miércoles, 15 de agosto de 2018

Tren Maya

Al revisar los datos del INEGI y el maravilloso gráfico que su portal despliega al consultar el PIB Anual por entidad federativa, se hace evidente que tenemos dos Méxicos. Por un lado México del norte-occidente, que se desarrolla y crece por encima de la media nacional; ahí encontramos por ejemplo a Aguascalientes (con un crecimiento del 9.8% de su PIB), a Sonora (5.9%), Sinaloa (5.7%), o Jalisco (4.7%). Y por el otro lado el México del Sureste, que con trabajos crece (casos puntuales como Guerrero [2.1%] y Veracruz [0.7%]), o abiertamente retrocede, como es el caso de Oaxaca (-0.9%), Chiapas (-0.2), Tabasco (-5.9%) o Campeche (-5.4%) [Datos del 2016]
Por ello la implementación de proyectos productivos y de infraestructura que impulsen el desarrollo económico de la región es la mar de importante. Una nación solo es tan desarrollada como sus regiones más rezagadas. En la medida en la que podamos sacar adelante a nuestros hermanos del sureste mexicano, el país en su conjunto se fortalece.

López Obrador parece entenderlo así. Este lunes puso sobre la mesa algunos detalles de su propuesta de construir un ferrocarril turístico que conecte los puntos más atractivos de la península. Con mil quinientos kilómetros de vías, el llamado “Tren Maya” pasaría por cinco estados (Tabasco, Campeche, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo), quedaría terminado en cuatro años y según las propias cifras de López, costaría entre 120.000 y 150.000 millones de pesos.
Así a bote pronto, se escucha muy bonito. Es un proyecto ambicioso que permitiría que la derrama económica turística dejara de concentrarse en unos pocos puntos, volvería más atractiva la zona para los turistas y redituaría en desarrollo generalizado en la región. Pero ¿Funcionaría? ¿Y a qué costo?


La ruta recorre kilómetros de selva densa sobre la que será complicado (y costoso) construir; atraviesa los bosques tropicales protegidos de Calakmul y la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an
además de sitios arqueológicos prehispánicos que podrían verse afectados por los trabajos, así como humedales y ríos submarinos que podrían ceder sin previo aviso y multiplicar el costo de mantenimiento. 
Por si fuera poco, de concretarse la obra, habría destinos que no tendrían la capacidad de albergar el flujo esperado de visitantes. Bacalar, por ejemplo, tiene poca infraestructura turística (habitaciones de hotel). Y lugares como las ruinas de Calakmul hoy reciben tantos visitantes al año como los que llegan a Chichen Itza en una semana. Una de dos, o los destinos reconectados no pueden aprovechar al máximo el nuevo flujo de visitantes por falta de capacidad, o sencillamente no son lo suficientemente atractivos y el tren cae en desuso.

No digo que no sea un proyecto que me gustaría ver funcionando. Me encantaría. Lo que me preocupa es que parece que se habla del tema muy a la ligera. Andrés Manuel está decidido a comenzar la licitación desde el primer día de su mandato, aunque no hayamos visto nada de la viabildiad técnica de la ruta, ni el estudio de la demanda de un tren así, ni su tiempo de retorno de la inversión. 
Por poner un ejemplo comparable, el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que es de innegable y urgente necesidad, ha sido detenido, cuestionada su viabilidad técnica y calificado de "ecocidio extraordinarias dimensiones". Incluso se ha amenazado con la cancelación del mismo a pesar de que ya tiene más de 140,000 millones de pesos invertidos. ¿Por qué no se analiza con el mismo rigor la viabilidad del tren?
Por otro lado ¿No es cierto que se está invirtiendo en infraestructura en estados que tienen otra serie de problemáticas de fondo entorpeciendo su desarrollo? Chiapas, Oaxaca y Guerrero tienen los grados de escolaridad promedio más bajos, y la tasa de analfabetismo más alta del país. por ejemplo.

Un último apunte, nomás por no dejar. La ruta propuesta por el presidente electo termina en Palenque, Chiapas. ¿No es precisamente ahí donde AMLO tiene “La Chingada”, su célebre rancho? ¿Cuánto imagina que habrá subido el precio de sus 13 mil 341 metros cuadrados nomás con el anuncio de la construcción de dicho tren? Se lo dejo de tarea...

¿Qué es el Tren Maya? ¿Un verdadero proyecto de inversión a largo plazo que detona el desarrollo del país o un elefante blanco, un capricho que funciona como herramienta de imagen pública para el gobierno entrante?

miércoles, 8 de agosto de 2018

AMLO y Meade, lo bueno, lo malo y lo feo

Trascendió esta semana el desayuno que compartieron el virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade, su contendiente en el reciente proceso electoral. Luego del encuentro el futuro presidente compartió en sus redes sociales un video en donde se los ve a ambos juntos en un sillón, sonrientes. López le dedica unas palabras de elogio a Meade, hace un llamado a la unidad para conseguir la que llama “Cuarta Transformación” y el ex-candidato de la coalición Todos por México, cierra el mensaje únicamente para agradecerle a Andrés Manuel la invitación y desearle suerte.

A pesar de tratarse de un video de apenas minuto y medio, se trata de un mensaje muy rico para analizar por lo inusual del encuentro y porque en política forma es fondo.

Lo BUENO:
Andrés Manuel, el gobernante, hace bien en intentar una operación cicatriz con el resto de las fuerzas políticas del país y la ciudadanía que los cobija. No, no creo que necesite congraciarse con el PRIismo Institución, pero creo que sabe que su figura es polarizante y así como hay mucha gente que le da el espaldarazo, hay otra tanta que le rechaza sistemáticamente. Al acercarse a Meade y ser visto con él, endulza su imagen o se hace menos repelente frente a los más de nueve millones de votantes que consiguió la coalición Todos por México. Gana tiempo y que sus críticos le den el beneficio de la duda.
¿Por qué no hace lo mismo con Anaya? Probablemente no lo quizo hacer, o probablemente extendió la invitación y fue rechazado. Recordemos que el frentista fue mucho más crítico y combativo durante la campaña y que por tener un partido claramente definido, representa una postura más dura. Anaya no podía entregar esa postura si quería seguir trabajando como oposición y a Andrés Manuel no le interesaba demasiado porque iba a ganar poco. Pero esto último es mera especulación.

Lo MALO:
La política es un juego de equilibrios y si haces por acercarte a un extremo del espectro normalmente dejas descobijado el otro. La izquierda más recalcitrante, la de Fernandez Noroña y Paco Ignacio Taibo II, no vio con buenos ojos este intercambio de palabras amables. Para ellos está muy cercano al corazón y muy recientes las “calumnias” a Néstora Salgado, o el “Gasolinazo” y ven con malos ojos que haya un acercamiento con el régimen que juraron derrocar.
Lo hemos dicho, Andrés Manuel ha sido muy hábil para aglutinar a diferentes fuerzas políticas bajo su bandera prometiendole a algunos una cosa, a otros otra, según lo que la audiencia quería oír. Pero una cosa es la campaña y otra cosa es el ejercicio gubernamental. De nada le va a servir a López haber llegado a la presidencia si por servir a dos amos anda quedando mal con los dos.

Lo FEO:
Para quienes gustan de las teorías de conspiración, el video representa una evidencia más del supuesto pacto de Andrés Manuel con el priismo para conseguir la presidencia. Se rumiaba durante la camapaña, se hizo bastante evidente a la luz de los resultados (cuando el voto duro del PRI acabó bajo la bandera de López) y ahora, sostienen, se trata de pagar el apoyo conseguido.
Todo queda en supuesto. Lo que sí es muy evidente, querido lector, es que como ciudadano políticamente activo, enarbolar una causa hasta el extremo de entrar en discusiones y perder amistades es una soberana tontería y una prueba más de como la clase política nos manipula para hacernos creer que son importantes.
Se tiraron de todo durante la campaña, ahora desayunan juntos como grandes amigos (Meade hasta le habla “de usted” a López). ¿Usted, ya ha hecho las paces con quienes discutió acaloradamente durante la primera mitad del año?




miércoles, 1 de agosto de 2018

La batalla por los estados

Hoy se cumple un mes de la jornada electoral. Si, apenas un mes, aunque no le culpo si le ha parecido más tiempo. Las notas sobre la transición y el gobierno entrante han sido muchas, casi una detrás de otra y muy pocas han sido halagüeñas. Es sorprendente la cantidad de desgaste que Andrés Manuel y su equipo han sufrido en apenas treinta y un días. Así, a botepronto, no me viene a la cabeza un solo gobierno electo de nuestro país que haya lidiado con nada parecido. Hay que admitir, sin embargo, que Don Andrés no se ayuda. Si insistes en volverte el centro de la vida pública, que no te sorprenda ser también el centro de la crítica.
Tomemos como ejemplo su última ocurrencia: Las coordinaciones estatales.

La idea es, según López, sustituir con ellos a los delegados federales por secretaría, que hasta ahora cumplían funciones de gestión, seguimiento y asesoría de los programas federales en los diferentes estados, pero que no se entrometían en las labores estatales. El cambio viene, oficialmente, motivado por el plan de austeridad del gobierno entrante (es demasiada burocracia, alegan) y por su plan anticorrupción (es más fácil vigilar a uno que a varios, además de combatir la opacidad con la que se gastan los recursos federales los estados).

Los problemas con esta nueva figura son básicamente dos: 
  1. Centraliza el poder y pudiera vulnerar la autonomía de los estados y el Pacto Federal, 
  2. Por la responsabilidad que dichos coordinadores tendrán, pudiera no funcionar como se espera en temas de combate a la corrupción.
No entraré en temas de si se trata de una figura legal o no, con la mayoría en ambas cámaras, López puede conseguir el marco legal sin contratiempos, aunque hoy no exista.

Según la ha planteado el mismo presidente electo, la figura de los Coordinadores respondería en línea directa al presidente, no a las cabezas de las dependencias para las que trabajan. Serían designadas directamente por el titular del ejecutivo (de hecho, ya ha dado los 32 nombres) sin necesidad de autorización de ningún tipo, parecido a un segundo gabinete; y serían el medio de contacto para que los gobernadores se comunicaran con el ejecutivo federal.

Tal como está propuesta, la figura plantea un fuerte golpe para el federalismo y hasta para la democracia, podrían convertirse en un arma para negociar el Presupuesto de Egresos y de-facto, en vicegobernadores alineados al régimen al administrar y condicionar los fondos federales. ¿En dónde queda pues la elección y el poder del voto de los ciudadanos? 
Porque esa es otra, en la lista propuesta figuran contrincantes directos de gobernadores recién electos. ¿Se busca imponer a quienes no ganaron? ¿Y el hecho de que 19 de los postulados sean dirigentes estatales de Morena no tiene tampoco nada que ver, supongo?

Y en cuanto al combate a la corrupción. ¿Se ha contemplado con esta nueva figura que 32 personas tendrán a su cargo más de 155 mil 398 millones de pesos, según el presupuesto 2018? ¿Y la rendición de cuentas y la transparencia? Si combatir la corrupción fuera la intención, ¿No sería mejor empezar por alinear al 83% de los seis mil 500 programas federales que están sin reglas claras de operación o padrón de beneficiarios?

Por suerte, los peligros de esta nueva propuesta no han pasado inadvertidos. La Coparmex y Enrique Alfaro, gobernador electo de Jalisco, fueron los primero en alzar la voz tajantemente contra esta iniciativa a través de redes sociales. Alfaro pide, con toda razón, respeto al proyecto que encabeza y a la voluntad de los jaliscienses. Sería ideal que desde las gobernaturas que no le deben el cargo a Andrés Manuel se pudiera conformar algún tipo de frente para detener estas propuestas. En un sexenio donde los contrapesos parecen haber desaparecido, urgen algunos nuevos.


miércoles, 25 de julio de 2018

Por los demás... miembros del partido


Es indispensable, antes de empezar a discutir el fideicomiso “Por los demás”, entender por qué el tema es particularente relevante y por qué se le está dando tanta atención en la narrativa nacional. Se trata creo, de manejo de expectativas y de imagen proyectada y MORENA no tiene a nadie a quién culpar sino a sí mismos.
Las campañas de Andrés Manuel (las tres) se basaron, sobre todo, en su carisma personal y en la imagen que habilmente ha sabido cultivar de persona honesta, en contraste contra los políticos corruptos de siempre. “No mentir, no robar, no traicionar al pueblo” fue una máxima que repitió en incontables ocasiones. La gente que votó por él votó por ese cambio, por esa diferenciación. Y el fideicomiso, aún visto bajo la luz más favorecedora, es dolorosa evidencia de que esos principios no son regla general para todo MORENA, o no siempre aplican; por decir lo menos. Hay una disonancia congnitiva entre lo que esperábamos del candidato y lo que la realidad nos está presentando. Y eso es lo que genera la crisis (cuyo manejo además ha sido peor que malo).

La historia comienza luego de la tragedia que fue el sismo del 19 de septiembre del año pasado. Morena, a través de un video protagonizado por Andrés Manuel, entonces presidente del partido, anuncia la creación del fideicomiso “Por los demás” para asistir a los damnificados y apoyar en la reconstrucción. Así mismo, anunciaba la donación de la mitad del financiamiento público del partido para las campañas electorales de 2018 y encomiaba a funcionarios y legisladores del partido a donar la mitad de su salario. 

Es muy dificil argumentar que se trata de una cuenta privada, ajena y fuera de las atribuciones de fiscalización del INE. El fideicomiso se constituyó por acuerdo del Consejo Nacional de MORENA, fue publicitado en diferentes medios de comunicación y redes sociales por su precandidato y su comité técnico estaba enteramente formado por personajes con fuertes lazos al partido. Vaya, hasta su domicilio fiscal coincide con el del instituto político.
Pero aún suponiendo que no fuera así y que realmente se trate de entidades por entero separadas, una cuenta privada SI puede ser auditada por el INE. Investigaciones y sanciones como las del Pemexgate, Amigos de Fox y Monex fueron posibles gracias a la insistencia del entonces IFE, que venció cientos de recursos de particulares en tribunales para superar el secreto bancario y encontrar la evidencia que necesitaba. Ese argumento entonces, queda deshecho. Entidad separada o no, el INE tiene todo el derecho de investigarlo si el manejo le parece turbio. Y hay razones de sobra para considerar que el manejo ha sido menos que prístino. 



Al fideicomiso, reveló luego la Unidad Técnica de Fiscalización del INE, entraron 78.8 millones de pesos, de los cuales 44 millones se consideran de origen desconocido, pese a que el reglamento del INE declara impedidas para realizar aportaciones a personas no identificadas y a que el mismo contrato del fideicomiso especificaba que no permitiría depósitos en efectivo, precisamente porque era dificil identificarlos.
44% de esos 78.8 millones, ingresaron en un periodo de siete días, en tan solo 16 sucursales de Banco Afirme. En la sucursal San Ángel por ejemplo, el día 28 de diciembre, seis personas hicieron 28 operaciones consecutivas con depósitos de 50 mil pesos. Entregaron en total 1.4 millones de pesos en un lapso de 20 minutos. ¿Sabe por qué de 50 mil en 50 mil? Por que a partir de depósitos de 100 mil pesos la institución financiera te pedirá demostrar el origen de los recursos que estás despositando. Algo que, claramente, no querían hacer. ¿De dónde salió esa lana?
Nada de esto es irrelevante. Vuelvo a remitirme a las resoluciones que sancionaron al PRI por los casos Pemexgate y Monex. En ambos casos, los patrones, lapsos y cantidades se consideraron indicios muy importantes para llegar a la sanción final.

Aún más preocupante de cómo entró el dinero, está la cuestión de cómo salió. El dinero fue retirado via cheques de caja expedidos a 70 personas, 80% de ellas, dirigentes y candidatos de MORENA, haciendo imposible acreditar el destino final de los recursos. Y ahí entramos en una encrucijada. Si el dinero no llegó a los damnificados. ¿Dónde quedó y para qué se usó? De ahí sale la teoría de que se usó para financiar campañas electorales del partido.
Si, como explica MORENA, se les hizo finalmente llegar a los damnificados a la sazón de $2,400 pesos para cada persona de su censo, la problemática es que se haya repartido ese dinero, por miembros del partido, en plena encrucijada electoral. Fatal ¿No?

A eso súmele el montón de irregularidades, verdades a medias y mentiras completas que han plagado el proceso. Que si AMLO donó lo de sus libros (aunque no aparecen esos ingresos ante Hacienda), pero lo hizo a través de su mujer. Que MORENA como tal no entregó la mitad de los recursos de su campaña, como había prometido (de haberlos entregado el argumento de que se trata de una cuenta privada no fiscalizable se cae solo). Que si se trata de un complot vengativo de parte del INE (imposible, cuando consideramos que la Unidad Técnica de Fiscalización se guardó de hacer público el expediente y la sanción hasta después de las elecciones) entre otras muchas cosas.

En cualquier caso, cuando digo que la culpa completa se la lleva MORENA, me refiero a que, aún asumiendo todas sus buenas intenciones, un manejo verdaderamente transparente dando aviso a las autoridades pertinentes los hubiera sacado de cualquier apuro. De ser todo legal, aún hoy podrían hacer pública absolutamente toda la documentación y limpiarse ante la opinión pública. Y sin embargo, no lo han hecho. Es más, se negaron a una petición expresa.

El INE quizá se ha quedado corto en probar categoricamente un uso ilegal de los recursos, pero hay suficientes elementos como para poner en duda la integridad del fideicomiso y que la FEPADE abra un expediente de investigación. Más aún cuando la respuesta de los señalados ha sido la de cerrar las puertas, no la de colaboración con la justicia. ¿El que nada debe nada teme, no? 
La disonancia cognitiva seguirá agitando las aguas de la vida nacional un rato más. Con algo de suerte, será el choque eléctrico que el país necesitaba para percatarse de que no porque Andrés Manuel haya llegado al poder significa que hay que confiar ciegamente que las viejas prácticas han desaparecido y que la corrupción es cosa del pasado.

miércoles, 18 de julio de 2018

El de atrás paga...

La curiosidad natural por saber qué es lo que va a implementar el nuevo gobierno una vez que llegue al poder ha acaparado la sección de noticias de los principales diarios del país durante todo el mes. Este espacio, por ejemplo, ha dedicado a ello sus dos últimas entradas. Es natural. Se trata de un régimen distinto (al menos en el discurso, si miramos el fondo las diferencias son menos claras) al que siempre ha gobernado. Además de ser la primera vez que un gobierno de izquierda/centro-izquierda se instalará en el país.

No debemos olvidar, sin embargo, que buena parte del análisis de lo que pueda o no hacer Andrés Manuel al frente del ejecutivo tendrá que pasar por las condiciones del país que recibió el primero de diciembre. Y hoy esas condiciones dieron una vuelta de tuerca que no deberíamos dejar pasar.

México registró esta semana ante la Comision de Valores de Estados Unidos, una emisión de deuda por hasta diez mil millones de dólares, con la precisión de que se requieren para “propósitos generales del gobierno, incluyendo refinanciación, recompra o retiro de endeudamiento local o externo”
Ante tan endeble justificación (literalmente pedir prestado a un bolsillo para tapar el agujero del otro) uno no puede dejar de recordar la terrible tradición priista del “Año de Hidalgo” (Y chin-chin el que deje algo) porque a cuatro meses de que concluya la actual administración y con todo mundo ocupado en las tareas de la transición, se antoja muy complicado que se vaya arrancar o apuntalar algún proyecto de infraestructura o similar. Corremos el riesgo de que nos desaparezcan la lana pues.

El equipo de transición de Andrés Manuel deberá ser especialmente cuidadoso con el tema de la deuda externa, porque la administración actual ha sido un absoluto desastre en ese rubro. En el sexenio actual la deuda del sector público federal pasó de 33.8 por ciento por ciento del PIB con la que inició en 2012 a 46.4 por ciento del PIB al cierre de 2017. La razón principal, coinciden los analistas, es que este gobierno gasta más de lo que recauda (¡nombre, unos genios! sic Pepe Meade). 
Según el reporte de la BBC “¿Cuánto deben los países de América Latina?” de enero pasado, México es el segundo país de la región con la mayor deuda pública. Nos tocaría apoquinarle 2 mil 827 dólares por piocha.


Como nación, aún conservamos buenas calificaciones internacionales por la prontitud de los pagos, lo que es bueno porque implica que la gente sigue dispuesta a invertir en México. Pero también es cierto que esos pagos que hacemos tan en tiempo, se van en su mayoría a cubrir intereses, no el grueso de la deuda. Y eso es preocupante. 
Mientras AMLO hace maromas y numeritos para reducir el gasto y reduce subsecretarías, la deuda pública le representarán un gasto anual de 713 mil 842 millones de pesos en puros intereses, los más altos desde 1990. ¿Será que está contando centavos y descuidando los pesos?

Si vamos a exigirle responsabilidad fiscal al gobierno entrante, haríamos bien en demandársela al saliente. La aritmética básica es una musa exigente e inflexible y con ella nadie puede pasarse de listo. Si el régimen que entra no tiene margen de maniobra con las cuentas públicas, su plan de gobierno (por más descabellado que sea) tendrá un handicap injusto. Por el bien de México, hay que procurar que eso no suceda. ¿O seguiremos recurriendo a la mexicanísima frase "el de atrás paga"?

miércoles, 11 de julio de 2018

Consecuencias

A semana y media del día de la elección y mientras se asienta el polvo levantado durante la contienda y nos permite ver sus resultados. ¿Qué pasó? ¿Qué aprendimos? ¿Quién fue el ganador y por qué?. En base a las noticias que leo y escucho, a tomarle el pulso a las redes sociales y a las opiniones de gente que le sabe al tema, sostengo que pasaron dos cosas el pasado primero de julio:

La primera, un voto masivo con el estómago de parte de una población harta de la indolencia de la cúpula política frente a los escándalos de influyentismo, la corrupción y la vida difícil que lleva la población. Con más de 30 millones de votos, Andrés Manuel supo capitalizar eso para alzarse con la victoria y convertirse en el presidente más votado de la historia del país.

Todo esto es obvio, pero ¿por qué digo que se trató e un voto con el estómago? Pues porque en medio ese enojo y a través de la insistencia de López en votar parejo por Morena, se entronó al partido como primera fuerza en ambas cámaras y se le dio el respaldo del voto a personajes pintorescos, por decir lo menos. La lógica indicaría que, de no haberse tratado de un voto indiscriminado y a ciegas, nunca se hubiera entregado de esa manera el poder.

Para muestra un botón: Ahí está, como ganador de una diputación local de San Luis Potosí, Pedro César Carrizales Becerra, alias el Mijis. El caballero, de 39 años, era reconocido pandillero, ahora está supuestamente reformado y desde hace quince años es trabajador del Movimiento Popular Juvenil, agrupación que procura por los jóvenes de barrios peligrosos de San Luis y les orienta para evitar el crimen y el pandillerismo. 

El problema es que su perfil público contrasta mucho con algunas notas periodísticas. Se le acusa de haber herido a balazos a cuatro personas apenas en 2011. ¿No que se había reformado hace quince años, pues? Además tiene antecedentes de robo, allanamiento y daños a terceros.


En cualquier otra circunstancia que no hubiera sido la particular coyuntura historica que vivimos estas elecciones, su victoria hubiera sido, quiero creer, mucho más complicada.

La segunda situación que noto, es un gigantesco acto de gatopardismo de parte de Andrés Manuel. Lejos de romper con el modelo anterior, Andrés asume el manto y se dispone a administrarlo, a cooptar las estructuras de operación política del PRI y operarlas cambiándoles el nombre. Él, que supo venderse como la alternativa a una “mafia del poder” para ganar adeptos y votos, demuestra, a través de entrevistas a su equipo de trabajo y en menos de 72 horas, que el “cambio verdadero” pudiera no ser tal: 

El precio de la gasolina seguirá subiendo, no habrá cambios drásticos en materia de seguridad (es más, se integra al equipo a Manuel Mondragón, quien fuera Comisionado de Seguridad Nacional con Peña Nieto), no se prevén cambios en al reforma energética, el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México se seguirá construyendo, no habrá investigación a las acusaciones de currupción del presidente saliente… Y así una larga lista de promesas de campaña que van cayendo aún antes de que AMLO tome posesión. 

¿Qué va a pasar con la gente que votó enojada, con el estómago y convencida de que Andrés Manuel representaba un cambio? ¿Qué va a pasar con esa gente que la noche del primero de julio salió eufórica al zócalo convencida de que se venía la Cuarta Transformación? Para Andrés Manuel va a ser dificil, si no es que imposible, volver a contener esa euforia, esa expectativa creada. Si no lo consigue, no tendrá a nadie a quien culpar sino a él y a sus casi dos décadas de campaña ininterrumpida.

Habrá que estar atentos a las consecuencias de uno y otro efecto de esta elección. Porque como no se vea oposición organizada en la esfera política, tocará a la esfera ciudadana tomar esa estafeta. Mucho ojo.

miércoles, 4 de julio de 2018

Tenemos presidente electo

En mi primera entrada “post-electoral” quiero empezar felicitando y agradeciendo al más de millón y medio de mexicanos que, dándonos ejemplo de civismo y responsabilidad democrática, fungieron como funcionarios de casilla el pasado primero de julio, así como a todos aquellos que salieron de sus casas para ejercer su derecho al voto. Cuando veo las imágenes de ciudadanos libres y comprometidos que, desde las regiones más remotas del país, hacen esfuerzos enormes para atravesar lo intransitable y entregar los paquetes electorales de sus comunidades, me queda claro que mi país entiende la importancia de vivir en democracia y comparte la emoción de, entre todos, elegir su rumbo. Esa parte de la tarea está hecha, creo, y eso me llena de esperanza.

Habiendo dicho eso, toca la espinosa tarea de hablar del resultado y de nuestro virtual presidente electo: Andrés Manuel López Obrador.


Tengo sentimientos encontrados al respecto a los resultados del domingo. 
Por un lado, me encuentro con la agradable posibilidad de un PES que pierde su registro, de un PRI disminuído en ambas cámaras y subrepresentado, de más mujeres en el Senado, y de la despenalización de la siembra, trasiego y uso lúdico de la marihuana como primer propuesta de la próxima secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero. 
Por el otro, veo que el presidente y su coalición tienen mayoría absoluta en ambas cámaras y buena parte de los congresos locales (darle el poder absoluto a quien sea nunca es motivo de celebración), que se instalarán en San Lázaro 52 diputados de un partido de ultra-derecha como el PES, que personajes como Cuahutemoc Blanco o Sergio Meyer tendrán cargos que no merecen y para los que no están en absoluto preparados, que aquí en Jalisco dejamos fuera del Senado a Kumamoto por meter a Maria Antonia Cárdenas, técnica en taquimecanografía que como diputada plurinominal de Morena jamás presentó una sola iniciativa de ley.

Y en el centro de todos estos sentimientos está el mismo Andrés Manuel. Las dudas que me generaba antes de la elección siguen ahí y siguen válidas. Mucha de su política es un absoluto misterio, porque jamás se decantó por nada en su intento de apelar a la mayor cantidad de personas posibles (ahí está su alianza con el PES, el aeropuerto de la ciudad de México o la Reforma Energética). Su personalidad caudillista, aunada a la avasalladora victoria en el legislativo, pudiera poner en riesgo el México de instituciones que mucho trabajo ha dado ir construyendo y que es todavía obra inacabada y vulnerable. Además por mi convicción política y económica, me parece que su visión de izquierda le hace daño al país.

¿Qué le toca, pues a este espacio de opinión y qué nos toca como ciudadanos, tengamos o no simpatía por Andrés Manuel? 

Primero que nada, asumir el resultado y conceder la victoria sin regatear nada. Somos demócratas, habló la mayoría y eso tiene que respetarse. El proceso que ahora entrona a López fue idéntico al que lo dejó fuera las dos veces anteriores. Seamos congruentes pues y demos cátedra de vida en democracia. Es, si se le quiere ver así, cachetada de guante blanco: legitimizar esta elección es legitimizar las otras dos.

En segunda instancia vigilar y exigir. Alzar la voz cuando nos parezca que el actuar del nuevo presidente traiciona los derechos básicos a la vida, a la libertad y a la propiedad privada. Educarnos y educar a los que nos rodean para construir una ciudadanía que vaya más allá de cruzaboletas cada seis años, sino que participe y se involucre todos los días.

A 12 años de hostilidad política, de insultos, de descalificaciones de Andrés Manuel, el México que no lo eligió le responderá con clase y sin regatearles nada, pero también sin hacer concesiones.
López hizo muchas propuestas que no suenan mal y que por su vaguedad son ampliamente interpretables. ¿A quién no le gustaría que desapareciera la corrupción, por ejemplo? ¿O el ahorro de 500 mil millones de pesos anuales? ¿O la eliminación del fuero y los diputados plurinominales? Tiene seis años, la mayoría en las cámaras, cero excusas y una expectativa creada enorme que no dejaremos que olvide.

Exijamos sin miedo, burlémonos del poder si hace falta con ese humor tan característico que el mexicano usa para señalar y quitarle el filo a sus desgracias. Y si alguien reclama, recuérdeles que durante seis años reventamos a Peña y a los suyos y que, sin afán de resentimiento ni revancha, se le exige más al que puede más.