miércoles, 24 de junio de 2015

Matrimonios Homosexuales: De lo bueno, y de lo ideal

Este iba a ser el tema del miércoles pasado. Mientras escribía un primer borrador, comencé a dudar de lo que exponía. La cuestión es controversial y los grupos a favor y en contra tienen argumentos válidos. Por suerte y como era de esperar, el tema ha desatado discusiones en diferentes esferas y todo eso me ha permitido definir un poco mejor qué es lo que pienso con relación este tema. Así que, aunque nadie la pidió, aquí va:  

Primero, los pongo en contexto: El pasado domingo 14 de junio la Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió una jurisprudencia que, en dos líneas, asienta la legalización de los matrimonios homosexuales en el país. Cito textualmente:

"La Ley de cualquier entidad federativa que, por un lado, considere que la finalidad del matrimonio es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, es inconstitucional".
"Bajo ninguna circunstancia se puede negar o restringir a nadie un derecho con base en su orientación sexual".

La jugada de la SCJN no echa por tierra las legislaciones estatales, algunas todavía renuentes. Pero si permite a las parejas que les sea negado el trámite presentarse ante los jueces de distrito que, por la jurisprudencia, están obligados a pronunciarse a favor de la pareja.  En cuanto se acumulen suficientes casos, la jurisprudencia terminará desbaratando las leyes locales.

Desde mi trinchera, felicito a la comunidad homosexual por su logro y a la SCJN por el fallo. Entiendo que cada quien puede pensar lo que prefiera de este sector de la población, pero más allá de las consideraciones morales subjetivas, es un hecho que son personas; ciudadanos a los que les corresponden los mismos derechos ante la ley que a cualquier otro y que están protegidos por el artículo primero de nuestra Constitución.
En ese sentido, las parejas homosexuales ganan acceso a una serie de beneficios conyugales que antes eran exclusivos de las heterosexuales; como en temas de herencias, sucesiones, seguros y servicios médicos, seguridad social, beneficios laborales e incluso el trámite de divorcio (porque sí, la certeza de que existe un sistema legal que puede disolver la unión y distribuir sus activos de manera imparcial es un beneficio).

Hasta aquí se ha hablado únicamente de los derechos individuales de dos personas adultas que ejerciendo su libertad y de manera voluntaria están uniendo sus vidas en busca de su felicidad. El tema se pone escabroso cuando incluimos a un tercero, menor de edad, cuya voluntad y consciencia no está plenamente desarrollada.  El término "matrimonio" abre las puertas a que las parejas homosexuales adopten niños.

Voy a ponerlo sobre la mesa: Yo no estoy de acuerdo con que las parejas homosexuales adopten y si de mí dependiera, en igualdad de circunstancias, elegiría a una pareja heterosexual que a una integrada por dos personas del mismo sexo. Creo que un niño o niña en desarrollo necesita tener modelos de ambos géneros para tener un desarrollo integral y completo. Porque, a pesar de la agenda que las feministas están empujando con fuerza, hombres y mujeres son, piensan y actúan de manera distinta y el niño tiene derecho a conocer y apreciar esas diferencias.

Dicho lo anterior, creo que lo ideal es enemigo de lo bueno. Lo ideal sería que no hubiera niños huérfanos, no deseados o entregados en adopción. Lo ideal sería que todos tuvieran un modelo de familia que les permitiera tener expectativas de qué esperar de un hombre y de una mujer y, en la medida en la que van creciendo y conociendo el mundo, desarrollen su propia identidad y descubran sin miedo su sexualidad. Pero nos alejamos cada vez más de ese ideal, y en eso nada tienen que ver los homosexuales.

El valor que como sociedad le damos a la familia es cada vez menor. El matrimonio ya no se considera un compromiso para toda la vida, cuando debiera serlo. Los jóvenes se vuelven padres sin la madurez o el entorno adecuado para criar a un hijo. La violencia intrafamiliar es cada vez más frecuente. Y en medio de todo esto ¿debemos realmente darle la espalda a una pareja que, aunque del mismo sexo, podría proporcionarle al niño un entorno mucho más propicio para desarrollarse que el abandono al que lo condenaron sus padres biológicos?


En ausencia de lo ideal, prefiero lo bueno. Creo que las parejas homosexuales bien podrían ser nuestras aliadas en la reestructuración de la familia y en la recuperación de los valores familiares. Si, no son lo ideal, pero están lejos de ser lo peor que le ha pasado a la familia en los últimos años. Rescatemos lo bueno, para acercarnos al ideal.

miércoles, 10 de junio de 2015

Carta (Electoral) a Santa Claus

Querido Santa:
Disculpa que interrumpa con mi carta tus vacaciones por el Caribe, pero las pasadas elecciones me han dejado pensativo y también un poco decepcionado.  Sé que apenas estamos en junio y que faltan meses para que vuelvas al trabajo, pero temo que lo que te tengo que pedir es tan complicado, que si no te lo encargo ahora no lo tendrás listo para Navidad. Quiero una reforma electoral. Ahí va la lista:

1.- Que tengamos mayor interés, como ciudadanos, por lo que pasa en nuestro país.
En los pasados comicios acudimos a votar 36.5 millones de personas; el 47% del padrón electoral. Nosotros decidimos por los más de 123 millones de almas que habitamos el país. La proporción es de 1 en cada 4. Y si consideramos además que esa fracción se dividió aún más entre los diferentes partidos y candidatos, finalmente quien sea que gane las elecciones tiene el apoyo de apenas una pequeña fracción de la población total. De hecho, tiene el apoyo de una minoría. Tal vez quieras considerar las segundas vueltas, el referendo y la revocación de mandato como opciones.

2.- Que las campañas duren menos y sean menos caras.
Si vas a considerar segundas vueltas, es indispensable que arregles primero las campañas, su costo y duración. En teoría, duran sólo dos meses, pero entre precampañas, destapes y rumores, el tema se viene rumiando desde noviembre del año pasado. Y el costo total de las elecciones fue de 5,096 millones de pesos, de acuerdo con el Anteproyecto de Presupuesto del INE (tendrías que  revisar las cifras reales, cuando las publiquen).  En un país con problemas tan graves, que se despilfarre tanto tiempo y dinero es un categórico sinsentido y termina generando molestia en la población.
Recortemos el tiempo de campañas a un único mes, y limitemos el presupuesto que reciben los candidatos. Obliguémoslos a hacer campaña en base a sus ideas, no a sus mercadólogos (Kumamoto ya demostró que se puede).
  
3.- Que exista una verdadera oposición ideológica.
Las propuestas de este periodo electoral fueron un bodrio, copia y calca unas de otras. En los temas candentes de materia social (aborto, matrimonios del mismo sexo, legalización de la marihuana) todavía hay una clara línea que divide las ideas de uno y otro partido; pero en materia económica es otro cantar. Todos sin excepción están apelando a la misma demagogia, al apoyo, al subsidio y a los programas sociales; a un estado centralista, proteccionista, avasallador y metomentodo. Electoralmente funciona y es atractivo, pero nos impide explorar otras opciones como nación. Como, por ejemplo, la de una nación económicamente más libre, que nadie propone.
Me gustaría ver esas otras opciones representadas dignamente. Me gustaría ver partidos llenos de gente preparada con ideologías firmes y no chapulines del montón que cambian según les conviene. Me gustaría ver en la boleta sólo tres o cuatro opciones, bien diferentes cada una, en lugar del enorme listado indistinguible con el que me encontré el domingo. Me gustaría acabar con los partidos que sólo están ahí para sacar dinero y vivir del presupuesto del INE.

4.- Que el voto nulo tenga más peso.
El voto nulo es un voto de protesta y ha tenido sus victorias (las candidaturas independientes, por ejemplo) pero requiere de un empujón para que sea la herramienta transformadora que necesitamos que sea. Más de un millón y medio de personas anulamos nuestro voto al no sentirnos representados por nadie. Superamos en las urnas a varios partidos pequeños. ¿No sería coherente que dichos partidos perdieran su registro? Es decir, si no pudiste capitalizar entre quienes no se sienten representados o jalar más votos que la inconformidad. ¿A qué estás jugando como partido?

En fin Santa, son cuatro puntos, pero son toda la diferencia. Si no puedes dejarlo bajo el árbol este fin de año no te preocupes, me basta con que quede lista para arrancar 2018. No te lo pido yo, creo que hablo por muchos mexicanos.

Atte:
Uno Opina


PD: Y tú lector ¿Qué otra cosa propondrías? 

miércoles, 3 de junio de 2015

No negociamos con terroristas

Hay una razón por la cual existe la máxima de "No negociamos con terroristas". Ceder a la presión de grupos violentos y radicales solo incentiva la formación de dichos grupos y establece la agresión y la amenaza como formas válidas de acercamiento a la "autoridad" (que, para entonces, ya no es tal). Es una relación sencillísima de causa y efecto, pero parece que en México no la hemos entendido.
El viernes pasado el gobierno de Enrique Peña dobló las manos frente a la violencia desplegada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y rindió sin condiciones una de las naves insignia del sexenio: la Reforma Educativa y su evaluación para profesores.

Antes de pasar a ver los motivos que empujaron a la SEP y Peña a tal decisión (y los resultados conseguidos con la maniobra), quisiera extenderme un poco en la gravedad de la misma.

La reforma educativa ya es (¿o era?) ley. Una ley que, hasta unos días antes esta decisión, el presidente había dicho que se aplicaría implacablemente en todas las entidades del país. Bastó un poco de presión y un escueto comunicado para que el gobierno en funciones decidiera, sin ninguna justificación válida o siquiera legal, ignorar la ley. Esto sienta un precedente terrible. Si el ejecutivo puede echar bajo el tapete cualquier legislación inconveniente, nada nos separa de una dictadura totalitaria y la división tripartita del poder no es más que un chiste.

Luego está la otra cuestión: La educativa fue la primera y quizá la mejor de una serie de reformas que han sido el estandarte del actual gobierno. Fue resultado de un arduo proceso de negociación entre las tres principales fuerzas políticas y  se presumían como "estructurales", de naturaleza tal que iban a transformar la estructura misma del país y "Mover a México". ¿Qué compromiso puede tener este gobierno con México y con su ideología, si está dispuesto a tirar este titánico esfuerzo por la ventana al menor signo de problemas?

Ahora bien, el objetivo con el anuncio del viernes era mostrar buena voluntad, permitir el diálogo y garantizar la realización de los comicios del próximo domingo. Nada de eso se consiguió. El día de hoy el periódico El Informador abre en primera plana con: "La CNTE radicaliza boicot electoral; afecta a cinco estados" y procede a narrar las tropelías que este grupo de inadaptados (mal llamados maestros) desataron en Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Guerrero y la capital del país. Desde quema de boletas y bloqueos hasta destrucción de mobiliario y toma de gasolineras. En la Junta Distrital del INE en Oaxaca incluso desalojaron a soldados del ejército mexicano para realizar sus desmanes.

El viernes, Peña entregó más que la evaluación a los maestros. Entregó la dignidad de su cargo, la poca credibilidad que le quedaba a su gestión y el único logro del que podía presumir. Entregó también cualquier rastro de autoridad que pudiera haberle quedado. Quedó desnudo, exhibido, débil y no consiguió nada más que convencer a la CNTE y a cuanto grupo inconforme haya por ahí (y son cada vez más) que es a través de la violencia, escándalo y el chantaje que se obtiene del gobierno lo que se quiere.
Hay una razón por la cual existe la máxima de "No negociamos con terroristas".


Bono Electoral: ¿Por quién voy a votar?

No me lo han preguntado, pero ese es precisamente el truco de este blog y tengo que publicarlo antes del cierre oficial de campañas, no vaya a ser que me acusen de violar la ley. Así que aquí van, mis decisiones y las razones detrás de las mismas.

Presidente Municipal: Pablo Lemus, de Movimiento Ciudadano.

No tolero al partido ni su corriente izquierdista, pero Lemus es el único que podría sacar al PRI de la cabecera municipal y me parece un imperativo hacerlo. Acción Nacional sigue reciclando candidatos, aunque su campaña federal sea de "nuevas ideas".
Por otro lado, Lemus propone un ahorro de 400 millones de pesos, consulta de ratificación de mandato, simplificación de los trámites para la creación de nuevas empresas y en general más acercamiento con la gente. Habrá que darles la oportunidad, porque no veo otra opción.

Diputación Local: Pedro Kumamoto, Candidato Independiente.

No lo he seguido tan de cerca, ni estoy de acuerdo con muchas de sus ideas, que son de corte izquierdista. Tampoco tengo mucha esperanza de que consiga mucho desde la curul y en solitario ,si gana. Pero Pedro representa una idea que necesita apoyo con urgencia: que la población debe recuperar los espacios de gobierno y que es posible combatir a los grandes partidos. De resultar vencedor, esas ideas podrían hacer eco en el resto del país y su movimiento inspirar a más gente. No me importa si no gana, me interesa que suene.

Diputación Federal: Voto Nulo

Si, pienso anular. No conozco a ninguno de los candidatos, así que me veo obligado a votar por los partidos. No quiero al PRI, tampoco quiero al PAN comparsa o medroso de los últimos tres años, ni a una izquierda que bloquee iniciativas y provoque encono. A los pequeños ni los considero, sólo estaría ayudándoles a conseguir el registro. En resumen, no quiero a ninguno y estoy en evidente descontento con mis opciones.
Peña prometió durante su campaña que reduciría el número de plurinominales. A ver cuándo se nos hace.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Uber

Lo evadía por ser el tema de moda. Leí a muchas plumas, mejores y más agudas que la mía, argumentando a favor y en contra. Encontré muchos de mis argumentos ya plasmados en esas columnas de opinión. Me figuré que en poco o nada podría contribuir al debate.
Luego pasó lo del lunes y me ganó la risa. Supe que no podía seguir dejándolo de lado.

En primer lugar, aclarar que no me extraña que los ánimos de protesta y plantón estén exacerbados. Estamos en periodo electoral y cada grupo, sindicato y movimiento aprovecha la coyuntura para mostrar músculo y meter en jaque a quienes están ocupados persiguiendo votos. En el mejor de los casos, lo hacen bajo las órdenes de sus líderes que buscan mayores concesiones y prebendas; en el peor, de algún político que les protege o hace de la vista gorda a cambio de cuotas y moches.

Los taxistas están en este segundo grupo: protegidos por un gobierno que establece barreras de entrada artificiales al sector del transporte público individual y que les permite monopolizar el sector con un servicio mediocre; pero al mismo tiempo están obligados a pagar por permisos, tarjetones, placas y moches para sostener al operador político que les da esa "protección".

Su protesta, desde el punto de vista de mercado, es un absurdo monumental.  Es como si Blockbuster se quejara del advenimiento de Netflix, o las agencias de viaje de que aerolíneas y hoteles permitan la compra y reservación por Internet.  La iniciativa privada, en un intento por atraer al cliente a su producto o servicio, tiende a innovar, a cambiar constantemente las reglas del juego en beneficio del consumidor. Si permitiéramos que se detuviera así el progreso, probablemente seguiríamos utilizando velas para no perjudicar a los fabricantes de cera.

Pero su reclamo, desde el punto de vista político, tiene muchísimo sentido. Se trata del operador político defendiendo su fuente de ingresos y de poder. Si el taxista concesionario desaparece, desaparecen también las cuotas, marchas y plantones; desaparece la herramienta con la cual coacciona al gobierno para conseguir lo que quiere.  

Si la demanda de los taxistas de competir en igualdad de condiciones fuera legítima, pedirían que se les liberara del yugo tributario y de corruptelas que tienen que sortear para trabajar. Pero en su lugar piden que desaparezcan a la competencia, o que la sometan a las mismas condiciones, al mismo servilismo a un cabecilla político.

Tristemente, por la coyuntura electoral, el circo del lunes funcionará. Como consecuencia de las protestas en Tlalpan y Reforma, el día de hoy el GDF ya recibió a representantes del gremio para "dialogar". Cedió a las exigencias de un grupo que tomó secuestrada a la ciudad y con ello incentivó a que se sigan dando este tipo de plantones y protestas y a que se perpetúe el modelo de los grupos de choque del político en turno.


Mientras se sigue dirimiendo qué ocurrirá con empresas como Uber y Cabify, en las preferencias del consumidor las alternativas privadas le siguen comiendo terreno a la alternativa gubernamental. Durante las protestas del lunes, Uber utilizó una brillante estrategia y regaló dos viajes de menos de $150.00 a cada uno de sus usuarios. La descarga de la aplicación experimentó un incremento del 800%. No cabe duda: para vender vale más servir que tener padrino político.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Perseverar en el cambio

El pasado lunes tuve el gusto de recibir en mi casa a dos buenos amigos que llevaba algún tiempo sin ver. Además de ponernos al corriente tuvimos la oportunidad de hablar de muchas cosas. Entre los temas, como no podía ser de otra forma en esta época, estuvo la política.
Ninguno de los tres ve claro el panorama electoral. Desde nuestra trinchera, el problema ya no es únicamente que tengamos un gobierno corrupto, sino que además es cínico al respecto. En cualquier otro lugar del mundo un escándalo como el de la casa blanca de Las Lomas le habría costado su puesto al presidente, pero no en México, donde parece que todo se olvida en menos de un mes. Llegamos a la conclusión de que es indispensable un cambio en el electorado y en la población entera. Necesitamos un México más participativo, más firme con sus gobernantes y sobre todo, más ético. Después de todo, quienes nos gobiernan son reflejo de la sociedad que los eligió.

Ahí quedó la cosa. Pero me quedé con la idea en la cabeza.

Al día siguiente escuché en el radio, durante el trayecto al trabajo, la marejada de anuncios publicitarios de los diferentes candidatos. Comencé a notar el patrón. Todo mundo repite la palabra "cambio": "Tu voto es la fuerza del cambio", "#ParaCambiarLaHistoria", "Cambiemos el rumbo con nuevas ideas", "El cambio verdadero"
No me pareció extraño, sino curioso. La ciudadanía está sedienta de cambio y los partidos lo perciben. Saben que están haciendo tan mal trabajo que incluso candidatos del partido en el poder proponen cambio y no continuidad. No tienen nada qué presumir, ni en qué apoyarse de las administraciones pasadas.

No está mal que queramos un cambio; habla de nuestra inconformidad como nación. Pero yo desconfío enormemente del cambio que proponen los partidos. Lo pintan demasiado fácil, y lo primero que hay que entender del cambio es que nunca es fácil.
Hay empresas que gastan millones en consultores y tardan años en hacer transformaciones dentro de sus estructuras, y eso que no hay elección cada tres años y al jefe no lo eligen democráticamente. Hay universidades que ofrecen especialidades en Gestión del Cambio y cualquier curso de administración mencionará cómo hacer frente a la resistencia al cambio. En nuestra vida diaria nos cuesta mucho trabajo cambiar, a pesar de que sólo luchamos contra nosotros mismos por estudiar más, por bajar de peso o por mejorar como personas. El cambio es difícil.

¿Por qué nos dejamos convencer entonces por las palabras bonitas de un candidato? ¿Por qué creemos que tres o seis años nos transformaremos como sociedad y como nación? El cambio que proponen los partidos es similar al de Tancredi, el personaje de Il Gattopardo que dice: "Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie". No importa de qué color sea el gobernante, si va a seguir estando a la cabeza de la misma estructura de siempre no cambia nada.

No nos andemos por las ramas, ya sabemos qué tenemos que hacer para transformar de verdad el país en el que vivimos. Pero, como platicábamos el lunes mis amigos y yo, creemos que el cambio es fácil y rápido. Las candidaturas ciudadanas, la gran cantidad de asociaciones civiles que buscan resolver lo que el gobierno no puede, los padres de familia que educan con el ejemplo, todas esas personas que respetan los señalamientos de tránsito, son responsables en sus trabajos y educan en valores están plantando la semilla de un cambio del que no veremos fruto sino hasta dentro de por lo menos una generación, a más de 25 años de distancia. Pero será un cambio profundo y duradero.


Mexicanos, necesitamos perseverar, porque el que persevera, alcanza.

miércoles, 13 de mayo de 2015

La película del año.

El Instituto Nacional Electoral avaló el día de hoy a Marcelo Ebrard Casaubón como suplente a diputado federal por el partido Movimiento Ciudadano. Es el último capítulo en un largo drama que sin esfuerzo podría transformarse en el guión de un éxito cinematográfico de verano.

La historia bien podría ser la de un osado patriota que, en busca de una oportunidad para hacer algo por su país desde San Lázaro, hace uso de todo su ingenio para alcanzar su sueño y la curul en medio de un mundo adverso. O bien, la de un ladino político que busca desesperadamente refugio y fuero constitucional después de que hicieran evidente que no todo fue claro en la construcción de la línea 12 del metro que él ordenó.

Le dejaré elegir la versión que prefiera, yo quiero concentrarme en otro personaje: el árbitro, el INE.  El guión lo pinta como autoridad firme e independiente, pero en el producto final deja muchísimo que desear y queda como un personaje mueble: está ahí, lo vemos a cuadro, pero apenas y resulta influyente o sustancioso para la historia.

Tardó en hacerse notar en la escena de la campaña adelantada (y costosa) del Partido Verde. No se le ha visto por ningún lado con los descarados actos anticipados de campaña de Andrés Manuel, que usa estas elecciones y a Morena como plataforma para 2018. Como mediador, el Pacto de Civilidad que propuso en febrero está olvidado en algún rincón mientras todos los partidos se lanzan al cuello de sus contrincantes. Ahora le abre a Marcelo otro proceso para que participe por una curul que la Sala Superior del Tribunal Electoral ya le había negado previamente por participar en dos procesos a la vez, con dos distintos partidos. ¿Cómo entonces podemos tomar al INE por otra cosa que no sea el secuaz cínico del villano?

Quizá sea culpa del actor, del Dr. Lorenzo Córdova Vianello, presidente del INE, porque no le imprime fuerza a la interpretación, o no tiene el talento para el rol que tiene que jugar. Pero yo no lo creo, uno mira su currículo y si encuentra la preparación y las tablas que debería tener el interprete de este personaje. ¿Qué falla entonces?

El problema parece estar en el resto de nuestros actores del reparto, los partidos políticos. Interpretados por actores demasiado ambiciosos para su propio bien, que no tienen ningún interés en ser relegados a sus posiciones de apoyo a la acción democrática, estos personajes pronto están en todos lados, interfiriendo en la escenografía, la composición de la toma y a veces hasta el mismo guión.

Y a todo esto ¿dónde está el director? ¿No debería ser él quien pusiera orden, quien llevara a la vida la visión que tenemos en el guión, nuestra Constitución? ¿Y si le dijera que el director somos usted y yo y las millones de personas que nos hacemos llamar mexicanos?

Empecemos a poner orden, empecemos a quitarle poder a quienes no deberían tenerlo. Quizá así dejaríamos de tener una película de corte surrealista y comenzaríamos a construir un país en donde las cosas tengan aunque sea un poco de sentido.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Libertad de prensa... cuando nos conviene.

El pasado domingo 26 de abril la redacción del semanario católico "Desde la Fe" publicó una editorial que, sin mencionar a ningún partido pero dejando adivinar que se refiere al PRD, critica las propuestas en pro del aborto, la legalización de la marihuana y otras más que califica de demagógicas y tramposas.
Algunas de las críticas vienen, indudablemente, por que las propuestas van en contra de los valores que la iglesia católica promueve. Otras, sin embargo, están fundadas más allá de la ideología y son bastante certeras. ¿Porqué, pregunta el semanario, se promete Wi-fi gratis cuando ya es un derecho que protege nuestra Constitución en su artículo 6°? ¿Con qué autoridad moral se proponen "comisiones de la verdad" cuando el partido, desde tiempos de René Bejarano (el señor de las ligas) y hasta la fecha con Marcelo Ebrard (que no ha explicado qué pasó en la línea 12 del metro), no ha dado la más mínima muestra de estar interesado en la transparencia? ¿Por qué se engaña con el espejismo de un salario mínimo más alto, cuando el Distrito Federal tiene una de las mayores tasas de desocupación del país?

El PRD, como ya es costumbre entre los partidos y sus políticos, no soportó un poquito de crítica constructiva y pidió a la Secretaría de Gobernación, a través del secretario de jóvenes del Comité Ejecutivo Nacional del PRD, Sergio Leyva Ramírez,  que emitiera una sanción al semanario y lo retirara de la circulación.
El chiste se cuenta solo. Los mismos que hicieron un berrinche con el despido de Carmen Aristegui de MVS y se presumen defensores de la democracia y la libertad, quieren tumbar una publicación cuyo tiraje no llega a los setecientos mil y que ni siquiera tiene alcance nacional. Únicamente, por una crítica a la que no le faltaba razón.  

Lo curioso es que, además de la sanción que solicitó a la Segob, el señor Leyva Ramírez también solicitó a la Arquidiócesis Primada de México un debate público con el Cardenal Norberto Rivera, para debatir las propuestas de la agenda juvenil que impulsa su partido. Es decir, esa misma crítica que por un lado intentan desestimar, por otro lado le dan peso e importancia.

Tristemente, para la Iglesia es arriesgado aceptar esta invitación. La legislación actual prohíbe a cualquier grupo religioso hacer proselitismo político a favor o en contra de ningún candidato y aunque caminó al filo de la legalidad, su invitación a votar por "partidos y candidatos honestos, respetuosos de la vida y la dignidad humana, promotores de la solidaridad, capaces de una amplísima generación de ideas para el fomento del desarrollo integral y del servicio público como vocación, y no por quienes luchan por el poder lucrando con sus ilusiones", todavía los pone a salvo. Un debate directo con un representante de un partido le acarrearía a la Arquidiócesis más perjuicio que beneficio.


Lo cual es una lástima, porque desde mi perspectiva la Arquidiócesis debería tener todo el derecho a decir lo que piensa con absoluta libertad; igual que otros grupos, religiosos o no. La libertad de expresión no puede aplicarse sólo cuando nos conviene. O es universal, o no existe del todo. Así, en lugar de tener a dos grupos empantanados en una pesadilla de relaciones públicas que no resuelve nada, podríamos tener un debate abierto sobre los temas críticos para la juventud mexicana, que fue lo que inició todo este drama.