Sí dos vehículos, casquillos, bolsas con partes de seres humanos, (!!!) pero no tenemos más”


¡Qué alivio! ¡Lo único que han encontrado son BOLSAS CON PARTES DE SERES HUMANOS! ¡Menos mal! Ya me había empezado a preocupar. Que mala onda de estos periodistas cizañosos que andan divulgando información sin la confirmación del Estado, el único proveedor auténtico de la verdad.


Perdóneme, querido lector, el exabrupto y exagerado uso de la ironía, pero es que después de cuatro años de vileza mañanera uno se va quedando sin términos correctos para expresar su disgusto y repulsión. Y no, no es que los sexenios anteriores fueran particularmente pacíficos; también hubo baños de sangre a pasto y a discreción. Pero al menos no nos tocaba sufrir también el cinismo de quien pretende que aquí no pasa nada.


Mientras el crimen organizado se da el lujo, con toda calma, de atacar un velorio, formar a sus víctimas, acribillarlas a sangre fría y luego limpiar la escena del crimen a plena luz del día; desde presidencia el discurso el martes es que por favor no lo llamemos “fusilamiento” sino “multi-ejecución”, que porque los disparos no estuvieron sincronizados. ¡Hágame usted el favor!


La circunstancia exige una investigación profunda de los protocolos de actuación de las fuerzas del orden en Michoacán y quizá hasta que replanteemos la iniciativa aquella de Calderón de los exámenes de control de confianza. Si la policía municipal “por protocolo” no se iba a acercar por estar “superados en número” ¿por qué no pidieron el apoyo de fuerzas estatales o federales? La Fiscalía de Michoacán reconoció que supo del ataque en el velorio en San José de Gracia, pero llegaron 3 horas después. ¿Por qué?


Y todavía sale el gobernador, dándoselas de estadista, de que la situación está “bajo control” ¿Cuál control, señor gobernador? ¡Si no saben ni lo que pasó! Ninguno de los tres niveles de gobierno pudo evitar esta tragedia y metiendo la cabeza en la tierra no podrán evitar la siguiente.


¿Cuánto más aterradora debe ser la verdad, si prefieren decir una mentira tan evidente y cargar con las consecuencias? ¿O será que la población mexicana es tan tibia que esas “consecuencias” en realidad no pesan? Habrá que ponerse a pensar, ciudadanos.




miércoles, 4 de abril de 2018

Ley negociable

A propósito del arranque de las campañas… Entre las promesas que Enrique Peña Nieto hizo antes de salir electo en 2012 se incluía el cambiar la tan criticada estrategia de Felipe Calderón respecto a la lucha contra el narcotráfico.
Ciertamente, hubo un cambio en la estrategia este sexenio, al menos mediáticamente hablando. Los diarios dejaron de llevar la cuenta diaria de los muertos, la nota roja relacionada con el narco desapareció de los principales noticiarios del país y en general se pretendió hacer como que el problema ya no existía.

La estrategia no funcionó, por supuesto. Pretender que no hay cocodrilo no evitará que te atrape si te acercas demasiado al río. El promedio anual de asesinatos dolosos en México por sexenio es mayor en el de Peña que en el de Calderón. 2017 fue el año más violento en la historia reciente de este país y Acapulco (por poner un ejemplo crudo) tiene el dudoso honor de ser la segunda ciudad más violenta del mundo calculando el número de homicidios por habitante. 

El estrategia de Peña también vio nacer diferentes movimientos que, convencidos de que el gobierno no estaba por la labor de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, tomaron el asunto en sus propias manos. Digan lo que quieran de Felipe Calderón y su estrategia (probablemente tendrán razón), pero bajo su mandato no hubo nada parecido a las autodefensas de Michoacán y Guerrero.
Peña reconoció en las autodefensas una fuerza paramilitar y un actor mediático que no le convenían a su administración e hizo lo posible por desarmarlas, al punto de arrestar a sus líderes. No le faltaba razón al decir que no era válido ni legal que un grupo hiciera justicia por su propia mano; pero tampoco hizo mucho por hacer valer el estado de derecho y que fuera el gobierno el que hiciera justicia.

Lo cual nos trae al último capítulo de este drama. Harto de la inacción, el obispo de la diócesis de Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza, subió a la sierra guerrerense a entrevistarse con un “alto capo de la droga” para gestionar la reinstalación de agua y luz en un poblado del municipio de Heliodoro Castillo. Aprovechando la oportunidad, el prelado dijo también que había negociado una especie de tregua para evitar que se siguiera asesinando a candidatos locales (desde septiembre del año pasado, han sido acribillados a balazos al menos 12 aspirantes a alcaldes en Guerrero).


El hecho podría parecer una raya más al tigre, pero si levanta cuestionamientos más bien importantes: ¿En qué país vivimos que un sacerdote tiene que negociar la liberación de servicios básicos de una población, porque el gobierno no puede hacerlo? ¿Cómo es que una nación en vías de desarrollo como México no puede garantizar el ejercicio libre de los derechos políticos de sus ciudadanos? ¿Hasta qué punto está contaminada la estructura gubernamental local si el crimen organizado puede matar impunemente candidatos que no le acomodan? En opinión del prelado los narcotraficantes están llenando el vacío que dejó el gobierno “ellos ya lo ocuparon, de hecho, ellos son los dueños de Guerrero”

Bien o mal, lo que el obispo Salvador Rangel está intentando hacer es en respuesta a una necesidad apremiante de su comunidad, necesidad que el gobierno no ha podido/querido atender. Por ello tiene gracia que tanto el Secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, como el gobernador de la entidad, el priista Héctor Astudillo, hayan criticado su intervención con el argumento de que “la ley no se negocia” 

Bueno, si no se negocia.. ¿¿Por qué no se aplica??

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Del cinismo y la inacción

Calderón, la verdad sea dicha, quizá erró en su estrategia contra el narco. Quizá falló en proveer medidas alternativas de prevención del delito, de generar condiciones económicas que permitieran reducir la desocupación, y por lo tanto, que se tuviera que recurrir a la delincuencia para subsistir. Pero, como ya había mencionado en una entrada anterior (¡de marzo de 2015!) tuvo al menos la decencia de reconocer un problema, establecer acciones concretas y morirse con la suya a pesar de convertirse en blanco de críticas de parte de población y prensa.

La administración Peñista, más dependiente del juego de luces y espejos de prestidigitador barato, ha preferido ocultar las cosas, o tirar la bolita a los estados; pese a que las cifras siguen siendo alarmantes. Sirva Guerrero durante el pasado fin de semana, el llamado Buen Fin, como botón de ejemplo: 27 personas muertas en menos de 48 horas. ¿Y la postura oficial? Bien gracias.

Héctor Antonio Astudillo Flores, gobernador del estado, salió el día de hoy a decir que tenían “plenamente identificadas” a las células delictivas de los diferentes municipios. No quiso o no pudo explicar por qué si las tienen tan bien ubicadas, no han hecho nada por desarticularlas, ni pudieron evitar los homicidios. Los comentarios que sí hizo, sin embargo, fueron igualmente inoportunos:  

“esta jornada pico de violencia genera ruido indeseado para el estado [..] genera rebotes mediáticos”

“(El crimen organizado) tiene una gran capacidad para desaparecer durante 15 días o por un mes… y vuelve a investir(sic)”

“Estamos haciendo refuerzo donde existen este tipo de acontecimientos: los lugares con policías comunitarias o fracciones que, se supone, eran defensores, los fueron cooptados por el crimen organizado y ahora se dedican a sembrar el terror.”

“Es que una parte fundamental del problema es la amapola: en medida que exista y que Estados Unidos sea tan demandante, el asunto se tiene que ver con otra salida. Orientarlo hacia el tema médico”


Claramente lo que le dolía durante la conferencia de prensa no era la tragedia (que eso es lo que es), sino tener que estar ahí dando la cara y dando explicaciones a los medios. Lo único consistente de su discurso es el derrotismo y el repartir culpas.

Habla del crimen primero como si fuera un tema cíclico, imposible de predecir o de combatir por esa misma volatilidad; de lo sucedido como una anomalía en ese ciclo de “cada quince días” que sólo genera ruido. Aprovecha la ocasión para darle un repasón a uno de los dolores de cabeza más importantes para este gobierno: las autodefensas; que fueron incapaces de regular y que surgieron por su propia inoperancia. Y sobre el final, deja en claro que considera que el problema lo ha superado y pretende centrar el debate en si deben o no legalizarse los opiáceos y demás subproductos de la amapola.


Alguna vez me dijeron en la oficina donde trabajo: “Más vale que nos llamen la atención por lo que hacemos que por lo que dejamos de hacer”. Señor gobernador, señor presidente, a Calderón podremos criticarlo por lo que hizo, pero ustedes destacan por lo que están dejando de hacer. ¿Hasta cuando?