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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Embarrados de caca(o)

Uno de los mayores éxitos de esta administración ha sido el convencer a la población de que, realmente, la corrupción en las altas esferas gubernamentales es cosa del pasado; que nunca más se repetirá un Odebretch, una Casa Blanca, una Estela de Luz. Esto, a pesar de la aplastante evidencia de que el nido de ratas sigue ahí, incrustado como un tumor maligno, hambriento y en constante crecimiento.

La evidencia más clara de este tumor la podemos ver en las magnas obras insignia de este gobierno: la refinería de Dos Bocas, Tabasco; el tren turístico en la península de Yucatán, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en Santa Lucía, Edo. de México. No solo son proyectos que nunca devolverán un solo peso a las arcas públicas, inviables desde una perspectiva técnica y financiera, sino que, ahora sabemos, están plagadas de capitalismo de cuates.
Por ponerle un ejemplo, entre 966 contratos que otorgó el Ejército para la construcción del aeropuerto de Santa Lucía: hay empresas fantasma, compañías investigadas por desvíos de recursos y operaciones que se antojan como mera fachada para negocios turbios. Siete de cada diez de estos contratos fueron por adjudicación directa, los otros tres invitando a sólo tres personas; ninguno por licitación.

Días después de que Loret de Mola hiciera pública esta información, el presidente declaró como “Asunto de Seguridad Nacional” las obras, ocultándolas del ojo y escrutinio público, blindándolas contra el legítimo derecho de la ciudadanía al amparo. Digan lo que quieran de Lord Montajes, pero “Cuando el río suena, es que agua lleva” y también “El que nada debe, nada teme”

Sus programas sociales son otro magnífico ejemplo. Hablamos hace casi dos años de la importancia del establecimiento de reglas de operación claras y transparentes para garantizar el funcionamiento positivo de los programas. Estas aún brillan por su ausencia. En su momento Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad emitió un informe de la infame ordeña de recursos que era “Jóvenes Construyendo el Futuro”.
También es bien sabido que “el programa de reforestación más grande del mundo”, “Sembrando Vida” en realidad genera un incentivo perverso para deforestar, aplicar al programa y cobrar el estipendio por “reforestar”. El Universal realizó una cruza de información y resultó que de 5 mil 142 parcelas inscritas al programa en Quintana Roo casi la mitad están en zonas catalogadas como selva por el mapa de usos de suelo del INEGI. Se la arrebataron a la naturaleza por dinero.

Esta misma semana nos enteramos también, a través de un artículo publicado por CONNECTAS y otras agencias noticiosas, que en el diseño y promoción de “Sembrando Vida” beneficia directamente a Hugo Chávez Ayala, amigo de la familia López Obrador y socio de negocios de Chocolates Rocío, la empresa de los hijos del presidente.
A través del programa se impulsó el cultivo de cacao en Tabasco, a pesar de que la comunidad no escogió ese cultivo y que no se hizo estudio técnico alguno para ver la viabilidad del grano en la zona.
En el contexto de la pandemia, Hugo Chávez Ayala vendió dos millones de semillas a técnicos del programa y pequeños productores de la sierra de Tabasco aseguraron sentirse comprometidos a vender el producto de los árboles de Sembrando Vida, a su empresa: Agrofloresta Mesoamericana.
Hasta el arranque del programa, la producción de el cacao en Tabasco era reducida. De 2013 a 2021, en casi una década, solamente se aumentaron 82 hectáreas de cacaotales. La inversión para sembrar nuevas plantaciones, multimillonaria y de incierto resultado. Nada de eso preocupó al Sr. Chávez Ayala, que a través del dinero de millones de mexicanos, va a ver incrementada su fortuna por obra y gracia de la presente administración.

E insisto, la reacción del presidente de desprestigiar a la investigación periodística, lejos de disipar las sospechas, parecen más bien confirmarlas.
¿Qué hace falta pues, para que el grueso de la población se entere que seguimos profundamente hundidos en el mismo pantanal de corrupción y caca(o) que en sexenios anteriores?



miércoles, 30 de octubre de 2019

Reglas de Operación

Parte de ser una ciudadanía responsable es marcar nuestra propia agenda: prestarle atención y discutir los asuntos que a cada uno le parezcan relevantes de manera que podamos construir nuestras propias narrativas y no nos vengan a imponer una desde afuera para avanzar sus agendas. El ejercicio constante y consciente de esta práctica es una defensa muy eficaz contra cajas chinas y cortinas de humo. Leemos y recibimos las noticias sí, pero tenemos la capacidad de filtrarlas y poner el dedo donde nos interesa, de preferencia en temas que agreguen valor. En ese tenor, hagámosle un favor a nuestros hígados y olvidémonos un poco de la agenda que nos quieren dictar desde la mañanera: del presidente imitando el balido de una oveja, o de su “Tengan, para que aprendan” mientras nos muestra imágenes del ejército moviendo tierra en Santa Lucía. Hablemos del que será el Presupuesto de Egresos de la Federación, que ya va tomando forma.

El Proyecto de Presupuesto presentado para 2020 tiene similitudes con el del año en curso. Uno: Hay una multimillonaria partida (402 mil millones de pesos) para los programas sociales y subsidios gubernamentales insignia del gobierno morenista (Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vida, pensión para personas con discapacidad, Producción para el Bienestar y becas para estudiantes de Educación Media Superior, por nombrar algunos). Y dos: Ninguno de esos programas tiene Reglas de Operación (ROP), un conjunto básico de disposiciones que precisen la forma de operar del programa, para lograr los niveles esperados de eficacia, eficiencia, equidad y transparencia. Es decir, la lana se aplica a ciegas y sin que tengamos la certeza de que están generando los beneficios prometidos, ni de medir estos beneficios.

El más perjudicado, aunque no lo parezca, es el propio presidente. Sin medir el impacto de sus programas con datos duros no tiene manera de tomar decisiones sobre los mismos, ni de presumir los logros que pudieran producirse con ellos. La ausencia de ROP también hace sus programas vulnerables a la corrupción, con la que (supuestamente) tiene guerra declarada. 

Reglas de Operación claras podrían evitarle disgustos como el que le proporcionó Mexicanos Contra la Corrupción, que con una auditoria al programa Jóvenes Construyendo en la Ciudad de México determinó que los padrones de becarios y empleadores presentaban información improbable, incompleta e inverificable. Y que entre los más de 5,439 centros de trabajo registrados sólo 413 (7.6%) tenían becarios.
Reglas de Operación podrían proteger nuestros bosques, asegurándose de que no se repita un caso como el de Veracruz, en donde la población misma taló áreas arboladas que ya existían con tal de les dejaran entrar al programa y recibir el subsidio.
Reglas de Operación le evitarían la vergüenza al presidente de tener a diez superdelegados (personajes que designó el mismo para administrar los programas en los diferentes estados) con denuncias ante la Secretaría de la Función Pública por mal manejo de los recursos y uso irregular (electoral) de los programas. (Para los morbosos, se trata de los funcionarios de Aguascalientes, Chihuahua, Chiapas, Colima, Guanajuato, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora y Jalisco.)

Total, que por todos lados le convendría a la presente administración detenerse un momento a redactar esos lineamientos. A menos claro, que el objetivo real de los programas no sea el bienestar y que el destino de los recursos no sea la población. Entonces sí conviene dejarlo todo como está.


miércoles, 28 de marzo de 2018

Cambridge Analytica

Parte del encanto de la ciencia ficción es explorar qué tipo de mundo imagina cada autor para el futuro. Los hay quienes opinan que el avance tecnológico será deshumanizante, que nos volverá insensibles y agrandará las brechas entre quienes tengan acceso a la tecnología y quienes no puedan permitírsela. Otros presentan universos utópicos, donde el avance científico ha resuelto todos los problemas del planeta, permitiéndonos avanzar y transformarnos en una sociedad verdaderamente libre. 
Sin embargo, como las obras de ciencia ficción suelen estar ambientadas tantos años en el futuro, a veces se nos olvida que el resultado de esas sociedades depende de las elecciones de sus individuos. Aún hoy, con cada interacción, regulación e intercambio tecnológico, estamos construyendo esa futura utopía (o distopía). Se nos olvida que tenemos poder de elegir y por eso el caso de Cambridge Analytica y Facebook es importante. 

Empecemos hablando de la red social. Aún si la usas sólo ocasionalmente, habrás visto la infinidad de páginas que ofrecen divertimientos curiosos. “¿Qué personaje de Los Vengadores serías?” “¿Por qué te vas a volver famoso?” “¿Cómo te verás dentro de 40 años?” Se trata de pequeñas aplicaciones que interactúan con Facebook para ofrecerte un resultado aleatorio normalmente jocoso y te invitan a compartirlo con tus amigos. Para ello, lo primero que hacen apenas accedes a la página es solicitar acceso a tus datos personales para poder correr la aplicación. Error. 

Ronda en internet la frase “Si no estás pagando por ello, no eres el cliente, eres el producto” y eso jamás había tenido más importancia que ahora, en donde toda nuestra información personal está cargada en perfiles convenientemente digitalizados que nosotros mismos actualizamos con regularidad. Le damos acceso a un gigante corporativo a un mapa de nuestros gustos, nuestras relaciones, nuestros trayectos y rutinas e ilusamente esperamos que todo ello permanezca a salvo y tan privado como queramos… pero luego le damos permiso a terceros de usar esa información sólo porque queremos saber “¿Cuál es tu animal espiritual?” Mal vamos. 

¿Y quién usa esa información? ¿A quién podría interesarle? 
Presentamos Cambridge Analytica, una empresa que se dedica a la asesoría en temas de comunicación estratégica para la iniciativa privada, pero también para políticos en campaña. Analizando información del electorado, pueden encontrar la manera más efectiva de “cambiar el comportamiento de la audiencia” para conseguir el resultado que quieren. Según su propia web, han trabajado en campañas políticas en los cinco continentes y fueron “decisivos” en la pasada elección en Estados Unidos y en la consulta al Brexit en Reino Unido. 

Esta compañía obtuvo, a partir de una pequeña aplicación como las que plagan Facebook, los datos de 50 millones de usuarios; porque cada persona que entraba a la aplicación entregaba no sólo sus datos, sino los de todos sus contactos. El sistema es absolutamente leonino, como lo es también lo que se hace con esos datos. 

Habiendo recibido la información Cambridge Analytica tiene la capacidad de armar perfiles psicológicos de cada usuario, clasificarlos y diseñar el contenido tema y tono de cada mensaje casi de manera personalizada para manipular su intención de voto y maximizar el alcance de su campaña. ¿No tienen contenido interesante? No importa. El CEO ha sido captado, a través de una cámara oculta, ofreciendo manufacturar información falsa, montar escenarios para desacreditar candidatos y hasta tentar con mujeres a diferentes políticos para desatar el escándalo. “No tiene que ser verdad, sólo tiene que ser creíble” 


Nos ha tocado vivir una revolución tecnológica en muchos sentidos. Se ha avanzado más en la última década que en los cien años anteriores. Las decisiones que tomemos hoy con respecto a nuestra relación con la tecnología probablemente definirán si nuestro futuro es una brillante utopía tecnológica, o una distopía gris y triste. Un buen primer paso podría ser conocer a fondo los términos y condiciones de los “servicios” que “gratuitamente” se ofrecen por Internet y que día a día utilizamos; aprender a decidir por nosotros mismos hasta qué punto las redes sociales son una herramienta y hasta donde un peligro y mantenerlas bajo constante observación. A raíz del escándalo otras grandes empresas ya han borrado su presencia de Facebook. Vaya, el mismo Playboy desactivó su cuenta tras considerar que "Las guías de contenido y políticas empresariales de Facebook siguen contradiciendo nuestros valores" Ya para que una revista para caballeros diga eso… 

En fin es una sugerencia. Tomar conciencia y actuar en consecuencia es una pequeña manera de construir, a través de la responsabilidad individual ese futuro que a todos nos gustaría tener con la tecnología.

miércoles, 24 de febrero de 2021

De la ASF y otras instituciones autónomas.

Mucho hemos hablado y recalcado en este espacio la importancia de gozar de instituciones sólidas y un sistema de equilibrios que mantengan equilibrado el poder. Al principio de esta semana, cuando la Auditoría Superior de la Federación (ASF) publicó los resultados de 1,523 auditorías que realizó al Gobierno Federal únicamente correspondientes a 2019, se hizo evidente por qué.

La ASF es un órgano autónomo que fiscaliza la cuenta pública, es decir, todo el manejo de recursos públicos federales, independientemente de quién lo maneje o administre. Incluso si eres un particular que funge únicamente como proveedor gubernamental, si se te paga con fondos públicos estás sujeto a la vigilancia de la ASF.

Es una de esas instituciones que nació en la terrible “época neoliberal”, en sustitución de la Contaduría Mayor de Hacienda con la intención de asegurarse que el Gobierno no fuera al mismo tiempo juez y parte. Y la verdad no lo ha hecho mal. Por ella nos enteramos de los escandalazos de la Estafa Maestra, la Casa Blanca y la Estela de Luz.

A lo que vamos entonces ¿Qué encontró la ASF en las auditorías que realizó apenas durante el primer año de la presente administración? En corto, irregularidades que alcanzarían los 67 mil 498 millones de pesos en diferentes programas y proyectos de la cuarta transformación.
Con pelos y señales (si se me permite la expresión coloquial): Empleos fantasma, becarios de más de 29 años e incluso fallecidos que seguían cobrando en “Jóvenes Construyendo el Futuro”. 75 millones de pesos por aclarar en la construcción de Dos Bocas, que comenzó a construirse sin estudios de impacto ambiental y que con toda probabilidad no estará lista en 2022 como se había prometido. Obstáculos a la libre competencia en la nueva modalidad de compra consolidad para las instituciones de salud y ningún ahorro comprobable. 44 mil 364 millones de pesos es que las instituciones públicas de la Federación gastaron de manera irregular (y otro tanto de aportaciones federales que Estados y Municipios no pudieron acreditar). Además de la flagrante negativa a colaborar con las auditorías de parte de la Secretaría de la Función Pública de Irma Eréndira Sandoval. Ya saben, ese organismo que sí depende y le reporta al presidente y que se supone que tiene el encargo de combatir la corrupción.

Al gobierno federal todo esto claramente le caló y ni tardo ni perezoso salió el presidente en su mañanera a desmentir y minimizar con el ya clásico y cansino “Yo tengo otros datos”, en particular sobre la piedra angular del reporte de la ASF: el cálculo del sobrecosto de cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de Santa Lucía en Texcoco, que estimó en 330 mil millones de pesos, en lugar de los 100 mil millones que había pronosticado el Gobierno.

Ojo al dato, porque son números ridículamente grandes. Quizá le convenga pensar en ellos en relación a otros escándalos muy sonados. Según la ASF, cancelar el NAICM salió en el equivalente a 2,364 casas blancas de EPN; o a 47,500 Estafas Maestras, por la que tienen detenida a Rosario Robles, o 135 años de pagarles su pensión a ex presidentes, o 520 Pemex-gates, de los de Lozoya y Odebrecht. ¿Alcanzamos a dimensionar mejor de cuánto estamos hablando?

Las instituciones sólidas, los contrapesos, la fiscalización y los organismos de control son nuestros aliados, mexicanos. Son un un bozal y un “estatequieto” para cualquier gobierno, guinda o de cualquier otro color. Por lo mismo, me parece terrible que, bajo fuerte presión gubernamental, la ASF haya cedido y admitido públicamente que a la mejor había tenido “errores metodológicos”. Significa que el poder la alcanzó y que una herramienta poderosa con la que contábamos para mantener al poder a raya desde hace años (y que dio resultados palpables) está ahora en entredicho.

No dejemos que esta ola de pura narrativa (porque así gobierna Andrés Manuel, con saliva) desmonte y distraiga el legítimo reclamo de que todo esto se esclarezca y se transparente al 100% ¿No era esa la bandera de este gobierno?


miércoles, 19 de mayo de 2021

Mi voto en Zapopan

Después de algún análisis, he finalmente definido mi voto para elegir al próximo presidente municipal de Zapopan. Llegado el 6 de junio, voy a apoyar a Juan José Frangie Saade.

Como en otras ocasiones, y para elecciones en otros niveles de gobierno, me parece útil exponer aquí mis razones detrás de la decisión. No es mi intención hacerle propaganda al candidato, sino exponer mi razonamiento, los criterios que he utilizado y cómo los he ponderado, de tal manera que puedan servirle a otros como hoja de ruta o ejemplo para cumplir con la encomienda democrática más básica: El voto razonado.

Empiezo por una brevísima descripción de la alcaldía en disputa, como telón de fondo y contexto para el análsis de las opciones en la boleta. Zapopan es el municipio más poblado de la Zona Metropolitana de Guadalajara, y con 1,47 millones de habitantes es el séptimo más poblado de México (datos del censo 2020). Es el municipio con mayor PIB per cápita y el mejor Índice de Desarrollo Humano del estado y está en el top 50 del país. Alrededor de un tercio de la población se emplea en la industria y en la manufactura y empresas del calibre de Sabritas, Intel, Bimbo, Flextronics, Motorola, Jaguar y Coca Cola tienen instalaciones aquí. Es también el municipio con el mayor grado de escolaridad del estado.
A lo que voy es: Zapopan es importante demográfica y económicamente. Desde 1995 ha gozado de cierta alternancia política repartida entre Acción Nacional y el Revolucionario Institucional y más recientemente (2015) Movimiento Ciudadano, apoyado por el enorme impulso a nivel estatal que le dio la figura de Enrique Alfaro. Es esta alternancia relativa y los periodos de estabilidad entre cada cambio de gobierno, acompañado de una ciudadanía activa y comprometida, lo que le ha permitido irse construyendo como un motor del estado.

A esta elección, se presentan ni más ni menos que nueve candidatos, de los que podemos descartar con cierta confianza a seis, que no alcanzan, de manera realista a tres semanas de la elección, una masa crítica de intención del voto para ganar. Los que verdaderamente están en carrera son tres: El morenista Alberto Uribe, Juan José Frangie Saade por Movimiento Ciudadano, y José Pedro Kumamoto, con su partido “Futuro”.

Este último es para mi la gran decepción de la carrera. Después de su victoria en 2015 como candidato independiente y francamente buen trabajo como diputado local, su campaña fallida en 2018 para ocupar un espacio en el Senado pareció desencantarlo de la via independiente y empujarlo a la formación de su propio partido político local: Futuro. Lo que significó un quiebre importante con posturas que había abanderado previamente, como #SinVotoNoHayDinero.
En general nunca compartí sus ideas políticas, que tienden hacia la izquierda. Reconozco que los múltiples documentos en su página de internet detallando sus iniciativas en Seguridad, Desarrollo Económico y Medio Ambiente están magníficamente documentados y son señal de que él y su equipo entienden los problemas, pero sus soluciones todas pasan por engrosar al Estado y generar estructuras artificiales alrededor de la actividad económica que la entorpecen y limitan. Si han leído otras entradas en este espacio, sabrán que nunca he comulgado con esas iniciativas, desafortunadamente parecen ser ya el común denominador.
Aunado a eso, a últimas fechas y quizá en un intento desesperado por recuperar terreno, Kumamoto viene desarrollando una campaña que me parece preocupante. Cierto, la aparición de una cabeza de cerdo en una hielera con un mensaje de amenaza debería investigarse, pero agarrarlo de motor para culpar a sus “adversarios” porque “son capaces de lo que sea” para tratar de detener “a la honestidad, la decencia y la sensibilidad” que ellos representan porque según sus números “están en primer lugar” (cuando todas las encuestas los sitúan en un lejano tercero, tal vez cuarto) es un discurso que ya escuchamos en boca de ya saben quien, con los pésimos resultados que ya todos conocemos. Réquiem por un referente disruptivo en la escena política nacional.

Pasemos a Morena; y a su abanderado Alberto Uribe, quien lleva hoy la ventaja en las encuestas. Su vida entera la ha dedicado al servicio público. Ya fue presidente municipal de Tlajomulco de Zúñiga y para estas elecciones, Zapopan no era su primera opción, prefiriendo Guadalajara o volver a comperir por Tlajomulco, según una nota de El Informador. En fin, que es viejo lobo de mar; político de cepa acostumbrado a nadar aguas turbulentas y acomodarse donde haya hueso. La negociación por su candidatura la hizo con las cabezas de Morena, partido que lo arropa desde 2018 (si, es chapulín), por lo que su independencia o libertad para actuar fuera del esquema morenista está en duda. Y francamente, con los resultados que está teniendo Morena al frente del país y de otras demarcaciones, me preocupa.
Es el único del que no pude encontrar página de internet con sus propuestas concretas y por escrito. Las notas periodísticas recogen generalidades “más obra pública e infraestructura” y “triplicar el presupuesto para proteger el Bosque de la Primavera”, sugerencia que seguramente soltó en respuesta a los graves incendios recientes en ese pulmón de toda la ZMG. No es ni nuevo, ni esperanzador. Es el político de siempre y hay que mandar el mensaje que ese tipo de candidatos ya no tienen cabida en nuestro sistema político.

Y finalmente Frangie. Contrario al morenista, el candidato emecista ha pasado casi toda su vida en la iniciativa privada y nunca nunca antes ha sido contendiente a un puesto de elección popular. Este perfil del “hombre nuevo” (o relativamente nuevo) me interesa impulsarlo, me interesa mandar el mensaje de que se requiere un cambio de sangre y no los mismos cartuchos quemados. Frangie es también, con una Maestría en el IPADE, el que me parece más preparado de los tres. Su única labor pública ha sido precisamente en Zapopan, como Jefe de Gabinete durante los últimos cinco años, por lo que su eventual ocupación de la presidencia municipal sería similar a un ascenso empresarial natural.
Ya estas características lo hacen, para mi, el más deseable de los tres: No es una persona que viva del presupuesto, tiene las tablas necesarias y está enterado de las problemáticas en el municipio por haber vivido en medio de ellas en una posición privilegiada.
Detesto a su partido y sus propuestas son genéricas y también engrosan al estado, pero ofrece cierta continuidad. A falta de una mejor opción, prefiero concentrarme en lo positivo del perfil y acordarme de que mi participación como ciudadano no acaba con cruzar una boleta, sino con exigirle al ganador.

Y usted, querido lector, lectora. ¿Ya sabe por quién va a votar?



jueves, 3 de noviembre de 2022

Brasil y México, democracias en riesgo.


Me preocupa grandemente el futuro de la democracia como sistema político en México y en Latinoamérica. Me preocupa que lo que nuestros padres y abuelos construyeron con sudor y sangre lo estemos dejando ir lenta, pero inexorablemente, por el drenaje. Temo que nos haya quedado grande la etiqueta de ciudadanos y la responsabilidad de cuidar el único esquema que nos permitía incidir en el rumbo de nuestros países. Veo lo que está pasando en Brasil, y me da ñáñaras pensar que algo así podría, muy posiblemente, darse en México en 2024.

El domingo hubo elecciones en Brasil. No envidio a los brasileños, ambos candidatos eran pésimas opciones. Bolsonaro es el incendiario radical de ultraderecha, que pinta cualquier alternativa como un ataque a las libertades individuales y a los valores familiares y que pretende obtener legitimidad utilizando a Dios, alegando algún tipo de misión divina, diciendo que Lula tiene un pacto con el demonio y otra sarta de tonterías. Aderezaba además sus arengas con una peligrosa dosis de escepticismo a las autoridades electorales.

Lula es el caudillito de izquierdas. Igual de populista e ideologizado, pero que busca su legitimidad en la voluntad de un “pueblo” que sólo él puede interpretar y poner en acción. Su postureo es igual de rastrero que el de su rival, sugiriendo que el actual presidente es practicante del canibalismo y la zoofilia. Envuelve su discurso, como cualquier zurdito, en ese pasado más próspero que los malos empresarios y políticos corruptos le robaron al país. En su caso, el discurso viene con matices. Por un lado, ya fue presidente con moderado éxito de 2003 a 2011 en un contexto internacional mucho más favorable, así que sus palabras vienen con una carga adicional de nostalgia y con algo de “evidencia”. Por otro lado, tiene gracia que hable de corrupción cuando él mismo fue condenado en 2017 a 12 años de prisión por este delito y la única razón por la que la sentencia fue anulada fue por defectos procesales.

De ese infame nivel las papuérrimas opciones y la conversación política en el país carioca.

Lo hemos dicho antes en este espacio. En un mundo globalizado, complejo e incierto; incluso hostil en algunos aspectos, e inescrutable para el grueso de la población, que sólo se siente en control de lo más cercano que rodea su vida y sus necesidades más inmediatas, la tentación de buscar a un “hombre fuerte” que nos venga a defender es gigantesca y así entregamos nuestro voto en blanco a cualquier impresentable. Que discursos polarizantes como los de Lula y Bolsonaro en Brasil tengan eco y funcionen, es obra exclusiva del miedo de la ciudadanía al “otro”.

La democracia requiere de ciudadanos libres, que tomen en sus manos el destino del país, que formen comités, que trabajen con sus representantes locales y se articulen para ejercer presión e ir construyendo perfiles con los que se pueda trabajar y encontrar acuerdos, para luego elevarlos y considerarlos para posiciones nacionales.
De otro modo se polarizan los discursos hasta resultar discusiones de parvulario y se pierden las propuestas y cualquier intención de progreso.

Pongamos nuestras barbas a remojar, mexicanos. Porque así como están nuestros hermanos brasileños podríamos encontrarnos nosotros en menos de dos años. El campamento guinda ya está, desde el gobierno, dándole con todo al golpeteo a nuestro sistema electoral, acusando fraude dos años antes de una elección que aún ni candidatos tiene, pidiendo urnas electrónicas más vulnerables que el conteo físico. Muy atentos, aferrémonos a nuestra democracia con ambas manos y defendámosla, porque mucho sospecho que será el gran dilema moral de nuestra generación. No hay otra alternativa, ni es una lucha que podamos dejar a nuestros hijos.